Cuentos:Habíaunavez

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Habíaunavez


HabíaUnaVez

 

Por Hugo F. M. Otero

UN CUENTO PARA NIÑOS

Lo llamaban "Habíaunavez" y era un cuento para niños. Vivía en un hermoso y enorme palacio donde sus moradores no tenían problemas y siempre estaban felices, lo que no era así para él.

Habitaba en un obscuro y polvoriento estante de la inmensa biblioteca que estaba ubicada en el centro del palacio, se había convertido en un cuento triste y olvidado. La razón de sus males se debía a que ya ningún mayor quería contarlo, como tampoco ningún niño deseaba escucharlo, pues todos lo conocían de memoria. Su único vecino y además amigo en ese vacío y frío armario, era un diccionario gordo y viejo que todo lo sabía y fue él, quien le había contado una de esas eternas noches heladas de invierno, que fuera del palacio existían cientos, perdón miles, disculpen millones de niños que se sentirían felices de leerlo o escucharlo a la hora de dormir en la dulce voz de sus mamás.

Las mágicas palabras del patriarcal amigo diccionario lo mantenían vivo en esa olvidada repisa, mientras pasaba los días, meses y años soñando con la ilusión de que algún huésped o viajero de otras tierras que de tanto en tanto llegaba de visita leyera sus amarillentas páginas olvidadas.

Así transcurrieron largos siglos de calvario para el pobre "Habíaunavez" acompañado siempre de su eterno amigo diccionario. Hasta que un día escuchó la voz de un pequeño, la que no conocía y extrañado y ansioso, preguntó a su obeso y viejo amigo, quien como todo lo sabía le respondió sin dudar.

Es un niño huérfano, único pariente de una anciana criada del palacio a quien el Rey ha concedido permiso para que el pequeño visite el castillo, en premio a los años de ser servido por la mujer lealmente, y sabiendo que el pequeño vive en un orfanato, pensó que de esta manera alegraría su desdichada vida.

Concluido el relato, que había sido escuchado atentamente por "Habíaunavez", éste exclamó suspirando. ¡ Dios, sí ese niño supiera donde estoy y quisiera leerme!

Por esas cosas del destino y de este cuento y porque todos los niños son curiosos, algo sucedió.

Mario, así se llamaba el niño, entró en la biblioteca, y al verlo "Habíaunavez" quedó petrificado de la emoción. En ese mismo instante una corriente de aire originada al abrir el niño la puerta fue aprovechada por el pícaro, gordo y viejo sabio diccionario quién, cayendo sobre su querido amigo con todo el lomo hizo que éste asombrado aun por la sorpresa de ver al pequeño, perdiera su equilibrio yendo a dar contra el piso.

El estruendo que produjo la caída de "Habíaunavez" atrajo la atención del chiquillo, el niño huérfano reclinándose tomó el libro y el cuento pareció tomar vida en ese instante.

El calor de las manos de un chico era lo que necesitaba "Habíaunavez" sus hojas recuperaron el brillo de su primera impresión y su tapa brillaba con el resplandor que emitían las doradas letras de su título.

El rey entro en la biblioteca y sorprendió al niño con el libro en la mano. Viendo que se trataba de "Habíaunavez" interrogó al niño preguntándole. - ¿Te gustaría leer este libro? El niño no atinó a pronunciar palabra mientras el Rey continuó hablando. - Puedes quedarte con él, es un cuento para niños, pero aquí ya no lo leemos pues todos lo conocen de memoria. Desde ese instante "Habíaunavez" fue leído y contado a cientos, perdón miles, disculpen a millones de niños del mundo.

Cuento original de Hugo F. M. Otero Don Bosco, (Buenos Aires) ARGENTINA

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