Cuentos:Inocencia

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Inocencia


Milagro: INOCENCIA
Ian Welden


En una ciudad donde las casas multicolores cuelgan de las monta√Īas cual adornos de √°rbol de Navidad y los barcos de todo el mundo llegan a descansar, naci√≥ la bella Inocencia.

La ciudad se llama Valparaíso y queda en un país llamado Chile, ahí donde termina el mundo. Donde vuelan aves gigantes llamadas cóndores y donde la naturaleza un día enloqueció y mezcló desiertos ancestrales con valles verdes alucinantes, mares testarudos y cordilleras solitarias, vientos impertinentes y hielos que se estiran hasta caerse del planeta.

Al nacer, su padre y su madre se dieron cuenta que hab√≠an recibido una ni√Īita muy especial. No s√≥lo era bella como una piedra de luna, sino tambi√©n inteligente y emprendedora. Y con una sonrisa tan graciosa que todos los g√ľag√ľitos de Valpara√≠so se enamoraban de ella.

Su padre trabajaba cargando y descargando pesad√≠simas cajas en el puerto. Los barcos de la China tra√≠an t√© e hierbas dulces y fragantes. Los de √Āfrica llegaban con diamantes y los de Madagascar tra√≠an telas bordadas con oro y plata que los pol√≠ticos y pijes chilenos compraban para sus esposas.

Valparaíso enviaba toneladas de cobre al resto del mundo, vinos exóticos y frutas dulces y olorosas a lejanos reinos misteriosos.

La madre de Inocencia, Consuelo, se ganaba unas monedas haciendo vestidos y lavando ropa. Ella subía y bajaba las empinadas y eternas escalas que unían a todos los cerros de la ciudad, las cimas y el mar, acarreando las compras y visitando a sus comadres.

En el patio de la casita de madera y adobe había un gallinero con gallinas ponedoras y gallos que se sacaban las crestas a picotazos.

Cuando Inocencia cumpli√≥ cuatros a√Īos de edad, ayudaba su madre a degollar gallinas, desplumarlas y hacer cazuela de aves con papas y arroz para los cumplea√Īos. Inocencia se escond√≠a en el ba√Īo a llorar por las gallinas y su destino, y enterraba los restos en la tierra y le pon√≠a peque√Īas cruces de palo.

Inocencia comenz√≥ a ir al colegio a los cinco a√Īos de edad. Su padre le regal√≥ un bols√≥n de cuero olorocito a novedad. Era su orgullo. Era adem√°s el √ļnico bols√≥n de cuero de verdad. Los otros ni√Īos llevaban mochilas de tela y pl√°stico, de colores chillantes y con letras y dibujos extranjeros. Algunos llevaban bolsas de g√©nero, sucias, y a Inocencia le daba pena.

Le gustaba ir al colegio y era buena alumna. Pero le gustaba m√°s ir al puerto a mirar los buques de pa√≠ses tan extra√Īos: China, India, Dinamarca... Y las tripulaciones multicolores, amarillos como el azafr√°n, oscuros como el t√©, blancos como el papel. Y se acercaba su padre, color t√© con leche, sudando y cansado, y la levantaba de la cintura y le daba un besito en la frente.

Vagaba alucinada por la ciudad. Sub√≠a y bajaba a saltitos los cientosesentaydos pelda√Īos de la magistral Escala Cienfuegos, m√°s larga que la Muralla China, pensaba. Y en cada escal√≥n se deten√≠a unos segundos para intentar descifrar el fen√≥meno de la cercan√≠a y la distancia. Mientras m√°s alto trepaba, m√°s peque√Īa se ve√≠a la La Iglesia de San Francisco. ¬ŅPor qu√© ser√≠a?

Los domingos despu√©s de misa, se iba a la ciudad sola. Disfrutaba de su propia compa√Ī√≠a. Entraba a un mundo m√°gico donde la vida y los objetos pod√≠an manipularse a gusto. Caminaba incansablemente por los cuarentaycinco cerros y cerras de Valparaiso y aprend√≠a sus nombres de memoria, y divagaba como en un sue√Īo surrealista: "Cerra la Cruz, hembra d√≥cil y amable. V√≠ctima de la fechoria de las crucifixiones la pobrecita". "Cerro Lechero, macho sonriente, vacas y toros deambulan rumiando tranquilamente, vacas regalando leche tibia a los seres humanos". "Cerro C√°rcel, h√≠brido, no quiero ver, no quiero mirar! debo seguir caminando..." "Cerra Alegre, hembrita peque√Īa como yo..." Y jugaba con la Cerra Alegre y volaba con el Cerro Mariposas.

En los muros de los recovecos de la ciudad encontró una inscripción misteriosa: "se pelan bebés". Inmediatamente sacó su tarrito de pintura celeste y escribió "también se beben pelas". En otro muro decía "la fuente de la imaginación es la locura". A lo que ella agregó "y yo me lavo los pies en la fuente".

Inocencia iba a pasear por las playas, mirar a los pescadores. Se sorprendía ante la inscripción "limpiada de pescados es a conciencia suya...". La econtraba tan enigmática pero no se atrevía a escribir su respuesta inmediata ("y su conciencia es un pescado limpio"). Iba revisando a las pobres bestias marinas expuestas al calor y al oxígeno. Peces verdes de estómagos blancos, peces rosados de estómagos marrones y agallas como alitas lisiadas, peces azules cuyas escamas brillaban como diamantes viejos y opacos. Y todos con sus ojos y bocas abiertos, todos agonizando así como había agonizando su abuelo, el Tata. O como soldados que se han rendido a la muerte y a la guerra.

A veces lograba hacer maniobras ilícitas y se subía a los ascensores mágicos, carritos de fierros asmáticos que se quejaban de dolor de espalda. Desde ahí podía ver a la ciudad haciéndose chica, grande, chica... grande... hasta que caía en un sopor agradable, y finalmente se dormía.

Entonces alg√ļn t√≠o o padrino o vecina la tomaba en brazos y sub√≠a con ella cien pelda√Īos y la depositaba sana y salva en manos de sus padres. Y las gallinas hac√≠an sus cl√≥-cl√≥-cloes y los gallos sus ki-kiri-kies y la mano dulce de la noche cubr√≠a Valparaiso.

E Inocencia so√Īaba con la resurecci√≥n de todas las gallinas y gallos que hab√≠a degollado.

Ian Welden DINAMARCA Nac√≠ en la otrora tranquila ciudad de Santiago de Chile en 1948. Mi infancia feliz consisti√≥ en trepar a los maravillosos bellotos y sauces de mi barrio para inspeccionar nidos y huevos de misteriosas aves; enamorarme de cuanta ni√Īita encontraba a mi paso y escribir y dibujar cuentos y c√≥mics. La adolescencia me sorprendi√≥ siendo un estudiante que jam√°s estudiaba pero que ganaba todos los concursos de cuento y poes√≠a del Liceo n√ļmero cinco de hombres, Jos√© Victorino Lastarria. Estudi√© publicidad, artes pl√°sticas y comunicaci√≥n de masas en la Universidad T√©cnica de Santiago y en 1974 organiz√© mi mochila con lo estrictamente necesario y vol√© a buscar consuelo donde mi madre patria, la maravillosa ciudad de Barcelona. Un a√Īo mas tarde camin√© hasta Escandinavia, Copenhague, donde desempaqu√© y clav√© para siempre mi bandera chilena. En realidad toda mi vida me la he pasado escribiendo, haciendo gr√°fica y componiendo m√ļsica, pero jam√°s he publicado. En Dinamarca trabaj√© en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja Danesa. Entre otras labores, escrib√≠ "tomos" de poemas y relatos acerca del destino de refugiados de casi todos los pa√≠ses del mundo. Coleccion√© tambi√©n sus escritos e historias e hice una exposici√≥n de mis artes gr√°ficas acerca de la guerra civ√≠l en Yugoeslavia ("GUERRA MUNDIAL TERCERA FASE"). Ahora ya viejo, descanso en los banquitos de las plazas de La Calle Larga de Valby (Valby es mi barrio en Copenhague); visito por las noches el Caf√© Cir√© y escribo estos "milagros". Por qu√© "milagros"...? Ian Welden

Valby, Copenhague.

ian.welden@mail.dk

Fotograf√≠a de Maritza √Ālvarez

Villa Alemana, Chile

maritza_alvarez_vargas@hotmail.com

Cuento original de Ian Welden, 2009.


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