Cuentos:La Cerra Errante

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La Cerra Errante


Milagro: La Cerra Errante
Para mis hijitas Helene y Sidsel

Ian Welden, 2009.


Hab√≠a una vez un pa√≠s por ah√≠ al final del mundo donde los cerros y las cerras despertaban en las noches y celebraban sus cumplea√Īos milenarios y sus aniversarios de bodas. Sin embargo cuando el sol se reitraba a sus cuartos, satisfecho de su diaria labor, y las estrellas fugaces comenzaban sus itinerarios estrafalarios por el universo, una cerra muy joven lloraba r√≠os de tristezas y soledades.

Nadie sab√≠a por qu√© lloraba. ¬ŅSer√≠a alg√ļn amor perdido? ¬ŅO un dolor m√°s poderoso a√ļn, como la muerte? ¬ŅO la vida?

Durante el d√≠a, estos seres camale√≥nicos dorm√≠an profundamente y so√Īaban con tiempos muy lejanos. Por ejemplo cuando Ad√°n y Eva paseaban de la mano por sus faldeos o los d√≠as en que sus antepasados los volcanes hab√≠an establecido una violenta tiran√≠a de fuego sobre el naciente planeta Terra.

Cuando el sol sal√≠a a trabajar por las ma√Īanas, amables pastores llevaban a sus reba√Īos de ovejas a alimentarse con los jugosos pastos de los cerros y las cerras; maestros ense√Īaban a sus estudiantes a filosofar, aprender matem√°ticas y pintar, y ni√Īos con sus madres a cuestas jugaban a besarse.

Pero la cerra errante no hab√≠a dormido en cien a√Īos. Y as√≠ como lloraba en las noches, viajaba de d√≠a por los parajes del pa√≠s buscando, siempre buscando, sin saber qu√© era lo que buscaba.

Descendi√≥ a las entra√Īas de la tierra donde se encontraban las ra√≠ces blancas ya muy d√©biles pero a√ļn vivas de sus padres. Ah√≠ se qued√≥ algunos d√≠as escuchando sus palabras de aliento y consuelo

"Eres tan joven, cerrita querida. Tienes miles de a√Īos por delante e incontables aventuras maravillosas por vivir".

"¬ŅMiles de a√Īos para qu√©? ¬°Si al final voy terminar en una oscura caverna como √©sta!" contest√≥ desconsolada, alej√°ndose de esa vejez inv√°lida con enormes l√°grimas cayendo sobre sus faldeos.

Subi√≥ a la cima del mundo, ah√≠ donde las nobles monta√Īas canosas se confund√≠an con la nubes. Ah√≠ donde c√≥ndores gigantescos volaban con los √°ngeles y las rebeldes tormentas de hielo se emanciparon del sol.

"Míranos a nosotras, cerrita errante, somos viejas pero felíces..."

Atormentada por la vejez y profundamente desgraciada, se arrastró hasta llegar a los silenciosos desiertos. La tumba de los cerros y cerras la recibió sin contestar. Sin respuestas. Ahí encontró a la nada. Ahí ni siquiera el diablo se atrevía a entrar.

"La total falta de sentido en la absurda existencia de las cosas" se dijo a si misma.

Huyó despavorida a buscar una respuesta donde las frescas y fértiles colinas. Las encontró bailando bajo un cielo tan azul que hacía doler el alma. Sus juventudes tan vitales hacían palidecer de envidia a toda la creación.

"Bailar y amar! La juventud es eterna; hemos vencido a la muerte!".

Hastiada de tanta ignorancia y arrogancia se acord√≥ de los dulces seres humanos y se fu√© a buscarlos, encontr√°ndolos en uno de sus buc√≥licos pueblecitos rodeados por otras cerras y cerros parecidos a ella. Ah√≠ durmi√≥ quinientos a√Īos y tuvo un sue√Īo revelador.

So√Ī√≥ que despertaba a una realidad espeluznante. Hombres y mujeres la hab√≠an cercado con rejas de fierro. Cubrieron su lomo verde y suave con cemento y clavaron hirientes letreros de ne√≥n y sem√°foros en su j√≥ven cuerpo. Tambi√©n hab√≠an construido monstruosas y pesad√≠simas torres de acero y vidrio, y veh√≠culos de cuatro ruedas y motores que emit√≠an ruidos estridentes y gases venenosos la cruzaban de un lado para otro sin descanso d√≠a y noche. Ya no hab√≠an √°rboles y el cielo era una mazamorra negra.

Los humanos habían cambiado. Se habían transformado en seres violentos, codiciosos y tramposos. Y hacían guerras entre ellos destruyendo todo lo construido, con armamentos salidos del mismo infierno, para luego hacer largas reuniones donde se repartían a la cerrita como si fuera un viejo manto ensangrentado y sagrado...

Al despertar de su pesadilla de quinientos a√Īos se encontr√≥ atrapada de verdad, tal como en su sue√Īo. Seres malignos y crueles se la disputaban ferozmente como si fuera un trofeo.

S√ļbitamente, un sentimiento desconocido invadi√≥ a la cerra desde las entra√Īas del planeta. Sus ra√≠ces, antes d√©biles y sin arraigo se hicieron poderosas y potentes de sabidur√≠a y naturaleza. Su vagar errante la hab√≠a llenando de sentido y sabidur√≠a, de vida. Y se estremeci√≥ con tal fuerza que edificios y letreros y rejas cayeron hechos a√Īicos y los hombres y mujeres corrieron espantados sin poder encontrar refugio.

Los cerros y cerras vecinos, también prisioneros e invadidos, se unieron a ella con solidaridad, causando un terremoto devastador en todo el viejo y noble país.

Ahora la cerrita vive feliz en un campo lleno de otras cerras y cerros, colinitas, montes y monta√Īas. Y los seres humanos han calmado su agresividad y codicia y suben a los faldeos amablemente, como antes, con sus ni√Īos y sus viejos, a disfrutar del dulce aroma verde del planeta Terra.

Ian Welden DINAMARCA Nac√≠ en la otrora tranquila ciudad de Santiago de Chile en 1948. Mi infancia feliz consisti√≥ en trepar a los maravillosos bellotos y sauces de mi barrio para inspeccionar nidos y huevos de misteriosas aves; enamorarme de cuanta ni√Īita encontraba a mi paso y escribir y dibujar cuentos y c√≥mics. La adolescencia me sorprendi√≥ siendo un estudiante que jam√°s estudiaba pero que ganaba todos los concursos de cuento y poes√≠a del Liceo n√ļmero cinco de hombres, Jos√© Victorino Lastarria. Estudi√© publicidad, artes pl√°sticas y comunicaci√≥n de masas en la Universidad T√©cnica de Santiago y en 1974 organiz√© mi mochila con lo estrictamente necesario y vol√© a buscar consuelo donde mi madre patria, la maravillosa ciudad de Barcelona. Un a√Īo mas tarde camin√© hasta Escandinavia, Copenhague, donde desempaqu√© y clav√© para siempre mi bandera chilena. En realidad toda mi vida me la he pasado escribiendo, haciendo gr√°fica y componiendo m√ļsica, pero jam√°s he publicado. En Dinamarca trabaj√© en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja Danesa. Entre otras labores, escrib√≠ "tomos" de poemas y relatos acerca del destino de refugiados de casi todos los pa√≠ses del mundo. Coleccion√© tambi√©n sus escritos e historias e hice una exposici√≥n de mis artes gr√°ficas acerca de la guerra civ√≠l en Yugoeslavia ("GUERRA MUNDIAL TERCERA FASE"). Ahora ya viejo, descanso en los banquitos de las plazas de La Calle Larga de Valby (Valby es mi barrio en Copenhague); visito por las noches el Caf√© Cir√© y escribo estos "milagros". Por qu√© "milagros"...? Ian Welden

Valby, Copenhague.

ian.welden@mail.dk

Fotograf√≠a: Maritza √Ālvarez

Villa Alemana, Chile

maritza_alvarez_vargas@hotmail.com

Cuento original de Ian Welden. Invierno 2009.


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