Cuentos:El Lino

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El Lino

Cuento de Hans Christian Andersen


El Lino

El lino estaba florido. Ten√≠a hermosas flores azules, delicadas como las alas de una polilla, y a√ļn mucho m√°s finas. El sol acariciaba las plantas con sus rayos, y las nubes las regaban con su lluvia, y todo ello le gustaba al lino como a los ni√Īos peque√Īos cuando su madre los lava y les da un beso por a√Īadidura. Son entonces mucho m√°s hermosos, y lo mismo suced√≠a con el lino. - Dice la gente que me sostengo admirablemente -dijo el lino¬ćy que me alargo much√≠simo; tanto, que hacen conmigo una magn√≠fica pieza de tela. ¬°Qu√© feliz soy! Sin duda soy el m√°s feliz del mundo. Vivo con desahogo y tengo porvenir. ¬°C√≥mo vivifica el sol, y c√≥mo gusta y refresca la lluvia! Mi dicha es completa. Soy el ser m√°s feliz del mundo entero. - ¬°S√≠, s√≠, s√≠! -dijeron las estacas de la valla-, t√ļ no conoces el mundo, pero lo que es nosotras, nosotras tenemos nudos -y cruj√≠an lamentablemente: Ronca que ronca carraca, ronca con tes√≥n. Se termin√≥ la canci√≥n. - No, no se termin√≥ -dijo el lino-. El sol luce por la ma√Īana, la lluvia reanima. Oigo c√≥mo crezco y siento c√≥mo florezco. ¬°Soy dichoso, dichoso, m√°s que ning√ļn otro! Pero un d√≠a vinieron gentes que, agarrando al lino por el copete, lo arrancaron de ra√≠z, operaci√≥n que le doli√≥. Lo pusieron luego al agua como para ahogarlo, y a continuaci√≥n sobre el fuego, como para asarlo. ¬°Horrible! ¬ęNo siempre pueden marchar bien las cosas -suspir√≥ el lino.- Hay que sufrir un poco, as√≠ se aprende¬Ľ. Pero las cosas se pusieron cada vez peor. El lino fue partido y roto, secado y peinado. √Čl ya no sab√≠a qu√© pensar de todo aquello. Luego fue a parar a la rueca, ¬°y ronca que ronca! No hab√≠a manera de concentrar las ideas. ¬ę¬°He sido enormemente feliz! -pensaba en medio de sus fatigas-. Hay que alegrarse de las cosas buenas de que se ha gozado. ¬°Alegr√≠a, alegr√≠a, vamos!¬Ľ -. As√≠ gritaba a√ļn, cuando lleg√≥ al telar, donde se transform√≥ en una magn√≠fica pieza de tela. Todas las plantas de lino entraron en una pieza. - ¬°Pero esto es extraordinario! Jam√°s lo hubiera cre√≠do. S√≠, la fortuna me sigue sonriendo, a pesar de todo. Las estacas sab√≠an bien lo que se dec√≠an con su Ronca que ronca, carraca, ronca con tes√≥n. La canci√≥n no ha terminado a√ļn, ni mucho menos. No ha hecho m√°s que empezar. ¬°Es magn√≠fico! S√≠, he sufrido, pero en cambio de m√≠ ha salido algo; soy el m√°s feliz del mundo. Soy fuerte y suave, blanco y largo. ¬°Qu√© distinto a ser s√≥lo una planta, incluso dando flores! Nadie te cuida, y s√≥lo recibes agua cuando llueve. Ahora hay quien me atiende: la muchacha me da la vuelta cada ma√Īana, y al anochecer me riega con la regadera. La propia se√Īora del Pastor ha pronunciado un discurso sobre m√≠, diciendo que soy el lino mejor de la parroquia. No puede haber una dicha m√°s completa. Lleg√≥ la tela a casa y cay√≥ en manos de las tijeras. ¬°C√≥mo la cortaban, y qu√© manera de punzarla con la aguja! ¬°Verdaderamente no daba ning√ļn gusto! Pero de la tela salieron doce prendas de ropa blanca, de aquellas que es incorrecto nombrar, pero que necesitan todas las personas. ¬°Nada menos que doce prendas! - ¬°Mirad! ¬°Ahora s√≠ que de m√≠ ha salido algo! √Čste era, pues, mi destino. Es espl√©ndido; ahora presto un servicio al mundo, y as√≠ es como debe ser; esto da gusto de verdad. Nos hemos convertido en doce, y, sin embargo, seguimos siendo uno y el mismo, somos una docena. ¬°Qu√© sorpresas tiene la suerte! Pasaron a√Īos, ya no pod√≠an seguir sirviendo. - Alg√ļn d√≠a tendr√° que venir el final -dec√≠a cada prenda-. Bien me habr√≠a gustado durar m√°s tiempo, pero no hay que pedir imposibles. Fueron cortadas a trozos y convertidas en trapos, por lo que creyeron que estaban listos definitivamente, pues los descuartizaron, estrujaron y cocieron (¬°qu√© s√© yo lo que hicieron con ellos!), y he aqu√≠ que quedaron transformados en un hermoso papel blanco. - ¬°Caramba, vaya sorpresa! ¬°Y sorpresa agradable adem√°s! -dijo el papel-. Soy ahora m√°s fino que antes, y escribir√°n en m√≠. ¬°Las cosas que van a escribir! √Čsta s√≠ que es una suerte fabulosa -. Y, en efecto, escribieron en √©l historias maravillosas, y la gente escuchaba embobada su lectura, pues eran narraciones de la mejor √≠ndole, de las que hacen a los hombres mejores y m√°s sabios de lo que fueran antes; era una verdadera bendici√≥n lo que dec√≠an aquellas palabras escritas. - Esto es m√°s de cuanto hab√≠a so√Īado mientras era una florecita del campo. ¬°C√≥mo pod√≠a ocurr√≠rseme que un d√≠a iba a llevar la alegr√≠a y el saber a los hombres! ¬°A√ļn ahora no acierto a comprenderlo! Y, no obstante, es verdad. Dios Nuestro Se√Īor sabe que nada he hecho por m√≠ mismo, nada m√°s que lo que ca√≠a dentro de mis humildes posibilidades. Y, con todo, me depara gozo tras gozo. Cada vez que pienso: ¬ę¬°Se termin√≥ la canci√≥n!¬Ľ, me encuentro elevado a una condici√≥n mejor y m√°s alta. Seguramente me enviar√°n ahora a viajar por el mundo entero, para que todos los hombres me lean. Es lo m√°s probable. Antes daba flores azules; ahora, en lugar de flores, tengo los m√°s bellos pensamientos. ¬°Soy el m√°s feliz del mundo! Pero el papel no sali√≥ de viaje, sino que fue enviado a la imprenta, donde todo lo que ten√≠a escrito se imprimi√≥ para confeccionar un libro, o, mejor dicho, muchos centenares de libros; pues de esta manera un n√ļmero infinito de personas podr√≠an extraer de ellos mucho m√°s placer y provecho que si el √ļnico papel original hubiese recorrido todo el Globo, con la seguridad de que a mitad de camino habr√≠a quedado ya inservible. ¬ęS√≠, esto es indudablemente lo m√°s satisfactorio de todo -pens√≥ el papel escrito -. No se me hab√≠a ocurrido. Me quedo en casa y me tratan con todos los honores, como si fuese el abuelo. Y han escrito sobre m√≠; justamente sobre m√≠ fluyeron las palabras salidas de la pluma. Yo me quedo, y los libros se marchan. Ahora puede hacerse algo positivo. ¬°Qu√© contento estoy, y qu√© feliz me siento!¬Ľ. Despu√©s envolvieron el papel, formando un paquetito, y lo pusieron en un caj√≥n. - Cumplida la misi√≥n, conviene descansar -dijo el papel-. Es l√≥gico y razonable recogerse y reflexionar sobre lo que hay en uno. Hasta ahora no supe lo que se encerraba en m√≠. ¬ęCon√≥cete a ti mismo¬Ľ, ah√≠ est√° el progreso. ¬ŅQu√© vendr√° despu√©s?. De seguro que alg√ļn adelanto; ¬°siempre adelante! Un d√≠a echaron todo el papel a la chimenea, pues iban a quemarlo en vez de venderlo al tendero para envolver mantequilla y az√ļcar. Hab√≠an acudido los chiquillos de la casa y formaban c√≠rculo; quer√≠an verlo arder, y contemplar las rojas chispas en el papel hecho ceniza, aquellas chispas que parec√≠an correr y extinguirse una tras otra con gran rapidez - son los ni√Īos que salen de la escuela, y la √ļltima chispa es el maestro; a menudo cree uno que se ha marchado ya, y resulta que vuelve a presentarse por detr√°s. Y todo el papel formaba un mont√≥n en el fuego. ¬°Qu√© modo de echar llamas! ¬ę¬°Uf!¬Ľ , dijo, y en un santiam√©n estuvo convertido todo √©l en una llama, que se elev√≥ mucho m√°s de lo que hiciera jam√°s la florecita azul del lino, y brill√≥ mucho m√°s tambi√©n que la blanca tela de hilo. Todas las letras escritas adquirieron instant√°neamente un tono rojo, y todas las palabras e ideas quedaron convertidas en llamas. - ¬°Ahora subo en l√≠nea recta hacia el Sol! -exclam√≥ en el seno de la llama, y pareci√≥ como si mil voces lo dijeran al un√≠sono; y la llama se elev√≥ por la chimenea y sali√≥ al exterior. M√°s sutiles que las llamas, invisibles del todo a los humanos ojos, flotaban seres min√ļsculos, iguales en n√ļmero a las flores que hab√≠a dado el lino. Eran m√°s ligeros a√ļn que la llama que hablan producido, y cuando √©sta se extingui√≥, quedando del papel solamente las negras cenizas, siguieron ellos bailando todav√≠a un ratito, y all√≠ donde tocaban dejaban sus huellas, las chispas rojas. Los ni√Īos sal√≠an de la escuela, y el maestro, el √ļltimo de todos. Daba gozo verlo; los ni√Īos de la casa, de pie, cantaban junto a las cenizas apagadas: Ronca que ronca, carraca, ronca con tes√≥n. ¬°Se termin√≥ la canci√≥n! Pero los min√ļsculos seres invisibles dec√≠an a coro: - ¬°La canci√≥n no ha terminado, y esto es lo m√°s hermoso de todo! Lo s√©, y por eso soy el m√°s feliz del mundo. Mas esto los ni√Īos no pueden o√≠rlo ni entenderlo, ni tienen por qu√© entenderlo, pues los ni√Īos no necesitan saberlo todo.

 

Cuento original de Hans Christian Andersen


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