Cuentos:El Patito Feo

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El Patito Feo

Cuento de Hans Christian Andersen


El Patito Feo

¬°Qu√© lindos eran los d√≠as de verano! ¬°Qu√© agradable resultaba pasear por el campo y ver el trigo amarillo, la verde avena y las parvas de heno apilado en las llanuras! Sobre sus largas patas rojas iba la cig√ľe√Īa junto a algunos flamencos, que se paraban un rato sobre cada pata. S√≠, era realmente encantador estar en el campo. Ba√Īada de sol se alzaba all√≠ una vieja mansi√≥n solariega a la que rodeaba un profundo foso; desde sus paredes hasta el borde del agua crec√≠an unas plantas de hojas gigantescas, las mayores de las cuales eran lo suficientemente grandes para que un ni√Īo peque√Īo pudiese pararse debajo de ellas. Aquel lugar resultaba tan enmara√Īado y agreste como el m√°s denso de los bosques, y era all√≠ donde cierta pata hab√≠a hecho su nido. Ya era tiempo de sobra para que naciesen los patitos, pero se demoraban tanto, que la mam√° comenzaba a perder la paciencia, pues casi nadie ven√≠a a visitarla. Al fin los huevos se abrieron uno tras otro. ‚Äú¬°Pip, pip!‚ÄĚ, dec√≠an los patitos conforme iban asomando sus cabezas a trav√©s del cascar√≥n. -¬°Cuac, cuac! -dijo la mam√° pata, y todos los patitos se apresuraron a salir tan r√°pido como pudieron, dedic√°ndose enseguida a escudri√Īar entre las verdes hojas. La mam√° los dej√≥ hacer, pues el verde es muy bueno para los ojos. -¬°Oh, qu√© grande es el mundo! -dijeron los patitos. Y ciertamente dispon√≠an de un espacio mayor que el que ten√≠an dentro del huevo. -¬ŅCreen acaso que esto es el mundo entero? -pregunt√≥ la pata-. Pues sepan que se extiende mucho m√°s all√° del jard√≠n, hasta el prado mismo del pastor, aunque yo nunca me he alejado tanto. Bueno, espero que ya est√©n todos -agreg√≥, levant√°ndose del nido-. ¬°Ah, pero si todav√≠a falta el m√°s grande! ¬ŅCu√°nto tardar√° a√ļn? No puedo entretenerme con √©l mucho tiempo. Y fue a sentarse de nuevo en su sitio. -¬°Vaya, vaya! ¬ŅC√≥mo anda eso? -pregunt√≥ una pata vieja que ven√≠a de visita. -Ya no queda m√°s que este huevo, pero tarda tanto‚Ķ -dijo la pata echada-. No hay forma de que rompa. Pero f√≠jate en los otros, y dime si no son los patitos m√°s lindos que se hayan visto nunca. Todos se parecen a su padre, el muy bandido. ¬ŅPor qu√© no vendr√° a verme? -D√©jame echar un vistazo a ese huevo que no acaba de romper -dijo la anciana-. Te apuesto a que es un huevo de pava. As√≠ fue como me engatusaron cierta vez a m√≠. ¬°El trabajo que me dieron aquellos pavitos! ¬°Imag√≠nate! Le ten√≠an miedo al agua y no hab√≠a forma de hacerlos entrar en ella. Yo graznaba y los picoteaba, pero de nada me serv√≠a‚Ķ Pero, vamos a ver ese huevo‚Ķ -Creo que me quedar√© sobre √©l un ratito a√ļn -dijo la pata-. He estado tanto tiempo aqu√≠ sentada, que un poco m√°s no me har√° da√Īo. -Como quieras -dijo la pata vieja, y se alej√≥ contone√°ndose. Por fin se rompi√≥ el huevo. ‚Äú¬°Pip, pip!‚ÄĚ, dijo el peque√Īo, volc√°ndose del cascar√≥n. La pata vio lo grande y feo que era, y exclam√≥: -¬°Dios m√≠o, qu√© patito tan enorme! No se parece a ninguno de los otros. Y, sin embargo, me atrevo a asegurar que no es ning√ļn cr√≠o de pavos. Al otro d√≠a hizo un tiempo maravilloso. El sol resplandec√≠a en las verdes hojas gigantescas. La mam√° pata se acerc√≥ al foso con toda su familia y, ¬°plaf!, salt√≥ al agua. -¬°Cuac, cuac! -llamaba. Y uno tras otro los patitos se fueron abalanzando tras ella. El agua se cerraba sobre sus cabezas, pero enseguida resurg√≠an flotando magn√≠ficamente. Mov√≠anse sus patas sin el menor esfuerzo, y a poco estuvieron todos en el agua. Hasta el patito feo y gris nadaba con los otros. -No es un pavo, por cierto -dijo la pata-. F√≠jense en la elegancia con que nada, y en lo derecho que se mantiene. Sin duda que es uno de mis peque√Īitos. Y si uno lo mira bien, se da cuenta enseguida de que es realmente muy guapo. ¬°Cuac, cuac! Vamos, vengan conmigo y d√©jenme ense√Īarles el mundo y presentarlos al corral entero. Pero no se separen mucho de m√≠, no sea que los pisoteen. Y anden con los ojos muy abiertos, por si viene el gato. Y con esto se encaminaron al corral. Hab√≠a all√≠ un esc√°ndalo espantoso, pues dos familias se estaban peleando por una cabeza de anguila, que, a fin de cuentas, fue a parar al est√≥mago del gato. -¬°Vean! ¬°As√≠ anda el mundo! -dijo la mam√° relami√©ndose el pico, pues tambi√©n a ella la entusiasmaban las cabezas de anguila-. ¬°A ver! ¬ŅQu√© pasa con esas piernas? Anden ligeros y no dejen de hacerle una bonita reverencia a esa anciana pata que est√° all√≠. Es la m√°s fina de todos nosotros. Tiene en las venas sangre espa√Īola; por eso es tan regordeta. F√≠jense, adem√°s, en que lleva una cinta roja atada a una pierna: es la m√°s alta distinci√≥n que se puede alcanzar. Es tanto como decir que nadie piensa en deshacerse de ella, y que deben respetarla todos, los animales y los hombres. ¬°An√≠mense y no metan los dedos hacia adentro! Los patitos bien educados los sacan hacia afuera, como mam√° y pap√°‚Ķ Eso es. Ahora hagan una reverencia y digan ¬°cuac! Todos obedecieron, pero los otros patos que estaban all√≠ los miraron con desprecio y exclamaron en alta voz: -¬°Vaya! ¬°Como si ya no fu√©semos bastantes! Ahora tendremos que rozarnos tambi√©n con esa gentuza. ¬°Uf!‚Ķ ¬°Qu√© patito tan feo! No podemos soportarlo. Y uno de los patos sali√≥ enseguida corriendo y le dio un picotazo en el cuello. -¬°D√©jenlo tranquilo! -dijo la mam√°-. No le est√° haciendo da√Īo a nadie. -S√≠, pero es tan desgarbado y extra√Īo -dijo el que lo hab√≠a picoteado-, que no quedar√° m√°s remedio que despachurrarlo. -¬°Qu√© lindos ni√Īos tienes, muchacha! -dijo la vieja pata de la cinta roja-. Todos son muy hermosos, excepto uno, al que le noto algo raro. Me gustar√≠a que pudieras hacerlo de nuevo. -Eso ni pensarlo, se√Īora -dijo la mam√° de los patitos-. No es hermoso, pero tiene muy buen car√°cter y nada tan bien como los otros, y me atrever√≠a a decir que hasta un poco mejor. Espero que tome mejor aspecto cuando crezca y que, con el tiempo, no se le vea tan grande. Estuvo dentro del cascar√≥n m√°s de lo necesario, por eso no sali√≥ tan bello como los otros. Y con el pico le acarici√≥ el cuello y le alis√≥ las plumas. -De todos modos, es macho y no importa tanto -a√Īadi√≥-, Estoy segura de que ser√° muy fuerte y se abrir√° camino en la vida. -Estos otros patitos son encantadores -dijo la vieja pata-. Quiero que se sientan como en su casa. Y si por casualidad encuentran algo as√≠ como una cabeza de anguila, pueden tra√©rmela sin pena. Con esta invitaci√≥n todos se sintieron all√≠ a sus anchas. Pero el pobre patito que hab√≠a salido el √ļltimo del cascar√≥n, y que tan feo les parec√≠a a todos, no recibi√≥ m√°s que picotazos, empujones y burlas, lo mismo de los patos que de las gallinas. -¬°Qu√© feo es! -dec√≠an. Y el pavo, que hab√≠a nacido con las espuelas puestas y que se consideraba por ello casi un emperador, infl√≥ sus plumas como un barco a toda vela y se le fue encima con un cacareo, tan estrepitoso que toda la cara se le puso roja. El pobre patito no sab√≠a d√≥nde meterse. Sent√≠ase terriblemente abatido, por ser tan feo y porque todo el mundo se burlaba de √©l en el corral. As√≠ pas√≥ el primer d√≠a. En los d√≠as siguientes, las cosas fueron de mal en peor. El pobre patito se vio acosado por todos. Incluso sus hermanos y hermanas lo maltrataban de vez en cuando y le dec√≠an: -¬°Ojal√° te agarre el gato, grandul√≥n! Hasta su misma mam√° deseaba que estuviese lejos del corral. Los patos lo pellizcaban, las gallinas lo picoteaban y, un d√≠a, la muchacha que tra√≠a la comida a las aves le asest√≥ un puntapi√©. Entonces el patito huy√≥ del corral. De un revuelo salt√≥ por encima de la cerca, con gran susto de los pajaritos que estaban en los arbustos, que se echaron a volar por los aires. ‚Äú¬°Es porque soy tan feo!‚ÄĚ pens√≥ el patito, cerrando los ojos. Pero as√≠ y todo sigui√≥ corriendo hasta que, por fin, lleg√≥ a los grandes pantanos donde viven los patos salvajes, y all√≠ se pas√≥ toda la noche abrumado de cansancio y tristeza. A la ma√Īana siguiente, los patos salvajes remontaron el vuelo y miraron a su nuevo compa√Īero. -¬ŅY t√ļ qu√© cosa eres? -le preguntaron, mientras el patito les hac√≠a reverencias en todas direcciones, lo mejor que sab√≠a. -¬°Eres m√°s feo que un espantap√°jaros! -dijeron los patos salvajes-. Pero eso no importa, con tal que no quieras casarte con una de nuestras hermanas. ¬°Pobre patito! Ni so√Īaba √©l con el matrimonio. S√≥lo quer√≠a que lo dejasen estar tranquilo entre los juncos y tomar un poquito de agua del pantano. Unos d√≠as m√°s tarde aparecieron por all√≠ dos gansos salvajes. No hac√≠a mucho que hab√≠an dejado el nido: por eso eran tan impertinentes. -Mira, muchacho -comenzaron dici√©ndole-, eres tan feo que nos caes simp√°tico. ¬ŅQuieres emigrar con nosotros? No muy lejos, en otro pantano, viven unas gansitas salvajes muy presentables, todas solteras, que saben graznar espl√©ndidamente. Es la oportunidad de tu vida, feo y todo como eres. -¬°Bang, bang! -se escuch√≥ en ese instante por encima de ellos, y los dos gansos cayeron muertos entre los juncos, ti√Īendo el agua con su sangre. Al eco de nuevos disparos se alzaron del pantano las bandadas de gansos salvajes, con lo que menudearon los tiros. Se hab√≠a organizado una importante cacer√≠a y los tiradores rodeaban los pantanos; algunos hasta se hab√≠an sentado en las ramas de los √°rboles que se extend√≠an sobre los juncos. Nubes de humo azul se esparcieron por el oscuro boscaje, y fueron a perderse lejos, sobre el agua. Los perros de caza aparecieron chapaleando entre el agua, y, a su avance, dobl√°ndose aqu√≠ y all√° las ca√Īas y los juncos. Aquello aterroriz√≥ al pobre patito feo, que ya se dispon√≠a a ocultar la cabeza bajo el ala cuando apareci√≥ junto a √©l un enorme y espantoso perro: la lengua le colgaba fuera de la boca y sus ojos miraban con brillo temible. Le acerc√≥ el hocico, le ense√Ī√≥ sus agudos dientes, y de pronto‚Ķ ¬°plaf!‚Ķ ¬°all√° se fue otra vez sin tocarlo! El patito dio un suspiro de alivio. -Por suerte soy tan feo que ni los perros tienen ganas de comerme -se dijo. Y se tendi√≥ all√≠ muy quieto, mientras los perdigones repiqueteaban sobre los juncos, y las descargas, una tras otra, atronaban los aires. Era muy tarde cuando las cosas se calmaron, y a√ļn entonces el pobre no se atrev√≠a a levantarse. Esper√≥ todav√≠a varias horas antes de arriesgarse a echar un vistazo, y, en cuanto lo hizo, enseguida se escap√≥ de los pantanos tan r√°pido como pudo. Ech√≥ a correr por campos y praderas; pero hac√≠a tanto viento, que le costaba no poco trabajo mantenerse sobre sus pies. Hacia el crep√ļsculo lleg√≥ a una pobre caba√Īa campesina. Se sent√≠a en tan mal estado que no sab√≠a de qu√© parte caerse, y, en la duda, permanec√≠a de pie. El viento soplaba tan ferozmente alrededor del patito que √©ste tuvo que sentarse sobre su propia cola, para no ser arrastrado. En eso not√≥ que una de las bisagras de la puerta se hab√≠a ca√≠do, y que la hoja colgaba con una inclinaci√≥n tal que le ser√≠a f√°cil filtrarse por la estrecha abertura. Y as√≠ lo hizo. En la caba√Īa viv√≠a una anciana con su gato y su gallina. El gato, a quien la anciana llamaba ‚ÄúHijito‚ÄĚ, sab√≠a arquear el lomo y ronronear; hasta era capaz de echar chispas si lo frotaban a contrapelo. La gallina ten√≠a unas patas tan cortas que le hab√≠an puesto por nombre ‚ÄúChiquitita Piernascortas‚ÄĚ. Era una gran ponedora y la anciana la quer√≠a como a su propia hija. Cuando lleg√≥ la ma√Īana, el gato y la gallina no tardaron en descubrir al extra√Īo patito. El gato lo salud√≥ ronroneando y la gallina con su cacareo. -Pero, ¬Ņqu√© pasa? -pregunt√≥ la vieja, mirando a su alrededor. No andaba muy bien de la vista, as√≠ que se crey√≥ que el patito feo era una pata regordeta que se hab√≠a perdido-. ¬°Qu√© suerte! -dijo-. Ahora tendremos huevos de pata. ¬°Con tal que no sea macho! Le daremos unos d√≠as de prueba. As√≠ que al patito le dieron tres semanas de plazo para poner, al t√©rmino de las cuales, por supuesto, no hab√≠a ni rastros de huevo. Ahora bien, en aquella casa el gato era el due√Īo y la gallina la due√Īa, y siempre que hablaban de s√≠ mismos sol√≠an decir: ‚Äúnosotros y el mundo‚ÄĚ, porque opinaban que ellos solos formaban la mitad del mundo , y lo que es m√°s, la mitad m√°s importante. Al patito le parec√≠a que sobre esto pod√≠a haber otras opiniones, pero la gallina ni siquiera quiso o√≠rlo. -¬ŅPuedes poner huevos? -le pregunt√≥. -No. -Pues entonces, ¬°c√°llate! Y el gato le pregunt√≥: -¬ŅPuedes arquear el lomo, o ronronear, o echar chispas? -No. -Pues entonces, gu√°rdate tus opiniones cuando hablan las personas sensatas. Con lo que el patito fue a sentarse en un rinc√≥n, muy desanimado. Pero de pronto record√≥ el aire fresco y el sol, y sinti√≥ una nostalgia tan grande de irse a nadar en el agua que -¬°no pudo evitarlo!- fue y se lo cont√≥ a la gallina. -¬°Vamos! ¬ŅQu√© te pasa? -le dijo ella-. Bien se ve que no tienes nada que hacer; por eso piensas tantas tonter√≠as. Te las sacudir√≠as muy pronto si te dedicaras a poner huevos o a ronronear. -¬°Pero es tan sabroso nadar en el agua! -dijo el patito feo-. ¬°Tan sabroso zambullir la cabeza y bucear hasta el mismo fondo! -S√≠, muy agradable -dijo la gallina-. Me parece que te has vuelto loco. Preg√ļntale al gato, ¬°no hay nadie tan listo como √©l! ¬°Preg√ļntale a nuestra vieja ama, la mujer m√°s sabia del mundo! ¬ŅCrees que a ella le gusta nadar y zambullirse? -No me comprendes -dijo el patito. -Pues si yo no te comprendo, me gustar√≠a saber qui√©n podr√° comprenderte. De seguro que no pretender√°s ser m√°s sabio que el gato y la se√Īora, para no mencionarme a m√≠ misma. ¬°No seas tonto, muchacho! ¬ŅNo te has encontrado un cuarto c√°lido y confortable, donde te hacen compa√Ī√≠a quienes pueden ense√Īarte? Pero no eres m√°s que un tonto, y a nadie le hace gracia tenerte aqu√≠. Te doy mi palabra de que si te digo cosas desagradables es por tu propio bien: s√≥lo los buenos amigos nos dicen las verdades. Haz ahora tu parte y aprende a poner huevos o a ronronear y echar chispas. -Creo que me voy a recorrer el ancho mundo -dijo el patito. -S√≠, vete -dijo la gallina. Y as√≠ fue como el patito se march√≥. Nad√≥ y se zambull√≥; pero ning√ļn ser viviente quer√≠a tratarse con √©l por lo feo que era. Pronto lleg√≥ el oto√Īo. Las hojas en el bosque se tornaron amarillas o pardas; el viento las arranc√≥ y las hizo girar en remolinos, y los cielos tomaron un aspecto hosco y fr√≠o. Las nubes colgaban bajas, cargadas de granizo y nieve, y el cuervo, que sol√≠a posarse en la tapia, graznaba ‚Äú¬°cau, cau!‚ÄĚ, de fr√≠o que ten√≠a. S√≥lo de pensarlo le daban a uno escalofr√≠os. S√≠, el pobre patito feo no lo estaba pasando muy bien. Cierta tarde, mientras el sol se pon√≠a en un maravilloso crep√ļsculo, emergi√≥ de entre los arbustos una bandada de grandes y hermosas aves. El patito no hab√≠a visto nunca unos animales tan espl√©ndidos. Eran de una blancura resplandeciente, y ten√≠an largos y esbeltos cuellos. Eran cisnes. A la vez que lanzaban un fant√°stico grito, extendieron sus largas, sus magn√≠ficas alas, y remontaron el vuelo, alej√°ndose de aquel fr√≠o hacia los lagos abiertos y las tierras c√°lidas. Se elevaron muy alto, muy alto, all√° entre los aires, y el patito feo se sinti√≥ lleno de una rara inquietud. Comenz√≥ a dar vueltas y vueltas en el agua lo mismo que una rueda, estirando el cuello en la direcci√≥n que segu√≠an, que √©l mismo se asust√≥ al o√≠rlo. ¬°Ah, jam√°s podr√≠a olvidar aquellos hermosos y afortunados p√°jaros! En cuanto los perdi√≥ de vista, se sumergi√≥ derecho hasta el fondo, y se hallaba como fuera de s√≠ cuando regres√≥ a la superficie. No ten√≠a idea de cu√°l podr√≠a ser el nombre de aquellas aves, ni de ad√≥nde se dirig√≠an, y, sin embargo, eran m√°s importantes para √©l que todas las que hab√≠a conocido hasta entonces. No las envidiaba en modo alguno: ¬Ņc√≥mo se atrever√≠a siquiera a so√Īar que aquel esplendor pudiera pertenecerle? Ya se dar√≠a por satisfecho con que los patos lo tolerasen, ¬°pobre criatura estrafalaria que era! ¬°Cu√°n fr√≠o se presentaba aquel invierno! El patito se ve√≠a forzado a nadar incesantemente para impedir que el agua se congelase en torno suyo. Pero cada noche el hueco en que nadaba se hac√≠a m√°s y m√°s peque√Īo. Vino luego una helada tan fuerte, que el patito, para que el agua no se cerrase definitivamente, ya ten√≠a que mover las patas todo el tiempo en el hielo crujiente. Por fin, debilitado por el esfuerzo, quedose muy quieto y comenz√≥ a congelarse r√°pidamente sobre el hielo. A la ma√Īana siguiente, muy temprano, lo encontr√≥ un campesino. Rompi√≥ el hielo con uno de sus zuecos de madera, lo recogi√≥ y lo llev√≥ a casa, donde su mujer se encarg√≥ de revivirlo. Los ni√Īos quer√≠an jugar con √©l, pero el patito feo ten√≠a terror de sus travesuras y, con el miedo, fue a meterse revoloteando en la paila de la leche, que se derram√≥ por todo el piso. Grit√≥ la mujer y dio unas palmadas en el aire, y √©l, m√°s asustado, metiose de un vuelo en el barril de la mantequilla, y desde all√≠ lanzose de cabeza al caj√≥n de la harina, de donde sali√≥ hecho una l√°stima. ¬°Hab√≠a que verlo! Chillaba la mujer y quer√≠a darle con la escoba, y los ni√Īos tropezaban unos con otros tratando de echarle mano. ¬°C√≥mo gritaban y se re√≠an! Fue una suerte que la puerta estuviese abierta. El patito se precipit√≥ afuera, entre los arbustos, y se hundi√≥, atolondrado, entre la nieve reci√©n ca√≠da. Pero ser√≠a demasiado cruel describir todas las miserias y trabajos que el patito tuvo que pasar durante aquel crudo invierno. Hab√≠a buscado refugio entre los juncos cuando las alondras comenzaron a cantar y el sol a calentar de nuevo: llegaba la hermosa primavera. Entonces, de repente, prob√≥ sus alas: el zumbido que hicieron fue mucho m√°s fuerte que otras veces, y lo arrastraron r√°pidamente a lo alto. Casi sin darse cuenta, se hall√≥ en un vasto jard√≠n con manzanos en flor y fragantes lilas, que colgaban de las verdes ramas sobre un sinuoso arroyo. ¬°Oh, qu√© agradable era estar all√≠, en la frescura de la primavera! Y en eso surgieron frente a √©l de la espesura tres hermosos cisnes blancos, rizando sus plumas y dej√°ndose llevar con suavidad por la corriente. El patito feo reconoci√≥ a aquellas espl√©ndidas criaturas que una vez hab√≠a visto levantar el vuelo, y se sinti√≥ sobrecogido por un extra√Īo sentimiento de melancol√≠a. -¬°Volar√© hasta esas regias aves! -se dijo-. Me dar√°n de picotazos hasta matarme, por haberme atrevido, feo como soy, a aproximarme a ellas. Pero, ¬°qu√© importa! Mejor es que ellas me maten, a sufrir los pellizcos de los patos, los picotazos de las gallinas, los golpes de la muchacha que cuida las aves y los rigores del invierno. Y as√≠, vol√≥ hasta el agua y nad√≥ hacia los hermosos cisnes. En cuanto lo vieron, se le acercaron con las plumas encrespadas. -¬°S√≠, m√°tenme, m√°tenme! -grit√≥ la desventurada criatura, inclinando la cabeza hacia el agua en espera de la muerte. Pero, ¬Ņqu√© es lo que vio all√≠ en la l√≠mpida corriente? ¬°Era un reflejo de s√≠ mismo, pero no ya el reflejo de un p√°jaro torpe y gris, feo y repugnante, no, sino el reflejo de un cisne! Poco importa que se nazca en el corral de los patos, siempre que uno salga de un huevo de cisne. Se sent√≠a realmente feliz de haber pasado tantos trabajos y desgracias, pues esto lo ayudaba a apreciar mejor la alegr√≠a y la belleza que le esperaban. Y los tres cisnes nadaban y nadaban a su alrededor y lo acariciaban con sus picos. En el jard√≠n hab√≠an entrado unos ni√Īos que lanzaban al agua pedazos de pan y semillas. El m√°s peque√Īo exclam√≥: -¬°Ah√≠ va un nuevo cisne! Y los otros ni√Īos corearon con gritos de alegr√≠a: -¬°S√≠, hay un cisne nuevo! Y batieron palmas y bailaron, y corrieron a buscar a sus padres. Hab√≠a pedacitos de pan y de pasteles en el agua, y todo el mundo dec√≠a: -¬°El nuevo es el m√°s hermoso! ¬°Qu√© joven y esbelto es! Y los cisnes viejos se inclinaron ante √©l. Esto lo llen√≥ de timidez, y escondi√≥ la cabeza bajo el ala, sin que supiese explicarse la raz√≥n. Era muy, pero muy feliz, aunque no hab√≠a en √©l ni una pizca de orgullo, pues este no cabe en los corazones bondadosos. Y mientras recordaba los desprecios y humillaciones del pasado, o√≠a c√≥mo todos dec√≠an ahora que era el m√°s hermoso de los cisnes. Las lilas inclinaron sus ramas ante √©l, baj√°ndolas hasta el agua misma, y los rayos del sol eran c√°lidos y amables. Riz√≥ entonces sus alas, alz√≥ el esbelto cuello y se alegr√≥ desde lo hondo de su coraz√≥n: -Jam√°s so√Ī√© que podr√≠a haber tanta felicidad, all√° en los tiempos en que era s√≥lo un patito feo.

 

Cuento original de Hans Christian Andersen


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