Cuentos:Cinco En Una Vaina

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Cinco En Una Vaina

Cuento de Hans Christian Andersen


Cinco En Una Vaina

Cinco guisantes estaban encerrados en una vaina, y como ellos eran verdes y la vaina era verde también, creían que el mundo entero era verde, y tenían toda la razón. Creció la vaina y crecieron los guisantes; para aprovechar mejor el espacio, se pusieron en fila. Por fuera lucía el sol y calentaba la vaina, mientras la lluvia la limpiaba y volvía transparente. El interior era tibio y confortable, había claridad de día y oscuridad de noche, tal y como debe ser; y los guisantes, en la vaina, iban creciendo y se entregaban a sus reflexiones, pues en algo debían ocuparse.

- ¬ŅNos pasaremos toda la vida metidos aqu√≠? -dec√≠an-. ¬°Con tal de que no nos endurezcamos a fuerza de encierro! Me da la impresi√≥n de que hay m√°s cosas all√° fuera; es como un presentimiento. Y fueron transcurriendo las semanas; los guisantes se volvieron amarillos, y la vaina, tambi√©n. - ¬°El mundo entero se ha vuelto amarillo! -exclamaron; y pod√≠an afirmarlo sin reservas. Un d√≠a sintieron un tir√≥n en la vaina; hab√≠a sido arrancada por las manos de alguien, y, junto con otras, vino a encontrarse en el bolsillo de una chaqueta. - Pronto nos abrir√°n -dijeron los guisantes, afanosos de que llegara el ansiado momento. - Me gustar√≠a saber qui√©n de nosotros llegar√° m√°s lejos -dijo el menor de los cinco-. No tardaremos en saberlo. - Ser√° lo que haya de ser -contest√≥ el mayor.

¬°Zas!, estall√≥ la vaina y los cinco guisantes salieron rodando a la luz del sol. Estaban en una mano infantil; un chiquillo los sujetaba fuertemente, y dec√≠a que estaban como hechos a medida para su cerbatana. Y metiendo uno en ella, sopl√≥. - ¬°Heme aqu√≠ volando por el vasto mundo! ¬°Alc√°nzame, si puedes! -y sali√≥ disparado. - Yo me voy directo al Sol -dijo el segundo-. Es una vaina como Dios manda, y que me ir√° muy bien-. Y all√° se fue. - Cuando lleguemos a nuestro destino podremos descansar un rato -dijeron los dos siguientes-, pero nos queda a√ļn un buen trecho para rodar-, y, en efecto, rodaron por el suelo antes de ir a parar a la cerbatana, pero al fin dieron en ella-. ¬°Llegaremos m√°s lejos que todos! - ¬°Ser√° lo que haya de ser! - dijo el √ļltimo al sentirse proyectado a las alturas. Fue a dar contra la vieja tabla, bajo la ventana de la buhardilla, justamente en una grieta llena de musgo y mullida tierra, y el musgo lo envolvi√≥ amorosamente. Y all√≠ se qued√≥ el guisante oculto, pero no olvidado de Dios. - ¬°Ser√° lo que haya de ser! - repiti√≥. Viv√≠a en la buhardilla una pobre mujer que se ausentaba durante la jornada para dedicarse a limpiar estufas, aserrar madera y efectuar otros trabajos pesados, pues no le faltaban fuerzas ni √°nimos, a pesar de lo cual segu√≠a en la pobreza. En la reducida habitaci√≥n quedaba s√≥lo su √ļnica hija, mocita delicada y linda que llevaba un a√Īo en cama, luchando entre la vida y la muerte.

- ¬°Se ir√° con su hermanita! -suspiraba la mujer-. Tuve dos hijas, y muy duro me fue cuidar de las dos, hasta que el buen Dios quiso compartir el trabajo conmigo y se me llev√≥ una. Bien quisiera yo ahora que me dejase la que me queda, pero seguramente a √Čl no le parece bien que est√©n separadas, y se llevar√° a √©sta al cielo, con su hermana. Pero la doliente muchachita no se mor√≠a; se pasaba todo el santo d√≠a resignada y quieta, mientras su madre estaba fuera, a ganar el pan de las dos. Lleg√≥ la primavera; una ma√Īana, temprano a√ļn, cuando la madre se dispon√≠a a marcharse a la faena, el sol entr√≥ piadoso a la habitaci√≥n por la ventanuca y se extendi√≥ por el suelo, y la ni√Īa enferma dirigi√≥ la mirada al cristal inferior. - ¬ŅQu√© es aquello verde que asoma junto al cristal y que mueve el viento? La madre se acerc√≥ a la ventana y la entreabri√≥. - ¬°Mira! -dijo-, es una planta de guisante que ha brotado aqu√≠ con sus hojitas verdes. ¬ŅC√≥mo llegar√≠a a esta rendija? Pues tendr√°s un jardincito en que recrear los ojos. Acerc√≥ la camita de la enferma a la ventana, para que la ni√Īa pudiese contemplar la tierna planta, y la madre se march√≥ al trabajo. - ¬°Madre, creo que me repondr√©! -exclam√≥ la chiquilla al atardecer-. ¬°El sol me ha calentado tan bien, hoy! El guisante crece a las mil maravillas, y tambi√©n yo saldr√© adelante y me repondr√© al calor del sol. - ¬°Dios lo quiera! -suspir√≥ la madre, que abrigaba muy pocas esperanzas. Sin embargo, puso un palito al lado de la tierna planta que tan buen √°nimo hab√≠a infundido a su hija, para evitar que el viento la estropease. Sujet√≥ en la tabla inferior un bramante, y lo at√≥ en lo alto del marco de la ventana, con objeto de que la planta tuviese un punto de apoyo donde enroscar sus zarcillos a medida que se encaramase. Y, en efecto, se ve√≠a crecer d√≠a tras d√≠a. - ¬°Dios m√≠o, hasta flores echa! -exclam√≥ la madre una ma√Īana¬ć y entr√≥le entonces la esperanza y la creencia de que su ni√Īa enferma se repondr√≠a. Record√≥ que en aquellos √ļltimos tiempos la peque√Īa hab√≠a hablado con mayor animaci√≥n; que desde hac√≠a varias ma√Īanas se hab√≠a sentado sola en la cama, y, en aquella posici√≥n, se hab√≠a pasado horas contemplando con ojos radiantes el jardincito formado por una √ļnica planta de guisante. La semana siguiente la enferma se levant√≥ por primera vez una hora, y se estuvo, feliz, sentada al sol, con la ventana abierta; y fuera se hab√≠a abierto tambi√©n una flor de guisante, blanca y roja. La chiquilla, inclinando la cabeza, bes√≥ a morosamente los delicados p√©talos. Fue un d√≠a de fiesta para ella. - ¬°Dios misericordioso la plant√≥ y la hizo crecer para darte esperanza y alegr√≠a, hijita! - dijo la madre, radiante, sonriendo a la flor como si fuese un √°ngel bueno, enviado por Dios. Pero, ¬Ņy los otros guisantes? Pues ver√°s: Aquel que sali√≥ volando por el amplio mundo, diciendo: ¬ę¬°Alc√°nzame si puedes!¬Ľ, cay√≥ en el canal√≥n del tejado y fue a parar al buche de una paloma, donde encontr√≥se como Jon√°s en el vientre de la ballena. Los dos perezosos tuvieron la misma suerte; fueron tambi√©n pasto de las palomas, con lo cual no dejaron de dar un cierto rendimiento positivo. En cuanto al cuarto, el que pretend√≠a volar hasta el Sol, fue a caer al vertedero, y all√≠ estuvo d√≠as y semanas en el agua sucia, donde se hinch√≥ horriblemente. - ¬°C√≥mo engordo! -exclamaba satisfecho-. Acabar√© por reventar, que es todo lo que puede hacer un guisante. Soy el m√°s notable de los cinco que crecimos en la misma vaina. Y el vertedero dio su benepl√°cito a aquella opini√≥n. Mientras tanto, all√°, en la ventana de la buhardilla, la muchachita, con los ojos radiantes y el brillo de la salud en las mejillas, juntaba sus hermosas manos sobre la flor del guisante y daba gracias a Dios. - El mejor guisante es el m√≠o -segu√≠a diciendo el vertedero.

 

Cuento original de Hans Christian Andersen


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