Cuentos:Cada Cosa En Su Sitio

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Cada Cosa En Su Sitio

Cuento de Hans Cristian Andersen


Cada Cosa En Su Sitio

Hace de esto m√°s de cien a√Īos. Detr√°s del bosque, a orillas de un gran lago, se levantaba un viejo palacio, rodeado por un profundo foso en el que crec√≠an ca√Īaverales, juncales y carrizos. Junto al puente, en la puerta principal, habla un viejo sauce, cuyas ramas se inclinaban sobre las ca√Īas. Desde el valle llegaban sones de cuernos y trotes de caballos; por eso la zagala se daba prisa en sacar los gansos del puente antes de que llegase la partida de cazadores. Ven√≠a √©sta a todo galope, y la muchacha hubo de subirse de un brinco a una de las altas piedras que sobresal√≠an junto al puente, para no ser atropellada. Era casi una ni√Īa, delgada y flacucha, pero en su rostro brillaban dos ojos maravillosamente l√≠mpidos. Mas el noble caballero no repar√≥ en ellos; a pleno galope, blandiendo el l√°tigo, por puro capricho dio con √©l en el pecho de la pastora, con tanta fuerza que la derrib√≥. - ¬°Cada cosa en su sitio! -exclam√≥-. ¬°El tuyo es el estercolero! -y solt√≥ una carcajada, pues el chiste le pareci√≥ gracioso, y los dem√°s le hicieron coro. Todo el grupo de cazadores prorrumpi√≥ en un estruendoso griter√≠o, al que se sumaron los ladridos de los perros. Era lo que dice la canci√≥n: ¬ę¬°Borrachas llegan las ricas aves!¬Ľ. Dios sabe lo rico que era. La pobre muchacha, al caer, se agarr√≥ a una de las ramas colgantes del sauce, y gracias a ella pudo quedar suspendida sobre el barrizal. En cuanto los se√Īores y la jaur√≠a hubieron desaparecido por la puerta, ella trat√≥ de salir de su atolladero, pero la rama se quebr√≥, y la muchachita cay√≥ en medio del ca√Īaveral, sintiendo en el mismo momento que la sujetaba una mano robusta. Era un buhonero, que, habiendo presenciado toda la escena desde alguna distancia, corri√≥ en su auxilio. - ¬°Cada cosa en su sitio! -dijo, remedando al noble en tono de burla y poniendo a la muchacha en un lugar seco. Luego intent√≥ volver a adherir la rama quebrada al √°rbol; pero eso de ¬ęcada cosa en su sitio¬Ľ no siempre tiene aplicaci√≥n, y as√≠ la clav√≥ en la tierra reblandecida -. Crece si puedes; crece hasta convertirte en una buena flauta para la gente del castillo -. Con ello quer√≠a augurar al noble y los suyos un bien merecido castigo. Subi√≥ despu√©s al palacio, aunque no pas√≥ al sal√≥n de fiestas; no era bastante distinguido para ello. S√≥lo le permitieron entrar en la habitaci√≥n de la servidumbre, donde fueron examinadas sus mercanc√≠as y discutidos los precios. Pero del sal√≥n donde se celebraba el banquete llegaba el griter√≠o y alboroto de lo que quer√≠an ser canciones; no sab√≠an hacerlo mejor. Resonaban las carcajadas y los ladridos de los perros. Se com√≠a y beb√≠a con el mayor desenfreno. El vino y la cerveza espumeaban en copas y jarros, y los canes favoritos participaban en el fest√≠n; los se√Īoritos los besaban despu√©s de secarles el hocico con las largas orejas colgantes. El buhonero fue al fin introducido en el sal√≥n, con sus mercanc√≠as; s√≥lo quer√≠an divertirse con √©l. El vino se les hab√≠a subido a la cabeza, expulsando de ella a la raz√≥n. Le sirvieron cerveza en un calcet√≠n para que bebiese con ellos, ¬°pero deprisa! Una ocurrencia por dem√°s graciosa, como se ve. Reba√Īos enteros de ganado, cortijos con sus campesinos fueron jugados y perdidos a una sola carta. - ¬°Cada cosa en su sitio! -dijo el buhonero cuando hubo podido escapar sano y salvo de aquella Sodoma y Gomorra, como √©l la llam√≥-. Mi sitio es el camino, bajo el cielo, y no all√° arriba -. Y desde el vallado se despidi√≥ de la zagala con un gesto de la mano. Pasaron d√≠as y semanas, y aquella rama quebrada de sauce que el buhonero plantar a junto al foso, segu√≠a verde y lozana; incluso sal√≠an de ella nuevos v√°stagos. La doncella vio que hab√≠a echado ra√≠ces, lo cual le produjo gran contento, pues le parec√≠a que era su propio √°rbol. Y as√≠ fue prosperando el joven sauce, mientras en la propiedad todo deca√≠a y marchaba del rev√©s, a fuerza de francachelas y de juego: dos ruedas muy poco apropiadas para hacer avanzar el carro. No hab√≠an transcurrido a√ļn seis a√Īos, cuando el noble hubo de abandonar su propiedad convertido en pordiosero, sin m√°s haber que un saco y un bast√≥n. La compr√≥ un rico buhonero, el mismo que un d√≠a fuera objeto de las burlas de sus antiguos propietarios, cuando le sirvieron cerveza en un calcet√≠n. Pero la honradez y la laboriosidad llaman a los vientos favorables, y ahora el comerciante era due√Īo de la noble mansi√≥n. Desde aquel momento quedaron desterrados de ella los naipes. - ¬°Mala cosa! -dec√≠a el nuevo due√Īo-. Viene de que el diablo, despu√©s que hubo le√≠do la Biblia, quiso fabricar una caricatura de ella e ide√≥ el juego de cartas. El nuevo se√Īor contrajo matrimonio - ¬Ņcon qui√©n dir√≠as? - Pues con la zagala, que se hab√≠a conservado honesta, piadosa y buena. Y en sus nuevos vestidos aparec√≠a tan pulcra y distinguida como si hubiese nacido en noble cuna. ¬ŅC√≥mo ocurri√≥ la cosa? Bueno, para nuestros tiempos tan ajetreados ser√≠a √©sta una historia demasiado larga, pero el caso es que sucedi√≥; y ahora viene lo m√°s importante. En la antigua propiedad todo marchaba a las mil maravillas; la madre cuidaba del gobierno dom√©stico, y el padre, de las faenas agr√≠colas. Llov√≠an sobre ellos las bendiciones; la prosperidad llama a la prosperidad. La vieja casa se√Īorial fue reparada y embellecida; se limpiaron los fosos y se plantaron en ellos √°rboles frutales; la casa era c√≥moda, acogedora, y el suelo, brillante y limp√≠simo. En las veladas de invierno, el ama y sus criadas hilaban lana y lino en el gran sal√≥n, y los domingos se le√≠a la Biblia en alta voz, encarg√°ndose de ello el Consejero comercial, pues a esta dignidad hab√≠a sido elevado el ex-buhonero en los √ļltimos a√Īos de su vida. Crec√≠an los hijos - pues hab√≠an venido hijos -, y todos recib√≠an buena instrucci√≥n, aunque no todos eran inteligentes en el mismo grado, como suele suceder en las familias. La rama de sauce se hab√≠a convertido en un √°rbol exuberante, y crec√≠a en plena libertad, sin ser podado. - ¬°Es nuestro √°rbol familiar! -dec√≠a el anciano matrimonio, y no se cansaban de recomendar a sus hijos, incluso a los m√°s ligeros de cascos, que lo honrasen y respetasen siempre. Y ahora dejamos transcurrir cien a√Īos. Estamos en los tiempos presentes. El lago se hab√≠a transformado en un cenagal, y de la antigua mansi√≥n nobiliaria apenas quedaba vestigio: una larga charca, con unas ruinas de piedra en uno de sus bordes, era cuanto subsist√≠a del profundo foso, en el que se levantaba un espl√©ndido √°rbol centenario de ramas colgantes: era el √°rbol familiar. All√≠ segu√≠a, mostrando lo hermoso que puede ser un sauce cuando se lo deja crecer en libertad. Cierto que ten√≠a hendido el tronco desde la ra√≠z hasta la copa, y que la tempestad lo hab√≠a torcido un poco; pero viv√≠a, y de todas sus grietas y desgarraduras, en las que el viento y la intemperie hab√≠an depositado tierra fecunda, brotaban flores y hierbas; principalmente en lo alto, all√≠ donde se separaban las grandes ramas, se hab√≠a formado una especie de jardincito colgante de frambuesas y otras plantas, que suministran alimento a los pajarillos; hasta un gracioso acerolo hab√≠a echado all√≠ ra√≠ces y se levantaba, esbelto y distinguido, en medio del viejo sauce, que se miraba en las aguas negras cada vez que el viento barr√≠a las lentejas acu√°ticas y las arrinconaba en un √°ngulo de la charca. Un estrecho sendero pasaba a trav√©s de los campos se√Īoriales, como un trazo hecho en una superficie s√≥lida. En la cima de la colina lindante con el bosque, desde la cual se dominaba un soberbio panorama, se alzaba el nuevo palacio, inmenso y suntuoso, con cristales tan transparentes, que habr√≠ase dicho que no los hab√≠a. La gran escalinata frente a la puerta principal parec√≠a una galer√≠a de follaje, un tejido de rosas y plantas de amplias hojas. El c√©sped era tan limpio y verde como si cada ma√Īana y cada tarde alguien se entretuviera en quitar hasta la m√°s √≠nfima brizna de hierba seca. En el interior del palacio, valiosos cuadros colgaban de las paredes, y hab√≠a sillas y divanes tapizados de terciopelo y seda, que parec√≠an capaces de moverse por sus propios pies; mesas con tablero de blanco m√°rmol y libros encuadernados en tafilete con cantos de oro... Era gente muy rica la que all√≠ resid√≠a, gente noble: eran barones.

 

Cuento original de Hans Christian Andersen


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