Cuentos:Dos Pisones

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Dos Pisones

Cuento de Hans Christian Andersen


Dos Pisones

¬ŅHas visto alguna vez un pis√≥n? Me refiero a esta herramienta que sirve para apisonar el pavimento de las calles. Es de madera todo √©l, ancho por debajo y reforzado con aros de hierro; de arriba estrecho, con un palo que lo atraviesa, y que son los brazos. En el cobertizo de las herramientas hab√≠a dos pisonas, junto con palas, cubos y carretillas; hab√≠a llegado a sus o√≠dos el rumor de que las ¬ępisonas¬Ľ no se llamar√≠an en adelante as√≠, sino ¬ęapisonadoras¬Ľ, vocablo que, en la jerga de los picapedreros, es el t√©rmino m√°s nuevo y apropiado para, designar lo que anta√Īo llamaban pisonas. Ahora bien; entre nosotros, los seres humanos, hay lo que llamamos ¬ęmujeres emancipadas¬Ľ, entre las cuales se cuentan directoras de colegios, comadronas, bailarinas - que por su profesi√≥n pueden sostenerse sobre una pierna -, modistas y enfermeras; y a esta categor√≠a de ¬ęemancipadas¬Ľ se sumaron tambi√©n las dos ¬ępisonas¬Ľ del cobertizo; la Administraci√≥n de obras p√ļblicas las llamaba ¬ępisonas¬Ľ, y en modo alguno se aven√≠an a renunciar a su antiguo nombre y cambiarlo por el de ¬ęapisonadoras¬Ľ. - Pis√≥n es un nombre de persona - dec√≠an -, mientras que ¬ęapisonadora¬Ľ lo es de cosa, y no toleraremos que nos traten como una simple cosa; ¬°esto es ofendernos! - Mi prometido est√° dispuesto a romper el compromiso - a√Īadi√≥ la m√°s joven, que ten√≠a por novio a un martinete, una especie de m√°quina para clavar estacas en el suelo, o sea, que hace en forma tosca lo que la pisona en forma delicada -. Me quiere como pisona, pero no como apisonadora, por lo que en modo alguno puedo permitir que me cambien el nombre. - ¬°Ni yo! - dijo la mayor -. Antes dejar√© que me corten los brazos. La carretilla, sin embargo, sustentaba otra opini√≥n; y no se crea de ella que fuera un don nadie; se consideraba como una cuarta parte de coche, pues corr√≠a sobre una rueda. - Debo advertirles que el nombre de pisonas es bastante ordinario, y mucho menos distinguido que el de apisonadora, pues este nuevo apelativo les da cierto parentesco con los sellos, y s√≥lo con que piensen en el sello que llevan las leyes, ver√°n que sin √©l no son tales. Yo, en su lugar, renunciar√≠a al nombre de pisona. - ¬°Jam√°s! Soy demasiado vieja para eso - dijo la mayor. - Seguramente usted ignora eso que se llama ¬ęnecesidad europea¬Ľ - intervino el honrado y viejo cubo -. Hay que mantenerse dentro de sus l√≠mites, supeditarse, adaptarse a las exigencias de la √©poca, y si sale una ley por la cual la pisona debe llamarse apisonadora, pues a llamarse apisonadora tocan. Cada cosa tiene su medida. - En tal caso preferir√≠a llamarme se√Īorita, si es que de todos modos he de cambiar de nombre - dijo la joven -. Se√Īorita sabe siempre un poco a pisona. - Pues yo antes me dejar√© reducir a astillas - proclam√≥ la vieja. En esto lleg√≥ la hora de ir al trabajo; las pisonas fueron cargadas en la carretilla, lo cual supon√≠a una atenci√≥n; pero las llamaron apisonadoras. - ¬°Pis! - exclamaban al golpear sobre el pavimento -, ¬°pis! -, y estaban a punto de acabar de pronunciar la palabra ¬ępisona¬Ľ, pero se mord√≠an los labios y se tragaban el vocablo, pues se daban cuenta de que no pod√≠an contestar. Pero entre ellas siguieron llam√°ndose pisonas, alabando los viejos tiempos en que cada cosa era llamada por su nombre, y cuando una era pisona la llamaban pisona; y en eso quedaron las dos, pues el martinete, aquella maquinaza, rompi√≥ su compromiso con la joven, neg√°ndose a casarse con una apisonadora.

 

Cuento original de Hans Christian Andersen


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