Cuentos:Un S√°bado Inusual

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Un S√°bado Inusual


 

Milagro: UN S√ĀBADO INUSUAL


S√°bado a las siete de la ma√Īana. Ando rondando por mi departamento desde las tres de la madrugada, ordenando mi ropa reci√©n lavada, tirando viejos papeles ya in√ļtiles, escribiendo cartas a mi familia.

Los s√°bados en Dinamarca son d√≠as flojos. No se trabaja, no se va al colegio, los negocios reci√©n abren a las diez. Mientras escribo esto reina un silencio sagrado en todos los reinos escandinavos. El sue√Īo de los inocentes.

Los domingos son distintos. La tradición es levantarse temprano porque hay que salir a comprar pan especial dominguero, leche fresca, queso y el diaro EKSTRA con las copuchas del país y fotos de jovencitas y jovencitios. Se desayuna en familia y en pijamas. Se va a comprar en pijamas.

Pero es s√°bado hoy. Desde mi ventanal puedo ver gran parte del barrio. En mi callecita del Caballo que Mat√≥ a la Vieja est√°n los edificios de ladrillos rojos como el m√≠o. Dan directamente a la vereda. A la derecha est√°n las peque√Īas casitas con jardines, sin murallas entre ellas, a lo m√°s una rejita para evitar que se arranquen los perros. Hacia mi izquiedra queda la gran Calle Larga de Valby, la calle de los milagros, del Caf√© Cir√© y del Bosque de S√łndermarken.

Yo escribo mientras observo mi barrio este sábado aburrido y somnoliento. Algo inusual está ocurriendo sin embargo. Dos personas, supongo que son dos muchachos, encapuchados, paséan sigilosamente por las puertas de entrada de los departamentos del frente. Esas puertas están siempre cerradas con llave.

¬°Ya s√©! Est√°n probando las entradas por si acaso. Y una de las puertas est√° mal cerrada; entran al edificio! Es extra√Īo ver esto sin sonidos. Mi ventanal es de vidrio doble y queda herm√©ticamente cerrado. No entra ni una brisa ni un ruido. Es como ver una pel√≠cula muda. Charles Chaplin o algo as√≠. Todo ocurre en "c√°mara r√°pida". Falta solamente una pianola que haga m√ļsica ambiental.

Han pasado tres minutos desde que los misteriosos personajes entraron al edificio. Alguien debe estar despierto aquí en el barrio porque acaba de llegar un automóvil de la policía. Alguén los llamó porque se detienen ante la puerta en cuestión. Se bajan del coche, un hombre y una mujer uniformados con armas de fuego en las cinturas. Miran la puerta, conversan muy calmadamente entre ellos. Tan calmadamente que se me ocurre de que están contándose las peripecias de la fiesta de la noche del viernes.

Han pasado ya tres minutos m√°s. Los polic√≠as siguen ah√≠ frente a la puerta cerrada. Ahora recuerdo que estos edificos no tienen puertas traseras. Si es que hay ladrones tan solo pueden escapar por las ventanas. Ahora sale uno de los individuos encapuchados y los policias se sacan sus gorros y parece que le est√°n diciendo buenos d√≠as. No me extra√Īa porque suelen ser muy corteses. O sea la polic√≠a danesa.

Ahora el indivduo se saca el capuchón y veo a un viejito de pelo blanco y barba larguísima y descuidada. Tiembla. Sus mejillas son rojas como la de los alcohólicos. Ahora introduce una mano en el bolsillo trasero y saca unos papeles. El policía los revisa y la mujer usa su celular. El policía hombre conversa amablemente con el viejo y ahora se abre una ventana del quinto piso y aparece otro viejito gritando y haciendo grandes ademanes con los brazos. Sale humo por la ventana... Es un incendio!

El viejito est√° enloquecido y se sube a la ventana y creo que sa va a lanzar a la calle. La mujer sigue hablando en su celular muy tranquilamente y el policia le hace ademanes con los brazos al viejo de la ventana.

Han llegado tres carros de bomberos y una ambulancia y dos coches policiales más. ¡Qué derroche! pienso yo. Pero este es un país muy rico.

Se abren otras ventanas y han salido vecinos en bata a la calle. Son las siete y diez minutos. Los bomberos y la policía entran y salen del edificio. Han instalado una escalera y un bombero sube hasta la ventana del quinto piso. Logra que el viejo lo abraze y descienden ambos rápidamente.

Ya no hay humo en la ventana. El viejito del incendio tiembla, de miedo supongo. Se parece al otro viejo. Pelo largo inmundo, barba rojiza hasta el pecho. Est√° ahora conversando con el primer polic√≠a. Saca un pa√Īuelo y algunos papeles de los bolsillos. El policia los mira y se los pasa a la policia mujer del celular. La mujer ha estado conectada a su tel√©fono todo este tiempo.

Los bomberos se re√ļnen con la polic√≠a, hablan tranquilamente y luego se retiran a sus carros y autom√≥viles. Se van. El viejito del "incendio" conversa con el personal de la ambulancia que son dos y por supuesto un hombre y una mujer. Le toman la presi√≥n. El otro viejito es conducido al autom√≥vil policial. El policia abre la puerta y le hace sentarse dentro del auto no sin antes tomar la rutinaria precauci√≥n de cuidarle la cabeza.

Uno de los paramédicos, el hombre, saca una camilla de la ambulancia y entre ambos acuestan al viejo y lo suben al vehículo. Los policías estan ahora conversando con vecinos, toman notas, saludan con sus gorros y se van. La ambulancia tambien.

Quedan los vecinos en batas y pijamas, copucheando. Ya me enteraré de los pormenores mas tarde: quiénes eran, qué hacían, por qué había humo en el departamento del quinto piso, etc.

Aprovechando que ni siquiera son las siete y media de este sabado inusual me voy a dormir.

¡Buenos días!

Ian Welden

Ian Welden DINAMARCA Nac√≠ en la otrora tranquila ciudad de Santiago de Chile en 1948. Mi infancia feliz consisti√≥ en trepar a los maravillosos bellotos y sauces de mi barrio para inspeccionar nidos y huevos de misteriosas aves; enamorarme de cuanta ni√Īita encontraba a mi paso y escribir y dibujar cuentos y c√≥mics. La adolescencia me sorprendi√≥ siendo un estudiante que jam√°s estudiaba pero que ganaba todos los concursos de cuento y poes√≠a del Liceo n√ļmero cinco de hombres, Jos√© Victorino Lastarria. Estudi√© publicidad, artes pl√°sticas y comunicaci√≥n de masas en la Universidad T√©cnica de Santiago y en 1974 organiz√© mi mochila con lo estrictamente necesario y vol√© a buscar consuelo donde mi madre patria, la maravillosa ciudad de Barcelona. Un a√Īo mas tarde camin√© hasta Escandinavia, Copenhague, donde desempaqu√© y clav√© para siempre mi bandera chilena. En realidad toda mi vida me la he pasado escribiendo, haciendo gr√°fica y componiendo m√ļsica, pero jam√°s he publicado. En Dinamarca trabaj√© en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja Danesa. Entre otras labores, escrib√≠ "tomos" de poemas y relatos acerca del destino de refugiados de casi todos los pa√≠ses del mundo. Coleccion√© tambi√©n sus escritos e historias e hice una exposici√≥n de mis artes gr√°ficas acerca de la guerra civ√≠l en Yugoeslavia ("GUERRA MUNDIAL TERCERA FASE"). Ahora ya viejo, descanso en los banquitos de las plazas de La Calle Larga de Valby (Valby es mi barrio en Copenhague); visito por las noches el Caf√© Cir√© y escribo estos "milagros". Por qu√© "milagros"...? Ian Welden

Valby, Copenhague.

ian.welden@mail.dk

Milagros

ian.welden

Cuento original de Ian Welden, 2010.


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