Cuentos:Nostalgia

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Nostalgia


 

Milagro: NOSTALGIA

Ian Welden, 2009.


Hoy despert√© con un dolorcito en el alma. Abr√≠ las cortinas y estaba lloviendo asi como llov√≠a en esas ma√Īanas de junio en Santiago cuando mi mam√° me despertaba y lo primero que me llamaba la atenci√≥n era el plic plac, plic plac, de las gotitas.

Dios m√≠o! Hace cien a√Īos que no veo a mi Santiago de CHILE! -Me dije, como despertando de un sue√Īo longevo y abrumador-.

Me levanté, me duché, me vestí y salí a caminar bajo la lluvia.

Había amanecido y el día levemente gris calzaba a la perfección con mi estado de ánimo. No había gente, sólo un perrito extraviado que se acercó a mí llorando y pidiéndome companía. Yo le di mi mano a olfatear y le gustó mi olor a tabaco, Nescafé y jabón. Me siguió.

Pasó un auto. Palomas volaron desde una antena al tejado de una casa de puro aburridas. Chincoles jugaban en las posas de agua. "Mi" perrito al quien bauticé Roberto, encontró una caja con media pizza y me ladró pidiéndome permiso. Le hize un vamos y se la trago con fruición en tres masticadas. Lamió la caja con precisión y se acercó a mí moviendo la cola con extrema felicidad.

Seguía lloviendo.

El diarero, Stanley, pas√≥ en su mountain bike y me grit√≥ a manera de saludo "Loco! est√°s empapado!" No le hice caso pero a Roberto le dio un ataque de ladridos. Mir√© mi reloj y eran las seis de la ma√Īana. Nos encaminamos hacia la Calle Larga de Valby.

Ahí la falta de seres humanos era total. Los negocios cerrados y el Café Ciré también. Si no hubiera sido por esta profunda saudade por Santiago, este paseo se habría tornado aburrido y no nostálgico.

Pas√≥ bicicleteando "La Chancha". La mujer que vive en el tercer piso frente a mi ventanal. Tiene la piel rosada y avejentada como la de un cerdo a punto de ser sacrificado. Siempre se ha negado a saludarme a pesar de que ya ha vivido en el barrio quince a√Īos. Me mira desde su ventana cuando salgo de la ducha y me seco en el living. Me niego rotundamente a cerrar las cortinas porque no es mi problema.

Es extra√Īa esta Calle Larga de Valby sin transe√ļntes y sin milagros. Me da la precisa dosis de nostalgia que necesito... Ser√© masoquista? El siempre sonriente Pi√©rre abri√≥ las puertas del Caf√© y se dedic√≥ a sacar sendos barriles cerveceros vac√≠os: "Bonjour monsieur Ian! Que es que c√©? Le Tristeze? Le nostalg√≠? le saudade? Sa va?", me grita desde el otro lado de la calle.

Roberto le ladr√≥ un par de veces a manera de respuesta y espant√≥ a las palomas que ahora com√≠an granitos de arena en la vereda. Pas√≥ trotando un pastor alem√°n empapado pero "mi" perro, peque√Īo y l√°nguido lo mantuvo alejado con una inteligente t√°ctica: simplemente se neg√≥ a olerle los genitales.

Me sent√© en un banco y sonaron las campanadas de una iglesia. Pas√≥ marchando "El Milico" y nos dijimos hej!. Vive en un departamento en mi edificio. Es alt√≠simo y flaco como un hueso. Yo le digo El Milico porque siempre camina como marchando y sube y baja las escalas a saltos gigantescos a pesar de sus setenta a√Īos o m√°s de edad. No tengo idea de qu√© hace ni a d√≥nde va siempre tan apurado.

La Calle Larga de Valby comenzó lentamente a poblarse.

Pasó el "ciclista", con la cabeza agachada y su bolsón de cuero colgando de un hombro, siempre arrastrando su viejísima bicicleta. Yo le dije hej! y el me miró atónito, desconcertado, sin contestarme. Como de costumbre.

Divis√© a la distancia a un grupo de personas corriendo hacia donde est√°bamos. Eran los vikingos milagreros! Se instalarion en la plaza, cerca de m√≠ y se pusieron a cazar jabal√≠es salvajes y a tomar mi√łl en gigantescos jarros cerveceros. Con sus cascos con cuernos de toro y sus t√ļnicas marrones se ve√≠an temibles.

Lleg√≥ tambien Per el organillero, produciendo siluetas de colores cada vez que hacia girar su manivela. Los vikingos cantaban con sus voces de bajos y las vikingas cuidaban a los ni√Īos y beb√©s. Y Per gritaba "siluetas para los ni√Īitos! Siluetas de colores para los ni√Īitos!"

Roberto aullaba descontrolado y mi querida nostalgia fue transformándose en una alegría desagradable.

Cesó la lluvia. Salió el sol. Maldición! Si yo estaba sintiéndome tan bien con mi saudade santiaguina.

Me encamin√© a casa seguido por Roberto y me met√≠ en mi cama nuevamente, buscando alguna dosis de nostalgia como para quedarme dormido y so√Īar con Santiago llovido en junio.

Roberto se tendi√≥ en el suelo rasc√°ndose una oreja y se qued√≥ dormido so√Īando con el pa√≠s de los perros felices...

Ian Welden DINAMARCA Nac√≠ en la otrora tranquila ciudad de Santiago de Chile en 1948. Mi infancia feliz consisti√≥ en trepar a los maravillosos bellotos y sauces de mi barrio para inspeccionar nidos y huevos de misteriosas aves; enamorarme de cuanta ni√Īita encontraba a mi paso y escribir y dibujar cuentos y c√≥mics. La adolescencia me sorprendi√≥ siendo un estudiante que jam√°s estudiaba pero que ganaba todos los concursos de cuento y poes√≠a del Liceo n√ļmero cinco de hombres, Jos√© Victorino Lastarria. Estudi√© publicidad, artes pl√°sticas y comunicaci√≥n de masas en la Universidad T√©cnica de Santiago y en 1974 organiz√© mi mochila con lo estrictamente necesario y vol√© a buscar consuelo donde mi madre patria, la maravillosa ciudad de Barcelona. Un a√Īo mas tarde camin√© hasta Escandinavia, Copenhague, donde desempaqu√© y clav√© para siempre mi bandera chilena. En realidad toda mi vida me la he pasado escribiendo, haciendo gr√°fica y componiendo m√ļsica, pero jam√°s he publicado. En Dinamarca trabaj√© en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja Danesa. Entre otras labores, escrib√≠ "tomos" de poemas y relatos acerca del destino de refugiados de casi todos los pa√≠ses del mundo. Coleccion√© tambi√©n sus escritos e historias e hice una exposici√≥n de mis artes gr√°ficas acerca de la guerra civ√≠l en Yugoeslavia ("GUERRA MUNDIAL TERCERA FASE"). Ahora ya viejo, descanso en los banquitos de las plazas de La Calle Larga de Valby (Valby es mi barrio en Copenhague); visito por las noches el Caf√© Cir√© y escribo estos "milagros". Por qu√© "milagros"...? Ian Welden

Valby, Copenhague.

ian.welden@mail.dk

Cuento original de Ian Welden. Invierno 2009.


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