Cuentos:El Tío Pelayo

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El Tío Pelayo


 

Milagro: EL T√ćO PELAYO
"En memoria del genial y generoso Pelayo Gajardo, que en paz descanse.
Y para todos los ni√Īos y ni√Īas del mundo que no tienen un padre o una madre, pero s√≠ un noble t√≠o o t√≠a que los quiere y cuida".


Yo ya no tuve padre a la edad de diez a√Īos. √Čl, siendo extranjero, regres√≥ a su pa√≠s y no lo volv√≠ a ver jam√°s. Esa separaci√≥n me caus√≥ un dolor tan profundo que a√ļn lo llevo intacto en alg√ļn lugarcito de mi alma. El hermano de mi abuela Graciela, el t√≠o Pelayo, asumi√≥ voluntariamente la tarea de ser mi figura paternal. Era mi t√≠o preferido y siempre me invitaba a su vieja y casi derrumbada casa en el pueblecito de Papudo, litoral chileno. Los temblores y terremotos la fueron convirtiendo lentamente en una especie de vivienda embrujada, de esas que ve√≠amos en las pel√≠culas de Walt Disney, pero la vida bull√≠a con alegr√≠a y siempre hab√≠a un lugarcito para m√≠ entre mis primos, primas, t√≠os y t√≠as.

No tengo idea en qu√© se ganaba la vida. Siempre vest√≠a el mismo traje, corbata y zapatos muy envejecidos. Y un malet√≠n, de cuero de dinosaurio, dec√≠a √©l, por lo avejentado que ya estaba. Pero jam√°s faltaba comida en la mesa,para doce personas o m√°s, y braseros en los dormitorios para no morirnos de fr√≠o en las g√©lidas noches del Oc√©ano Pac√≠fico. Y por supuesto alg√ļn dinero para comprar caramelos Ambrosoli.

A falta de recursos económicos para adquirir un automóvil encontró una ambulancia abandonada en un basurero; la llevó a su casa y con paciencia la fue limpiando y reparando hasta que la hizo funcionar. Incluyendo la sirena. Y el viaje de inauguración del vehículo lo hicimos con serpentinas y globos a altas velocidades por las polvorientas callecitas de Papudo y la sirena poderosa asustaba a gallos y gallinas, chanchos y caballos y otros seres comunes en la vida del pueblo.

En casa del t√≠o me enamor√© por primera vez. Fue de mi prima Sarita. ¬°Ay, qu√© terrible se√Īor! Era un amor correspondido pero absolutamente plat√≥nico. Camin√°bamos por la playa recogiendo envoltorios de caramelos Ambrosoli para nuestra supuesta y fingida colecci√≥n, y no nos atrev√≠amos a mirarnos mucho a los ojos porque cuando lo hac√≠amos era como mirar al sol de frente. Un destello de luz nos cegaba y ruborizaba.

Trepábamos por las rocas de la playa en los atardeceres y teníamos nuestro lugarcito predilecto cerca de los botes ya amarrados para la noche. Ahí cantábamos canciones de moda tales como "Mi amor, mi corazón, eres tan bella, cómo un melón..!"

Todav√≠a y ya en mi vejez me duele el alma cuando la escucho en la radio. No recuerdo qu√© sucedi√≥ con nuestro amor. Creo que nos perdimos en los recovecos de la vida... Recuerdo tambi√©n a mi prima Isabel, muy hermosa y de ojos verdes y penetrantes como diamantes a la luz de la luna. Ten√≠a mi edad, 10 a√Īos, y √©ste era un amor decididamente sensual pero jam√°s consumado. Un d√≠a, en una de las carpas que hab√≠a en la playa y que se usaban para cambiarse de ropa, me baj√≥ el traje de ba√Īo y ah√≠ estuvimos, de pi√© el uno frente al otro con los ojos cerrados... porque no sab√≠amos qu√© m√°s hacer.

Mi t√≠o me ense√Ī√≥ a peinarme como hombre. Ni mi padre ni mi madre se hab√≠an preocupado de hacerlo y mi cabello siempre muy largo ca√≠a revuelto como el de un espantap√°jaros sobre mis anteojos y orejas. √Čl me llevo a la peluquer√≠a y ah√≠ despu√©s que me cortaron un kilo de pelo, sac√≥ su propia y sagrada peineta del bolsillo y me dijo: "De este lao pa¬īla izquierda y aqu√≠ te hac√≠s la partidura. Y este lao pa¬īla derecha y quedai macanudo!"

Y yo hasta el día de hoy me acuerdo de él cada vez que me peino.

√ćbamos todos a pescar al destartalado muelle de Papudo por las noches. Una vez me ca√≠ al agua. Habr√≠a tres metros de altura desde la plataforma del muelle al mar. Me estaba ahogando entre la griter√≠a de mis primos y de los pescadores. En medio de mi angustia, apareci√≥ mi t√≠o a mi lado en el agua, con su traje y corbata y zapatos, y me salv√≥ la vida. Era mi h√©roe.

Cuando yo vivía con mi madre en Santiago, el tío Pelayo venía a visitarnos. Llegaba en su ambulancia con sirena y todo, causando risa o espanto entre mis vecinos. Generalmente planificaban con mi madre, abuelo y abuela, mi próxima estadía en Papudo, lo que me alegraba el alma porque podría ver a Sarita e Isabel nuevamente.

Pasaron los a√Īos. Mi adolescencia me llev√≥ a vivir a otros pa√≠ses y perd√≠ todo contacto con √©l. Me fui a Barcelona donde viv√≠ un a√Īo y desde ah√≠ me traslad√© a Copenhague. La primera vez que viaj√© nuevamente a Chile lo primero que hice fue llamarlo. Hablamos por tel√©fono y quedamos en encontrarnos en el Kika, un caf√© restaurante muy famoso en la calle Providencia, cerca del inmundo Canal San Carlos, en Santiago de Chile.

Nuestra reuni√≥n fue triste. Me cont√≥ de la muerte de su adorada esposa, la t√≠a Gary. Se ve√≠a muy viejito, con un bast√≥n. Le pregunt√© por la ambulancia y nos re√≠mos. La soledad lo embrujaba. Eso era. Este hombre maravilloso, genial y generoso, que una vez fue el esp√≠ritu vivo de varias generaciones en nuestra familia, hab√≠a sido abandonado por nosotros cuando m√°s nos necesitaba. Sent√≠ verg√ľenza y se lo dije. El guard√≥ silencio.

Nos dimos un gran abrazo y se fue de mi vida para jam√°s volver, apoy√°ndose en su viejo bast√≥n, seguramente a golpear en alguna puerta para mendigar una tacita de t√© y un poco de compa√Ī√≠a.

La vida puede ser muy ingrata ni√Īos queridos.

Ian Welden DINAMARCA Nac√≠ en la otrora tranquila ciudad de Santiago de Chile en 1948. Mi infancia feliz consisti√≥ en trepar a los maravillosos bellotos y sauces de mi barrio para inspeccionar nidos y huevos de misteriosas aves; enamorarme de cuanta ni√Īita encontraba a mi paso y escribir y dibujar cuentos y c√≥mics. La adolescencia me sorprendi√≥ siendo un estudiante que jam√°s estudiaba pero que ganaba todos los concursos de cuento y poes√≠a del Liceo n√ļmero cinco de hombres, Jos√© Victorino Lastarria. Estudi√© publicidad, artes pl√°sticas y comunicaci√≥n de masas en la Universidad T√©cnica de Santiago y en 1974 organiz√© mi mochila con lo estrictamente necesario y vol√© a buscar consuelo donde mi madre patria, la maravillosa ciudad de Barcelona. Un a√Īo mas tarde camin√© hasta Escandinavia, Copenhague, donde desempaqu√© y clav√© para siempre mi bandera chilena. En realidad toda mi vida me la he pasado escribiendo, haciendo gr√°fica y componiendo m√ļsica, pero jam√°s he publicado. En Dinamarca trabaj√© en los campamentos para refugiados de la Cruz Roja Danesa. Entre otras labores, escrib√≠ "tomos" de poemas y relatos acerca del destino de refugiados de casi todos los pa√≠ses del mundo. Coleccion√© tambi√©n sus escritos e historias e hice una exposici√≥n de mis artes gr√°ficas acerca de la guerra civ√≠l en Yugoeslavia ("GUERRA MUNDIAL TERCERA FASE"). Ahora ya viejo, descanso en los banquitos de las plazas de La Calle Larga de Valby (Valby es mi barrio en Copenhague); visito por las noches el Caf√© Cir√© y escribo estos "milagros". Por qu√© "milagros"...? Ian Welden

Valby, Copenhague.

ian.welden@mail.dk

Acuarelas de Maritza √Ālvarez

Villa Alemana, Chile

maritza_alvarez_vargas@hotmail.com

Cuento original de Ian Welden, 2009.


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