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Adolescencia: 8 Puntos Referente

Ocho puntos claves de la etapa de la adolescencia, por Claude Halmos.


Claude Halmos: Adolescencia: 8 Puntos de Referencia

Psychologies.com
Traducción realizada por Internenes.com

"Padres, no le tengáis miedo a la adolescencia"

La etapa entre la infancia y la edad adulta no es fácil de vivir para los adolescentes. Y mucho menos para los padres. La psicoanalista Claude Halmos señala algunos referentes para abordar mejor los problemas y responder a una preocupación mayor: ¿Cuáles son los signos que deben preocupar?

Una zona de turbulencia

No es ningún secreto para nadie: la adolescencia es una zona de turbulencias: No «sacude» tan sólo a los que la atraviesan -los adolescentes-, sino también a los que lo rodean y, en primer lugar, a sus padres.»

Éstos, confrontados a un hijo que cambia, ven en efecto que sus puntos de referencias se pierden y, desorientados, viven, muchos de ellos, con el miedo de estar pasando al lado de un problema, incluso de una catástrofe. De ahí que acudan angustiados a los especialistas: «Pero ¿cómo nos damos cuenta de que un adolescente va mal? ¿Cuándo hay que preocuparse?

La búsqueda de signos

La búsqueda de «signos» que permitiría saber lo que está ocurriendo es comprensible, pues el adolescente es, para sus padres, tan imposible de atrapar cómo el hurón de la canción. El proceso, sin embargo, no deja de tener su peligrosidad. Presenta efectivamente un riesgo mayor: el de colocar a los padres en una lógica de «caza de la enfermedad». Su angustia los predispone a este acoso y sus miedos tienen todas las papeletas de ser sobrestimadas por lo que supone la noción de «signos». Hablar en estos términos induce a la idea que estos signos serían los mismos en todos los adolescentes, que tendrían en todos la misma significación y constituirían siempre las premisas de un trastorno grave.

Sin embargo, eso no es así. Que una jovencita refunfuñe para alimentarse no significa que sea, de aquí en adelante, «una anoréxica». Está expresando con ese rechazo por alimentarse una dificultad para vivir que no consigue decir con palabras. Su sufrimiento puede ser más o menos importante, pero siempre es singular. No tiene el mismo sentido que el de otra adolescente que presentaría trastornos equivalentes y debe en cada caso, ser descifrado en función de la historia personal. Anquilosar de entrada las cosas poniéndole una «etiqueta» sería un error pues, en la adolescencia, todo está en movimiento, lo peor y lo mejor.

Esto, además, sería un error peligroso, pues los adolescentes están siempre dispuestos a identificarse con la imagen que se les propone de ellos mismos. Objetos de un diagnóstico, pueden verse impulsados, si no tenemos cuidado, a retomarlo por su cuenta y «cargar las tintas» con los síntomas para «cuadrar con el personaje».

De observadores a incompetentes.

La búsqueda de signos, es peligrosa también para los padres. Prisioneros de tal lógica, se ponen a menudo, creyendo que están actuando bien, en posición de «observadores» de su hijo. Esta actitud es perjudicial, pues su mirada, parasitada por la angustia, no les hace ver nada más que lo que ellos temen e imaginan.

Lo es igualmente con respecto a su hijo. El que «observa» efectivamente, ya no «escucha». Ahora bien, lo que un adolescente necesita, no es estar bajo el microscopio ni que espiemos sus hechos y sus gestos, lo que necesita es que lo escuchemos. El adolescente que se siente «observado» por sus padres vive siempre esa actitud como una prueba de desconfianza hacia él. Esto rompe por un lado la confianza que tienen en ellos y la que puede tener en él mismo. Pues sea cual sea la impertinencia que manifieste, la opinión de sus padres cuenta. Es incluso un apoyo esencial para la imagen que está construyéndose de él mismo.

Enfin, contrariamente a lo que ellos creen, el conocimiento de signos no hace a los padres más «sabios». Al contrario. Si este saber exterior a ellos mismos les reconforta en un primer momento, con el tiempo los hace siempre sentirse todavía más «incompetentes». Les impide incluso, en numerosos casos, seguir una intuición que era justa. Si se niegan a dejarse engañar por ilusorios «modos de empleo» que se les propone, aquí o allí, ¿qué pueden hacer los padres que se preocupan por evaluar los problemas de sus adolescentes?

Los 8 puntos de referencias

Debemos comprender que si en materia de adolescencia, no hay ni «recetas» ni «saber milagroso», existen algunos puntos de referencia que pueden servir de brújula. ¿Cuáles son?

1) La adolescencia no es una enfermedad, aunque haga sufrir. El adolescente no está «enfermo», está en mutación. El matiz es importante.

2) La adolescencia nunca trancurre "bien". O más exactamente, si transcurre bien –es decir sin choques–, entonces nos tenemos que preocupar. Una educación no es exitosa a menos que permitamos que en la adolescencia nos sublevemos contra ella, y una sublevación, siempre hace ruido.

3) Recordar que la adolescencia equivale a una etapa de construcción. El adolescente debe derrumbar todo en él para reconstruirse y, para ello, debe excavar hasta en los cimientos de su infancia.

Esta importancia de la obra tiene tres consecuencias:

• Nadie puede preveer con certeza cuánto tiempo va a durar.

• Un cierta "cuota" de problemas es inevitable: trabajos de esta magnitud no pueden efectuarse sin incidentes.

• Como en toda renovación, no estamos a expensas de sorpresas desagradables. Las más graves están ligadas a defectos en la construcción inicial. La adolescencia actúa como un revelador de lo que no estaba en su sitio desde la infancia. Es la ocasión de descubrimientos dolorosos pero que tienen una ventaja: una vez que los problemas salen a la luz, podemos solucionarlos.

4) ¿Sobre qué se sustenta esta construcción?

Sobre todo. Es decir sobre todo lo que constituye los pilares del psiquismo de un ser humano.

La adolescencia pone en obra:

El narcisismo, la imagen, buena o mala que el adolescente tiene de él.

Su «ser sexuado»: se siente «¿verdaderamante chico?» «¿verdaderamente chica?».

Su sexualidad: ¿qué le gusta de verdad? ¿los chicos ? ¿las chicas?

Su individuación, es decir su capacidad de ser, de pensar y de decidir por él sólo.

Su deseo de vida: la fuerza interior que lo empuja –o no– a tener proyectos, a querer construirse un futuro;

Su relación con «la ley»: su reconocimiento –o no– del « valor de los límites, de las reglas sociales.

Su relación con lo «social»: con las instituciones, con los adultos externos a la familia, a la autoridad.

Su vida relacional: su capacidad para buscar a los demás, para hacerse amigos.

5) Problemas normales pueden surgir por lo tanto en diferentes niveles:

El narcisismo: una falta de confianza en uno mismo. El cuerpo se está transformando y no controlamos la imagen que damos a los demás.

Su «ser sexuado»: una niña puede, por miedo a la feminidad, jugar a ser una «marimacho» y un niño, «hacerse el duro» porque teme no tener bastante virilidad.

La sexualidad: la buscan y nos buscan. Nacen emociones, a veces homosexuales, y éstas dan miedo.

Su individuación: dudan con lanzarse en la vida. Buscan, quizás demasiado, el consentimiento de los padres o su ayuda para cosas que deberían hacer sólo.

Los proyectos: se hacen preguntas sobre el sentido de la vida. Avanzar, ¿pero para hacer qué cosa?

La ley: se niegan a «pagar un precio» por trabajar. Coquetean con las prohibiciones, rozan la delicuencia.

La vida relacional: es complicado « hacer amigos» también puede ocurrir que uno se convierta en el rehén de su «pandilla» y en este caso, parece no tener personalidad.

6) Si tantos problemas son «normales», a partir de cuando ¿hay que inquietarse?

La respuesta es simple: cuando los problemas son verdaderamente importantes o cuando duran verdaderamente mucho tiempo. Un adolescente replegado en sí mismo, que no tenga ningún amigo, que no tenga vida afectiva – sin «novio» o «novia» que abandona totalmente sus estudios, o que está triste, parece no tener ningún deseo de vida y ningún proyecto, y claro está, un adolescente que "se lanza" a la delincuencia -aunque sea un acto poco relevante– debe preocupar.

Debe igualmente preocupar que un adolescente esté en una continua pelea sin fin, con sus padres, por todo y por nada. Pues a menudo con esta forma de funcionar intenta evitar las cuestiones importantes.

7) ¿Qué hacer si se siente que está en peligro?

Podemos proponerle al adolescente llevarlo a una consulta. Pero es más juicioso que los padres vayan primero solos a un especialista para comunicarle sus dudas. De este modo puede ser evaluada la cuestión y pueden estudiar con el profesional el tipo de ayuda que debe recibir el adolescente. En el caso de que el adolescente se niegue a ir a la consulta, al menos ellos pueden beneficiarse de esa ayuda.

8) Con respecto a los padres que continuarán culpabilizándose con la idea de que no son perfectos: ¡dejen de flagelarse!

Para llegar a ser adultos, vuestros hijos necesitan separarse de vosotros, y, por un tiempo, rechazaros. El que no seáis perfectos, es una oportunidad para ellos. Si ustedes lo fuesen, jamás podrían dejaros…

Biografía de Claude Halmos: Formada por Jacques Lacan y Françoise Dolto, Claude Halmos ha pasado consulta durante más de veinte años en un hospital de la periferia parisina. Ha trabajado también con bebés y niños víctimas de maltrato graves. Es autor además de Parler, c´est vivre (Nil 1997) Hablar, es vivir.

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