Psicologia:Adopcion, Apego y Resiliencia

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Adopcion, Apego y Resiliencia

Análisis de casos sobre la adopción con el Dr. Boris Cirulnyk.


Boris Cyrulnik. Debates sobre la adopción, el apego y la resiliencia.
Traducción realizada por Internenes.com

Verónica: Hace veinte años, adopté una niña pequeñita que vino de Rumanía. Tenía 18 meses. He ha costado mucho crear un vínculo de apego con ella. Y cuando leía en sus libros que el amor permite rescatarlo todo, lo odiaba. Porque entraba en culpa al no conseguirlo. Me daba vergüenza pues me sentía una madre incapaz…

B. Cyrulnik: Su crítica me conmueve y oigo cómo suena a legítima. La adopción es el prototipo de la resiliencia: todos los niños adoptados no han sido maltratados, pero todos los niños adoptados han cambiado de brazos, cambiado de cultura, y a veces incluso su familia ha cambiado de color. Cuando empecé a trabajar sobre la resiliencia, quería demostrar que era posible “recuperar” estos niños abandonados. Es verdad que en nuestros primeros trabajos, dimos una impresión de optimismo exacerbado, pues muchos de esos niños se recuperan; pero no todos… La resiliencia neuronal es más fácil de provocar que la resiliencia psicológica. Los niños abandonados manifiestan todos, un retraso en la estatura y en el peso. Pero una vez que se les adoptan, recuperan ese retraso. Por eso digo siempre que es más fácil cambiar un metabolismo que destruir un prejuicio. Los estudios muestran que durante tres años, el 80% de los niños adoptados manifiestan lo que llamamos un apego “esquivo”, por miedo a ser querido. Tienen miedo de ser amados: ¡Eso no quiere decir que no lo deseen! No hemos sabido explicar que a estos niños hay que enseñarlos a amar. Me he equivocado al no decirlo bastante alto. Pero, yo también, era un principiante…

Verónica: ¿Puede ocurrir que a una edad no sea posible desarrollar un apego?

B. Cyrulnik: Hace cinco años, hicimos un estudio en Toulon. A esos niños que eran lo que yo llamo “maltratados por la vida” -maltratados porque tienen una enfermedad, o porque están en dificultad, o porque son maltratados, o porque viven en condiciones precarias que hacen que la vida cotidiana sea una agresión constante. Les hemos hecho un seguimiento y los hemos visto con regularidad durante 15 - 20 años. Nuestra conclusión es clara: los apegos que han sido descritos por los psicólogos o los neurólogos no indican nada más que tendencias, no son nunca determinantes. Casi todos los apegos son flexibles: vemos apegos indiferentes al afecto, a menos que exista un vínculo estable, a menos que exista otro modo de amar en el interior de la familia. Lo que hemos constado es que, la estabilidad afectiva se presenta después del primer amor, momento clave en las que las personas aprenden a amar. A partir de ahí, el marcador de “apego seguro” asciende muy rápido. Esto significa que una vez que hemos aprendido a amar mejor, uno se repara. Y para mí esto es una verdad hasta los 120 años. Después, es menos verdadero… (Risas.)

Catherine: Entonces ¿en esto consiste el poder del amor?

Boris Cyrulnik: Yo a esto le llamo el poder del apego… El apego es diferente al amor. Vivo con él, con ella, todos los días, y lo quiero, la quiero aunque cada mañana, tengo que esperar un cuarto de hora que se tome su café para empezar a sonreír… Vivo con él, con ella, estoy apegada a él, a ella. Es muy diferente al amor.

Elizabeth: Soy directora de una guardería infantil y me cuestiono acerca de la custodia compartida. ¿Cuáles son los riesgos que padecen estos niños, que cambian de casa cada dos semanas, de desarrollar desarreglos de apego?

Boris Cyrulnik: La estabilidad afectiva del primer año crea apego “seguros”. La estabilidad afectiva, estadísticamente viene de la madre, pero puede venir igualmente del padre – si la madre ha muerto, está enferma o tiene dificultad – o de otra figura adulta. Efectivamente, lo importante reside en la creación del “nicho sensorial” construido en el interior del niño. Es decir en el modo en de tocarle, de lavarlo, de alimentarlo, en el modo de hablarle. Si la madre es infeliz, no hace posible la creación de un nicho sensorial afectuoso alrededor de su bebé: está pensando en otra cosa cuando lo cambia o lo alimenta… Entonces el nicho sensorial es pobre, todas las estimulaciones biológicas son pobres, y los bebés aprenden mal. Pero los niños que han conocido una estabilidad afectiva y cuyo nicho sensorial ha sido potente durante el primer año aprenden a amar.


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