Psicologia:Bebés Gigantes

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Bebés Gigantes

Cuando los adolescentes maltratan a sus padres. Artículo de Claude Seron, psicopedagogo francés.


¡Cuando los adolescentes maltratan a sus padres! Claude Seron, Piscopedagogo
Traducción realizada por Internenes.com

“Bebés gigantes”: así podríamos llamar a esos adolescentes que tienen dificultad en convertirse en adultos porque están rodeados de una madre enteramente a su servicio y de un padre que no ha asumido realmente su papel de autoridad. Adolescentes que se convierten en jóvenes tiranos domésticos en una familia desamparada donde nos encontramos a veces con padres a los que se les pegan...

“Bebés gigantes”, la expresión es fuerte. Se la debemos a Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra y etólogo francés muy conocido por las obras que ha redactado sobre los temas del apego y la resiliencia (1). Los bebés gigantes son originarios de padres vulnerables, demasiado atados a sus hijos. En estas familias, la “hipermadre” lo gestiona todo, educa a su hijo como un trofeo, se ocupa de todo, mientras tanto “el hipo-padre”, se queda postergado y acepta implícitamente ocupar un papel periférico en el seno familiar. No se trata de que muestre indiferencia por las vivencias del hijo o la hija sino que atestigua una entrega emocional muy débil.

El niño se desarrolla en este campo sensorial donde aprende a convertirse en un pequeño tirano que les exige a sus padres que estén totalmente entregados a la satisfacción inmediata de sus necesidades. No podemos ni siquiera hablar de deseos: para que haya deseo, tiene que haber un mínimo de carencia, de modo que podamos soñar, aspirar, fantasear…

Cuando se es un bebé gigante atravesado por padres dedicados a sus necesidades, no se le da al deseo tiempo para nacer.

Del hijo rey idolatrado por sus padres hasta el hijo déspota que impone su ley, no hay más que un paso. Asistimos de este modo, al nacimiento de un fenómeno que todavía ha sido poco descrito: el maltrato de los adolescentes hacia los padres. Cuando en el medio social de estos adolescentes no se ha desarrollado suficientemente el aprendizaje de las inhibiciones, del altruismo, de la reciprocidad y del respeto, en su mundo mental el comer, el dormir, el disfrutar, el pegar y el chillar se convierten en comportamientos de base.

Sobre todo en los ambientes más privilegiados

Boris Cyrulnik ha descrito y estudiado estos adolescentes y sus padres azotados. Los podemos encontrar en todas las capas de la sociedad. Pero los padres maltratados son más mayores que la media, tienen un nivel intelectual y social más bien elevado, o incluso privilegiado (2). En muchos casos se trata de madres que se ocupan solas de su adolescente o de familia mono-apego, es decir familias cerradas en sí mismas (a la inversa de familias donde el niño puede construirse en interacción con una constelación de relaciones diferentes y revitalizantes).

El joven crece en un ambiente de captura afectiva con una enorme dificultad para escapar del modelo impuesto por su madre la cual representa el único horizonte. En cuanto al padre, no tiene una presencia relevante, ya sea porque no coge su sitio, ya sea porque su mujer lo descalifica, o ya sea porque la sociedad, su trabajo o su aventura lo conducen a otra parte.

Cuando estos niños llegan a la adolescencia, al no haber aprendido rituales para ir al encuentro de los otros, se quedan ansiosos socialmente. Como no han tenido un padre que asegure el papel del tercero separador para poder desprenderse de ese envoltura afectiva melosa hasta la saturación, recurren a la agresividad. La violencia actúa como una válvula de seguridad que los protege de la representación de estar engullido en ese clima incestuoso (no incesto en el que se da paso al acto sexualizado)

Este encierro familiar está reforzado en nuestra cultura pues privilegia la carrera hacia los placeres inmediatos, anteponiendo al individuo y olvidándose de las estructuras de convivencia y solidaridad. Hoy en día, asistimos a una cierta dislocación de las estructuras que tienen una función separadora del niño con respecto a su familia: los grupos de amigos que comparten actividades comunes, las pandillas en los pueblos y barrios que disfrutaban del menor espacio para jugar al fútbol, los movimientos juveniles, los grupos de teatro…. Paralelamente se desarrollan en los jóvenes, modos de ocio autocentrados tales como las videoconsolas, la televisión o internet. El desvanecimiento psicosocial tiene algo que ver en la violencia que los jóvenes vuelcan contra sus padres. Todo se está derrumbando, en una sola generación.

Los efectos de la educación

Los bebés gigantes han nacido de padres que han sufrido de una educación muy austera y han decidido inscribirse erróneamente con respecto a este modelo. Sustituyen entonces las carencias de expresiones afectivas con una sobreabundancia de satisfacciones inmediatas y adoptan métodos educativos sobre todo basados en la búsqueda del consenso y del consentimiento del niño. Este modo de pensamiento lineal provoca una inversión de la lógica: “Si se le da todo a los niños, evitaremos los avatares de los desiertos afectivos”.

Por otra parte, para mantener o aumentar un nivel de vida confortable, los padres trabajan generalmente los dos fuera. Pero en las madres, esta elección está acompañada a menudo de un sentimiento de culpabilidad con respecto a sus hijos. Es muy tentador por parte de los padres el intentar compensar sus ausencias con toda clase de sustitutos materiales que nos propone por otra parte con fuerza nuestra sociedad de consumo.

Pero los padres se ilusionan con la función de sustituto que representa un frigo repleto, una sala de juegos rellena o un televisor instalado en la habitación del adolescente. Tenemos que saber que detrás de la demanda de un bien material se disimula a veces la esperanza de recibir más presencia y manifestaciones de amor y de atención por parte de los adultos.

Sin embargo, la observación sociológica del funcionamiento de la familia nuclear, aquí y ahora, es insuficiente para comprender el fenómeno de la agresividad del adolescente hacia sus padres. Pues ¿cómo se puede comprender que en el seno de una misma familia, uno de los hijos reaccione de manera violenta y no lo haga su hermano o hermana? Tan sólo cuestionándonos con los padres y eventualmente con los abuelos acerca de las relaciones en el seno de una misma familia sobre un mínimo de tres generaciones podemos formular hipótesis con respecto al sentido del comportamiento de unos y de otros. Tan sólo interrogándonos sobre las relaciones que los padres han tenido con sus propios padres podemos ayudarles a comprender y a humanizar sus comportamientos actuales que los dejan insatisfechos y hunden a sus hijos en una ausencia de encuadre que los contiene y los hacen sentirse seguros. ¿Por qué la madre conserva tal grieta en su estima personal? ¿De parte de quién le viene esa falta de reconocimiento al demostrar tan poca confianza en sí mismo? ¿En qué medida con su convicción de ser una madre despreciable no está alimentando las críticas y la violencia de su hijo?

Dejarse ayudar

Cuando los padres son víctimas de la violencia de su adolescente, pueden echarse mutuamente la responsabilidad y sentir grandes dificultades para solicitar ayuda externa, pues generalmente les da vergüenza de lo que ocurre en su casa y temen desatar la rabia de su propio hijo al denunciarlo a las autoridades judiciales.

Los oyentes de programas televisivos atestiguan numerosas llamadas telefónicas de padres angustiados que piden consejo porque no pueden ir a la comisaria a quejarse de sus adolescentes. Estos padres cuentan que no comprenden porque su hijo o su hija es apreciado en el exterior y es tan irrespetuoso en casa.

Para comprender y reaccionar, esos padres no deben dudar en pedir una ayuda exterior. Es importante que acudan a un psicólogo que los ayudará a reflexionar sobre las posibles causas del fracaso parcial de su paternidad, y que los aclaren proponiéndoles hipótesis sobre los encadenamientos dolorosos de las etapas de sus vidas y que los guie para tomar de nuevo el control de la situación…

(1) Parlera u bord du gouffre – Boris Cyrulnik- Odile Jacob -2004- 21,90 EUR

(2) Según Boris Cyrulnik, las profesiones más representadas son los juristas, los psicólogos y los médicos.

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