Psicologia:Celos entre hermanos

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Celos entre hermanos

Entrevista al psiquiatra infantil Marcel Rufo


Celos entre hermanos y hermanas Marcel Rufo (avec Violaine Gelly)
Traducción realizada por Internenes.com

Se pegan, se insultan y se desgarran. Las relaciones conflictivas entre hermanos y hermanas preocupan a menudo a los padres. El psiquiatra infantil Marcel Rufo las descodifica para nosotros.

Leer Frères et soeurs une maladie d´amour (1) de Marcel Rufo. Un análisis de lo que las relaciones fraternas pueden originar en el seno de la familia (Fayard, 2002).

Acunados con el mito de las familias unidas, ponemos en el mundo dos o tres hijos/as soñando con ofrecerles, durante la vida, amigos fieles, brazos solidarios, fuentes de ternura inagotables. Nos reconocemos en Mujercitas del doctor March y nos encontramos con Los hermanos Dalton.

“Estoy totalmente desesperado, confiesa Michel, 37 años, padre de tres hijos de 7 a 12 años. Ni una comida sin insultos, ni un domingo sin peleas… Sobre la familia recae una verdadera carga de agresividad. Oscilo entre las tentativas de arbitraje, los mamporros, los castigos. Nada sirve. Tengo la sensación de que se odian.”

No confundir violencia y odio

“Desde luego no hay pensar que dos niños que se pelean no se quieren, comenta el pediatra infantil Marcel Rufo. La relación fraternal es una guerra física, afectiva, verbal: los pequeños quieren igualar, incluso superar a los grandes, los cuales, por su parte, actúan preservando su supremacía.” Esto empieza a partir del nacimiento del segundo niño, que viene a quitarle el sitio al mayor en la vida familiar e, imagina él, el corazón de sus padres.

Bebé al que se le dan pellizcos discretamente, al que se amenaza con asfixiarle con una almohada, al que se garabatea en un dibujo porque “me ha salido mal”, o que plantea preguntas que incomodan: “oye mamá ¿cuándo lo devolvemos?...” En general, esto se resuelve con mucho amor y atenciones. Pero no para siempre. En la expresión de violencia entre hermanos y hermanas, hay que buscar… a los padres: deseo de atraer toda su atención, de captar tiempo presencial, de romper con el círculo vicioso de comparaciones malsanas… “Tengo trece meses de diferencia con mi hermana, cuenta Maryse, 38 años. A los ojos de mi padre ella era la más guapa, la más inteligente. Evidentemente, ella añadía más, me rebajaba constantemente. Entonces la atacaba, le pegaba. Cómo ocurriera algo, ella iba a quejarse y me daban una tunda. Hoy, sé que hacía eso para que se fijasen en mí. Quería que me quisiesen, y al fin y al cabo, aunque fuese a través de los golpes, mi padre se interesaba por mí.”

El adulto en el que se ha convertido Maryse no ha encontrado otro modo para conseguir salir de este círculo infernal más que la huida: “Me ha costado veinte años pero por fin he roto. Mis padres viven lejos de mí, cerca de mi hermana. Con todo esto, sigo sintiendo una culpabilidad terrible. No consigo perdonarme mi brutalidad. Y lo peor de todo es que la llevo dentro de mí.

A veces uno siente que los niños son cada vez más violentos. Es una idea falsa, asegura, Marcel Rufo: “No son los niños los que son más violentos, son los padres los que prestan más atención a esos sentimientos. En los años 50-60 los hijos le tenían tanto miedo a la autoridad paterna que no se atrevían a expresar sus rivalidades. Hoy, los niños se sienten autorizados para hacerlo. Entre otras cosas porque las familias están cada vez más sensibilizadas por el desarrollo psíquico del niño, y están realmente a la escucha.

La herencia parental

En la violencia que se expresa entre hermanos y hermanas, el comportamiento familiar ocupa un lugar de importancia. ¿Por qué estaría prohibido decirle a un hermano “eres un idiota” cuando es así como le habla mamá a papá? Todo esto sin contar con las heridas no cicatrizadas de las cuáles algunos adultos siguen padeciendo: “Si los padres pudieran volver atrás reflexionar y sentir hasta qué punto ellos mismos no han saldado sus conflictos con sus padres o sus hermanos, quizás comprenderían mejor la violencia que les han transmitido a sus hijos” explica Marcel Rufo.

Lisianne, 24 años ha sufrido la agresividad de su hermano: “Retrocediendo en el tiempo, he comprendido que reproducía la actitud de mi padre, que era muy exigente con él. Tenía que ser el mejor en todo, el más fuerte en todas partes. Consecuencia: o bien mi hermano reproducía con nosotros lo que vivía con papá, o se desahogaba para disfrazar su sufrimiento y su soledad. Su compañera me hizo saber un día que estaba roído por la culpa. Pero nunca ha hablado de ello. Nos comportamos como si esa violencia nunca hubiera existido. Sin embargo, me gustaría tanto decirle que él no tenía la culpa, que se debatía con sus propias heridas.”

Otros no olvidan y no perdonan nunca. Como Sandrine 45 años, nada puede borrar el rencor con respecto a un hermano violento “Toda mi vida está marcada por esa violencia: ha estropeado mi infancia, no me ha dejado vivir”. Hoy día sigo viéndome con mi hermano. Pienso que mantengo el vínculo para proteger a mis padres, por mantener el mito de la familia unida. Pero lo odio, tengo siempre deseos de matarlo.”

“Nada nos obliga a mantener una relación entre hermanos, interviene Marcel Rufo. Siempre hay que romper con los lazos dolorosos, pero con la familia es más difícil porque los padres sufren terriblemente con una relación fraterna desunida: lo interpretan como la prueba de un fracaso en su paternidad. Y el niño por lo tanto se culpabiliza.”

El tiempo repara las relaciones fraternas heridas.

Sin embargo, las cosas pueden cambiar. Elora, 17 años, cuenta: “Cuando era niño, con mi hermano, que es dos años mayor que yo, los insultos, las peleas, a veces bastante violentas eran a diario: patadas, puñetazos, nos provocábamos constantemente. En la adolescencia mi hermano empezó a ver en mí una cómplice. Actualmente, algunas noches, nos vemos en su habitación hasta horas intempestivas y hablamos de nuestros amigos, de nuestros amores… Si nos hubiesen dicho, cuando nos pegábamos constantemente, que terminaríamos por comprendernos de este modo, ¡no nos lo hubiéramos creído!”

Con el tiempo, las relaciones entre hermanos se convierten en un lugar de recuerdos, el de un pasado vivido junto, concluye Marcel Rufo. Una relación fraterna exitosa, es cuando uno se convierte en el amigo de su hermano o de su hermana.”

(1) Marcel Rufo: Hermanos y hermanas, una relación de celos y amor Ed. Grigalbo, 2004

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