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Padres y Adolescentes

Adolescentes: ¿Qué hacer cuando se es padre? Marcel Rufo.


Adolescentes: ¿Qué hacer cuando se es padre? Marcel Rufo (avec Christilla Pellé- Douël)
Traducción realizada por Internenes.com

El profesor Marcel Rufo, celebre pediatra infantil ha concedido una entrevista exclusiva para Santé AZ, con la ocasión de la salida de su libro: La vida en desorden.

Este psiquiatra explica porqué hoy - más que ayer - es más difícil ser padre. Nos dice cómo definir los límites que un adolescente no debería franquear, e insiste sobre el error de querer siempre agradar a los hijos. Para terminar, el Profesor Marcel Rufo da signos de alertas de la anorexia con sus soluciones, y con informaciones sobre la práctica del piercing y del tatuaje. En fin podréis saber más acerca de esto leyendo su libro.

¿Es más difícil ser padres de adolescentes hoy que ayer?

Por supuesto ¡de eso no cabe duda! Pero por razones que no dependen de los adolescentes nada más. Los padres se encuentran a menudo en situaciones infernales; primero porque ellos mismos atraviesan una crisis, la de la mitad de la vida. Resultado: las dos crisis, adolescencia-mitad de la vida, ¡se conjugan! Pero también porque vivimos en un culto por la juventud. La forma de relacionarnos con los hijos ha cambiado por completo: la autoridad una e indivisible del pater familia, ¡se acabó! De pronto, los padres oscilan entre ser el padre amigo, lo que yo rechazo de plano, y una gran rigidez.

¿Cómo definiría usted la adolescencia?

La adolescencia es la vuelta a la realidad. Después de la maravilla de la infancia, los jóvenes descubren la desilusión de ellos mismos (no seré cosmonauta) y la de los padres (pensaba que mi padre era el más fuerte del mundo… es falso). Este descubrimiento fundamental conlleva actitudes que pueden ir hasta el exceso: son las escarificaciones, las adicciones, la anorexia. Hacerse daño, es exteriorizar un mal interior. Hoy en día, hay una característica de la adolescencia que, según mis observaciones en consulta, se ha agravado: es la violencia. Y paradójicamente, esta violencia proviene sin duda de un exceso de bienestar, de felicidad. Estamos en una sociedad privilegiada. Entonces para sentir su realidad, algunos adolescentes intentan hacer daño, hacerse daño.

¿Entonces qué hay que hacer con los adolescentes?

Empleo a menudo la expresión siguiente: los padres deben ser los “entrenadores” de sus hijos: animarlos, sostenerlos, exactamente como pueden hacerlo los fans de un equipo de fútbol. Hay que cambiar el estatus parental y pasar del padre todopoderoso del niño pequeño, al padre al que el adolescente puede dirigirse para pedir ayuda. No sé es padre del mismo modo a lo largo de toda la vida. Ser padre es ser de plástico, es saber adaptarse a los cambios de los hijos.

¿Entonces hay que aceptar mucho, asumir, no poner límites?

¡En absoluto! Al contrario: los adolescentes tienen una necesidad perentoria de radicalidad. Esta radicalidad, firmeza, esos límites, deben colisionar con los de los padres; ser “entrenador” no quiere decir ¡soportar! Hay dos cosas: por una parte los padres deben indicar los límites educativos “tú no tienes que llegar hasta aquí, “esto, te lo prohíbo”, y ser coherente en las prohibiciones. Si hay trasgresión, hay una respuesta, una sanción. Si no colocamos al adolescente en una situación paradójica y ansiógena.

Estos límites no tienen que ver solamente con los que le imponemos al adolescente, tienen que ver también con los nuestros, como padres, como individuo. Hay que decirle “No soporto ya la imagen que me das de ti (en el caso de los anoréxicos, por ejemplo), no la acepto”, o “no me va” en la connivencia con el cannabis.

¿Hay padres que parecen tener miedo de no agradar a sus hijos?

Efectivamente, hoy día existen padres que tienen miedo de no ser queridos por sus hijos, tienen miedo a traumatizarlos… Entonces se anticipan a sus deseos, intentan “gustarles”. Pero ojo, un padre o una madre que “comprende” el rechazo de un hijo malherido por curarse, está expresando un amor mal entendido, que puede ser nefasto para el adolescente. Al contrario, los padres tienen que aceptar para querer en condiciones, de no ser queridos… al menos de vez en cuando.

¿Los padres estarían en una relación de seducción con sus hijos?

Los padres deben evitar “erotizar” las relaciones con sus hijos, cediendo a la tentación de seguir queriendo ser ellos mismos adolescentes. Cuando se es padre no se está en la seducción. En las familias reconstituidas, por ejemplo, existe un peligro de exposición del amor entre los padres. Lo que protege a los niños, es el pudor de los padres. Los adolescentes no deben conocer la vida sexual de sus padres, ni a la inversa, desde luego.

A los adolescentes el distanciamiento les permite poder construir su propia sexualidad, sin ser aturdidos.

Algunos comportamientos suscitan preguntas entre los padres. Pero a menudo el padre o la madre no saben cuándo deben actuar, y cómo. Puede ser el caso de una chica que empieza a vigilar más de la cuenta su línea. O un adolescente que se convierte en adepto del piercing.

¿Qué signos deben inquietar a los padres?

Una muchacha que hace régimen en el mes de mayo para ponerse en bañador en verano, eso no es preocupante. Un régimen no es un signo de anorexia. Por otra parte, cuando vemos la muchacha ponerse a contar las calorías, para eliminar tal o cual tipo de alimento, dicho de otro modo, para entrar en una especie de diligencia casi científica en su alimentación, todo acompañado de una pérdida rápida de peso, 5 kilos en dos semanas, entonces, hay que estar alerta. Otra cosa importante: si vemos la chica adelgazar, y ella se está quejando de que no lo consigue, hay presunción de anorexia.

¿Entonces qué deben hacer los padres?

Los padres deben reaccionar rápidamente, encajar el golpe, asumir el papel de padres y no quedarse en la comprensión: no se trata de comprender, se trata de curar, y pronto. La anorexia es una enfermedad grave. Los padres tienen que entrar en un proceso curativo. ¿Cuando un hijo tiene un cáncer se pregunta uno si hay que curarlo? ¡Por supuesto que no! Entonces hay que consultar: el médico de cabecera, un endocrino, da igual. Ni siquiera hay que ver un psicólogo en un primer momento. Por el contrario hay que desconfiar de una excesiva comprensión, de una complicidad por parte del médico. Los anoréxicos son unos grandes manipuladores.

¿Qué hay que decirles a los adolescentes?

Hay que decirles: “Escucha ya no te comprendemos. Vemos que tu actitud no es normal, que te haces daño. Vamos a consultar esto”. Y ¡hay que ir!

¿Y si el adolescente o la adolescente se niega?

Pues, ¡se va de todas formas! Incluso a la fuerza: busca uno ayuda en el hermano, el tío, con quién haga falta, a esto se le llama hacer uso del papel de padre responsable. El bienestar del hijo pasa primero por un “mal” para él.

La moda de los piercings y de los tatuajes preocupa a los padres. ¿Cuándo hay que intervenir?

¡La respuesta es aritmética y geográfica! Un piercing, vale.

Doce piercings, es patológico. Un piercing en la nariz, bueno. En la lengua, o sobre el párpado o las regiones genitales, eso plantea un verdadero problema. El de la mutilación. Sí, para ponerse guapo; si se hace uno daño, eso no es normal.

El problema es el mismo con los tatuajes: todo depende del número, del sitio, y añadiría de su significado. Textos agresivos tatuados, indican un malestar, un cuchillo tatuado encima del sexo, no es normal… ¿Comprende? Se trata de una instrumentalización del cuerpo, de su cuerpo… Los padres no deben aceptarlo. Deben poner una barrera. “Te haces daño, con esos piercings, esos tatuajes:“No te vamos a dejar que te hagas daño.” Una consulta se impone, con un pediatra infantil, en un Centro médico psicopedagógico (CMPP).

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