Psicologia:Ontogénesis de la empatía

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Ontogénesis de la empatía

Entrevista con el Dr. Boris Cyrulnik


¿Ha dicho usted la ontogénesis de la empatía?

Entrevista a Boris Cyrulnik
Traducción realizada por Internenes.com

Boris Cyrulnik es un showman. Póngalo en una tribuna, encuadrado entre dos responsables sindicales, delante de 450 personas y él se encarga de lo demás, a pesar del título intencionadamente provocador de su conferencia. (…)

Todas las civilizaciones, menos la nuestra, saben que el desarrollo empieza con el desarrollo del huevo: es la ontogénesis.

La empatía, es lo que sentimos de lo que siente el otro. El hecho de que sufra me afecta; participo a su sufrimiento, incluso si no lo comparto. Freud se sirvió mucho de la empatía en sus curas; estar codo a codo, pero separados (no fusionados). El acto de la palabra viene a rellenar el vacío entre nuestras dos subjetividades, para situarnos en la distancia correcta.

La empatía es el contrapunto de la agresión; puedo matar la flor si no tengo conciencia de hacerle daño. El esquema es el mismo para el depredador que mata el conejito para agradar a sus pequeños. Esta definición nos permite comprender que la empatía es sin lugar a duda el fundamento de la moral: no me permito todo, porque tengo conciencia del sufrimiento ajeno. Los grandes mamíferos tienen ese tipo de reacción, lo que permite imaginar que la moral precede a lo humano. Cuando ocurre una muerte de un primate, en un zoo, los animales dejan de comer de forma normal, tienen un extraño comportamiento de postración. Sin embargo, aunque se representan al muerto, no es seguro que se representen la muerte.

Límbica y prefrontal: coacción biólogica para las emociones

Este rendimiento intelectual, que permite una descontualización de las informaciones, no es posible nada más que para las especies que poseen un lóbulo prefrontal (soporte de la anticipación, por lo tanto de la angustia) conectado con el circuito límbico, circuito de las emociones, de la memoria. Si tenemos esa organización neurológica, no tenemos la posibilidad de darle sentido a lo que percibimos; para que yo esté molesto por el mal que hago, tengo que tener una representación del tiempo, una memoria, una experiencia.

Cuando se experimenta con monos de menos de 8 meses, constatamos que cuando piden el despioje (sinónimo de seguridad), toman una postura específica, sin preocuparse de lo que hace la madre. Pasado ese año, esperan adaptarse a la postura de su madre (mirada, actitud) antes de pedir el despioje. Pero si el mono es abandonado o se ha identificado mal con su madre, este comportamiento no se dará hasta más tarde.

En el hombre

Desde el segundo mes, los bebés muestran que no adoptan la misma postura cuando los sostiene la madre o el padre, no los manipulan del mismo modo. La ontogénesis de la empatía se coloca únicamente si hay manipulaciones y contactos precoces que van a crear experiencia. Progresivamente, los niños aprenden a descentrarse de su propia representación en general hacia los 4 ó 5 años, cuando comprenden que el locutor que los llama por teléfono no puede ver lo que ellos ven. Entonces el niño puede imaginar lo que el otro cree, saber que sabe…

Se menciona la cifra de 120 millones de niños abandonados. Sin embargo, sabemos que toda una parte del cerebro está moldeada por el entorno, lo que nos permite de paso confirmar que la distinción entre lo innato y lo adquirido no puede tener ningún sentido, a no ser que se trate de una cuestión ideológica sobre el orden social.

Observando niños abandonados en Rumanía, muy degradados desde el punto de vista del desarrollo físico y psíquico, Boris Cyrulnik tuvo la idea de pasarles escáneres, éstos mostraron una atrofia parecida a la de los pacientes lobotomizados. Sin embargo, colocados en familias de acogidas, estos niños mostraban una desaparición de la atrofia neurolímbica ¡en menos de un año!

Si modificamos el entorno, modificamos no solamente el modo de funcionar del cerebro, sino incluso el soporte biológico sobre el que se apoyan los funcionamientos cognitivos.

Sabemos que las estimulaciones afectivas, corrientes, son vitales para estructurar lo afectivo, para mostrar que no se puede uno permitir todo, aprender a frenarse, a interesarse por el mundo mental de los demás.

¿Qué es lo que hace que uno se interese por el mundo mental de los demás?

Mi mundo interno está lleno del otro, porque ha sido bueno, se ha preocupado por mí… Sin alteridad, soy como un niño lobotomizado.

Hacia los 10/12 meses, la mayoría de los niños han adquirido un estilo afectivo; es lo afectivo lo que ha impregnado su cerebro lo que le da la posibilidad de socializarse. El vínculo a esa figura protectora (madre u otra persona) es la que me permite tenerla en mí, y poder salir a la búsqueda de los demás y del mundo.

Pero un niño, de tres años no posee todavía esa capacidad, es esquivo o está paralizado, a menudo porque la madre que lo ha rodeado no ha sabido darle seguridad. Algunos tienen un vínculo ambivalente: “Tiene que estar conmigo todo el tiempo, sino me desespero”. Otros están confundidos, no se les comprende bien, a menudo son los que más tarde van a manifestar desarreglos.

En situación colectiva, los niños seguros son los que buscan la interacción, incluso antes que las respuestas de comportamientos de los adultos. Los niños son coautores en la relación. Por el contrario, los niños inseguros se distancian, evitan la mirada, y traban pocas reacciones de parte de los adultos. Son menos apreciados que los que responden al estereotipo esperado por el adulto…

Pero no pensemos que los niños con carencia afectiva son los únicos que están en peligro; cuando derrochamos afecto con un hijo, lo instalamos en una prisión, porque la figura de vínculo no le permite reaccionar. Dar seguridad, no es imaginar querer satisfacer todas sus necesidades, es enseñarle a sobrepasar sus pruebas…

Las patologías

Los desarreglos de uno alteran el funcionamiento del otro. Determinados perversos o psicópatas no tienen empatía, o tienen una empatía de depredador. No sufren el sufrimiento que infringen. A menudo tienen un gran poder social, porque nada los detienen. En los masoquistas por el contrario, es el placer del otro el único recurso para imaginar poder sentir placer.

¿Y la escuela?

Hoy día, pasamos un tercio de nuestra vida en los bancos de la Escuela. Está claro que estamos moldeados por la escuela, los enseñantes, los educadores. Los niños que disfrutan mejor de la escuela infantil con dos años son los que ya están seguros, los que han arrancado con buen pie con la existencia ¿Y los demás? Los demás corren el riesgo de vivir la escuela con dos años como un traumatismo. Son recuperables, pero un niño de tres (de los que parten con mal pie) de los que arrancan mal, cuando llegan a la escuela van a tener pesadillas, van a aprender a reaccionar con agresiones con castigos autocentrados… Pienso por tanto, que al contario esos niños, deberían de estar más seguros en casa antes de ingresar en la escuela.

No es la pobreza lo que provoca la violencia, es la privación de la cultura. Si estudiamos de cerca los niños que trabajan bien en la escuela a pesar de que todo les predisponía al fracaso, percibimos que todos responden que sus padres les daban seguridad y que los enseñantes les han dado sentido a sus esfuerzos. Pero si interrogamos a sus enseñantes, responden que lo que les ha llevado, a esos niños, a tener éxito ha sido la predisposición.

Ninguno se ha visto como una persona que activara circuitos afectivos positivos. No tendríamos el placer de aprender, de jugar con los conocimientos a no ser que estemos primero afectados. Los enseñantes creen que son importantes, pero no comprenden que lo que es importante es la interacción de su personalidad con la del niño.

Cada año las estadísticas muestran que cada vez hay más niños que tienen dificultad en la escuela y que llegan a vivir ésta como una tortura.

Agnès Florin: “Es cierto que las condiciones de acogidas no son las ideales en infantil. Pero mis propias observaciones muestran que la capacidad de transmitir seguridad en la escuela a los niños maltratados no es peor que la que se da en las guarderías. Es verdad que ciertos niños no están en una posición de seguridad, pero vemos también que los niños se apoyan sobre relaciones con el enseñante para estar más seguros. Si la respuesta es “No los admitimos en la escuela si no están seguros” ¿Qué apoyo hay que imaginar?

Boris Cyrulnik: Es verdad que la escuela puede ser un lugar de transmitir confianza y seguridad, pero nuestras observaciones muestran que 9 de cada 10 consideran que la Escuela no tiene ningún sentido, mientras el niño siga prisionero de sus angustias, sobre lo que le va a ocurrir cuando llegue a casa.

¿Hasta cuándo la plasticidad?

Hasta los 120 años, pero con los años la cosa se complica … (risas en la sala). Evidentemente, los hábitos se cogen pronto, lo que explica la rapidez de los aprendizajes en los chicos jóvenes. Desde los 4 a los 12/13 años, vemos que los órganos están en un ritmo de tránsito, y que la adolescencia es una segunda oportunidad, debido a la reorganización hormonal. Hemos parcelado el saber, y hemos creído que lo humano está parcelado. Pero en la vida, estamos enteros…

¿Una pedagogía de la empatía?

Sí, por supuesto. Los niños que no conocen la empatía tienen dificultad de encontrar al otro. Esos niños se quedan centrados sobre ellos-mismos, maltratan los animales, hacen experiencias… Desde el momento en el que una película, una cultura permiten una teatralización del mundo, éstas abren pistas para descubrir otros mundos diferentes al nuestro, les permiten poder pensar de forma diferente a ellos. El integrismo ya sea religioso o laico, es el que no nos permite hacer ese trabajo de descentramiento de nosotros mismos: yo soy el único que sabe lo que es lo verdadero. Este pensamiento es el que permite los genocidios.

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