Psicologia:Con amar no basta

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Con amar no basta

Entrevista a la psicoanalista Claude Halmos


Claude Halmos: “Con amar no basta”

Entrevista por Hélène Mathieu.
Traducción realizada por Internenes.com

Hoy día el amor parental es constantemente evocado y esconde una dificultad real para educar, denuncia la psicoanalista Claude Halmos. En su último libro, Por qué el amor no basta, ofrece claves para cambiar, por la felicidad de los hijos… y el nuestro.

Su libro se titula Por qué el amor no basta. ¿Los padres de hoy creen que el amor es suficiente para educar a sus hijos?

Claude Halmos: Están pillados en un movimiento en el que está implicado toda la sociedad, donde se tiende cada vez más a reducir las relaciones padres-hijos al amor. Se oye mucho decir, en caso de divorcio o de acogida familiar, por ejemplo: “Al niño, esto le viene bien porque va a ser querido”. En el fondo, hay una especie de certeza implícita que pesa sobre los padres; cómo se tienen sentimientos fuertes hacia el niño y se los pueden expresar, con esto bastará para su desarrollo. Y cuando decimos “amor”, no nos preguntamos si el amor por el niño es un amor como otros. Tomamos como referencia lo que conocemos del amor en general. Es decir, en general, los sentimientos.

¿El amor hacia el niño es un amor particular?

Claude Halmos: Es un amor totalmente particular. Porque amar a un hijo, es amar a alguien que no poseeremos nunca totalmente. Primero está la prohibición del incesto, no poseeremos su cuerpo, pero no poseeremos tampoco su espíritu, porque su espíritu debe encontrar sus propias vías. Y sobre todo, lo amamos para que nos deje. Esa es la diferencia absolutamente esencial con el amor entre adultos. Nunca llegaremos a pensar que es normal que un marido nos deje, que un amante nos deje, que una mujer nos deje, sin embargo a un niño, lo queremos, le damos todo y más que todo… para que nos deje. Y esto no es algo natural para los padres, esto exige todo un trabajo. Así que el amor, claro está, es fundamental: si nuestro padre y nuestra madre no nos han querido, podemos errar la vida entera en busca de lo que pudiera rellenar esa falta, pero eso no es suficiente. Y esto satisface tan poco como que el amor parental implica un deber de educación.

¿Le parece a usted que ese deber de educación falta más hoy que ayer?

Claude Halmos: Sí porque hemos reducido el amor parental a sentimientos, nos olvidamos de la construcción del niño. Un hijo se construye, y el factor esencial de su construcción, es la educación que le dan sus padres. Ella es la que le permite llegar a ser un “civilizado”. Es decir un ser que no está tan sólo guiado por sus instintos y su placer. Esto supone que los padres pongan límites. A menudo es difícil para ellos porque temen que el niño sufra. Pero es un sufrimiento indispensable y constructivo.

¿No tiene usted la sensación de que los padres dan demasiado amor porque tienen el sentimiento de haber carecido de ello?

Claude Halmos: Los que han reflexionado sobre su infancia se han dado cuenta de que la suya propia había sido un enderezamiento, y que le habían impuesto límites que no respetaban para nada su persona. Han concluido que eso era la educación, “han tirado el niño con el agua del baño”. A todo esto se añade esta moda de la psicología demagógica que dice a los padres: “Está muy bien lo que usted hace, no se culpabilice más” Como si cada vez que nos permitimos decirle a los padres: “Mire, convendría mejor hacer las cosas así, asá” los estuviésemos culpabilizando. Es también una forma de tomarlos por imbéciles. Los padres están perfectamente capacitados para cuestionarse sin sentirse heridos, confundidos. Todo depende de cómo lo hagamos.

Efectivamente ¿Cómo hacerlo? Dándole puntos de referencias. Intento dar unos cuantos en mi libro. Si los padres supiesen que hay una lógica del psiquismo, como hay una lógica del cuerpo, si supiesen que existen condiciones para mantenerse en pié y condiciones que hacen que no nos podemos mantener de pie, tendrían una ayuda completa.

Siendo muy clara y para ser entendida, en este libro, hago, referencia a una lógica del cuerpo. Nunca se le ha dicho a un dietista que es normativo o represivo porque hay que comer frutas y verduras. Ahora bien existen puntos de referencia para el psiquismo, que pueden ser enunciados tan claramente como las reglas de la dietética. Por ejemplo, que un niño no sea el centro del mundo. Un niño tiene necesidad de saber que sus padres tienen una vida, y que no puede estar permanentemente en esa vida. Esto quiere decir, por ejemplo, que va a acostarse a cierta hora sin levantarse cincuenta veces. Esto quiere decir, que con el pretexto de pesadillas, no a venir todas las noches a la habitación de sus padres. Esto quiere decir que un niño necesita que la sexualidad de sus padres esté separada de la suya: no se pasea uno desnudo por la casa, por supuesto no se tiene manifestaciones sexuales delante de ellos… estas reglas son simples. Lo complicado del asunto, es que estas manifestaciones nos remiten a nuestra infancia, a lo que han sido nuestros propios padres.

Y pueden por tanto poner en juego toneladas de sufrimientos. De ahí, que en nombre de estos sufrimientos, los psicólogos digan: “No les vamos a hacer daño, no vamos a culpabilizarlos”. Por mi parte, al contrario, creo, que si a los padres se les dice lo que no va bien, si se les acompaña diciéndole: “Vamos a intentar comprender por qué usted no llega”, se les permite evolucionar.

¿Su libro puede ser leído como una guía para padres perdidos?

Claude Halmos: Es un libro de combate. Con mi práctica, sobre todo en las barriadas del extrarradio, he visto muchos niños que desde infantil, iban a una catástrofe que podríamos haber evitado. Los padres de ambientes desfavorecidos tienen los mismos problemas que los demás padres. Pero tienen dificultades añadidas, porque la miseria, el paro y la exclusión social sirven a menudo de amplificadores a los problemas que pudieran ya tener en su historia personal. Algunos están tan perdidos que no pueden transmitir ni los valores de nuestra sociedad, ni los de su propia cultura a sus hijos. Estos niños sufren de carencias educativas y no están suficientemente atendidos por las instancias sociales, la escuela, en particular. No se agencian orientaciones esenciales, cuando estos niños, podrían avanzar perfectamente, si se les ayudasen.

Se están viendo políticas que consideran sancionar a los padres que no eduquen a sus hijos ¿Es una solución?

Claude Halmos: Creo que es una desviación del “deber de educación”. La subida de la delincuencia ya ha servido de pretexto para poner en entredicho la ley del menor, y va a servir para la puesta en marcha de medidas que corren el fuerte riesgo de no ser más que medidas de represión. Porque inducen a una equivalencia entre padres desfavorecidos, emigrantes y “malos padres”. Y esto aumenta todavía más su exclusión. La violencia no es un método de educación para los niños, no lo es tampoco para los padres.

¿Hay soluciones?

Claude Halmos: Lo que existe podría funcionar muy bien si se le diesen los medios necesarios, por ejemplo aumentar el número de psicólogos escolares. Y sobre todo, si a los profesionales se autorizasen para tratar con más firmeza a los padres que incumplan sus responsabilidades.

¿Tiene usted una definición simple de la educación?

Claude Halmos: Educar a un niño, es ayudarle a descubrir quién es e inscribir esa singularidad en la comunidad de los otros; permitirle desarrollar su personalidad, su deseo y, al mismo tiempo, ayudarle a comprender que la realización de sus deseos está limitada por prohibiciones. Pero esto no se aprende solamente con palabras. No veo cómo a un niño al que no se le pide nunca su opinión, al que no se le respeta, podría comprender que el otro es un ser respetable. Para que un límite sea creíble, un niño tiene que saber que es justo y saber que el adulto que lo transmite está también sometido a ese límite y lo respeta.

¿Iría usted hasta encontrar una unión entre un niño que grita constantemente y un niño demasiado querido?

Claude Halmos: Cuando un niño recibe una guantazo, todo el mundo se subleva. Pero cuando los padres dejan un niño hacer lo que le da la gana, en el parque, en casa de los amigos o en otra parte, nadie habla de maltrato. Porque se entiende que son débiles con él, pero que lo quieren.

Sin embargo, los niños sin límites están a menudo angustiados y no son felices. Dejar un niño sin límites, es dejarlo preso de sus impulsos. Cuando un niño está en la omnipotencia imaginaria, se imagina que si quiere matar, puede matar. Si no hay alguien que lo contenga, que le diga “Tú no eres el que mandas, tú no eres el más fuerte”, está loco de angustia. No sabe lo que puede desatar. Muchas de las pesadillas y de los miedos de los niños se acaban cuando el padre retoma su sitio. Porque si el niño ve que sus padres no son capaces de hacerlo obedecer, no puede pensarlos con capacidad para protegerlo.

¿Cómo psicóloga, ve usted en su consulta los daños hechos por este tipo de educación donde demasiado amor…?

Claude Halmos: Yo no diría demasiado amor. Más bien amor reducido a los sentimientos. No es igual. Hay que considerar que, en el título de mi libro, la palabra amor tendría que estar entre comillas. El verdadero amor parental es el que incluye la educación, la no-posesión. Es totalmente fundador. El que pongo en entredicho es, el amor reducido a los sentimientos. El amor que no incluye la educación no es amor, mientras que la educación, es amor. Educar, no es negarse a querer un niño, al contrario. Puesto que es hacer el trabajo que va permitirle convertirse en un adulto capaz de vivir.

Biografía de Claude Halmos: Formada por Jacques Lacan y Françoise Dolto, Claude Halmos ha pasado consulta durante más de veinte años en un hospital de la periferia parisina. Ha trabajado también con bebés y niños víctimas de maltrato graves. Es autor además de Parler, c´est vivre (Nil 1997) Hablar, es vivir.

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