Psicologia:Las Prohibiciones (2)

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Las Prohibiciones (2)

Por Jacques Trémintin


Las Prohibiciones (2)
Jacques Trémintin - Journal de l´Animation – nº 80 - Juin 2007
Traducción realizada por Internenes.com

La prohibición de matar

En la antigüedad, si un ciudadano libre mataba a otro ciudadano libre era castigado, el Paterfamilias tenía derecho tanto de vida como de muerte sobre su mujer y sus hijos o sus esclavos. A escala de la sociedad, la colectividad por su parte siempre se ha autorizado matar, tanto en periodo de guerra como en periodo de paz. Las guerras de 1870, 1914-1918, han causado respectivamente 570.000 y 8.000.000 de muertes, llegando esta cifra entre 40 y 60 millones en el conflicto mundial de 1939-1945. Mientras más avanzaba el progreso de la civilización, menos ha sido por tanto aplicada la prohibición de matar. En lo que se refiere a la pena capital, contamos hoy día con 128 naciones abolicionistas y otras 69 que continúan cometiendo asesinatos deliberados de sus conciudadanos. Ciertamente, todo esto está reglamentado. Existe un derecho de los conflictos armados adoptado en la Haya en 1899 que especifica el código moral a partir del cual está permitido matarse entre sí. La pena de muerte responde, ella también, como todas las demás sanciones a modalidades jurídicas formalizadas. Lo que está prohibido, no es tanto el matar en general como la ejecución decidida individualmente, fuera de protocolos puesta a punto por la sociedad. El derecho de asesinar se ha convertido en el monopolio de la colectividad. Es un progreso con respecto a la regla del talión (“ojo por ojo, diente por diente”) que limitaba la justicia a la venganza personal. Pero, estamos lejos, convengamos, de la idea del matar ¡un tabú fundamental!

La prohibición del incesto y de la antropofagia

Cualquier sociedad ha elaborado siempre prohibiciones con respecto a las relaciones sexuales entre personas distintas o al contrario demasiadas próximas. Pero las modalidades de ampliación de esta regla general han sido elaboradas de un modo muy específico según cada sociedad. Lo que ha sido formalmente rechazada en una puede ser aceptada en otra. Así, la prohibición que hace referencia a las relaciones sexuales entre padres e hijos es una peculiaridad de algunas civilizaciones, particularidad que no se encuentra por todas partes. El antropólogo Maurice Godelier nos recuerda que para los egipcios de la Antigüedad era totalmente normal que los hermanos y las hermanas se casasen entre ellos. Esta práctica milenaria no les impidió desarrollar la brillante civilización que conocemos. Lo mismo ocurrió con la antigua civilización iraní, que alzó incluso a rango de ideal divinizado la unión de un padre y de su hija, así como la de una madre y su hijo tomando como modelo los Dioses locales. La antropofagia, por otra parte, siempre ha existido por razones de supervivencia (penuria grave de comida) o mística (apropiarse de la fuerza de un enemigo, incorporar el saber de sus antepasados). La religión cristiana incluso ha hecho de ello uno de sus sacramentos esenciales: la eucaristía, que consiste en absorber metafóricamente “el cuerpo y la sangre” de Cristo. Por más que se ha querido explicar esta curiosa costumbre por el empeño de simbolizar una práctica ancestral para evitar que se perpetúe, eso no les impidió a los soldados de Cristo ¡saborear un buen número de paganos en la época de las cruzadas!

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