Psicologia:Las Prohibiciones (3)

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Las Prohibiciones (3)

Por Jacques Trémintin


Las Prohibiciones (3)
Jacques Trémintin - Journal de l´Animation – nº 80 - Juin 2007
Traducción realizada por Internenes.com

Mil y una prohibiciones Nuestra intención, al evocar estas tres prohibiciones, presentadas como fundamentales por Freud, no es la de postular la idea de que pueden estar limitadas en su número. Muy al contrario encontramos una multitud que tenían un sentido y una significación fuerte para los pueblos que las han promulgado. Algunas pueden parecer de lo más barrocas. Así la de Mikado, emperador del Japón, encarnación de la diosa Sol, que no podía tocar el suelo. Debía ser llevado sobre hombros humanos. Mientras estaba despierto no se le podía cortar ni los pelos ni las uñas. Para hacerlo, se esperaba a que estuviese dormido. No se podía comer en el plato que él hubiera utilizado. La vajilla que le estaba destinada se rompía después de su uso. El rey de Siam que beneficiaba de un régimen parecido, no podía bajo pena de muerte, ser tocado, sin una orden formal. En julio de 1874, salió disparado de su coche y se quedó sin conocimiento. Nadie osó socorrerle. Otro caso es el del pueblo hebreo que les había prohibido a sus hombres sostener su pene al orinar. Los indios Tzikaos no podían mientras fueran futuros padres entregarse a la pesca y pasaban temporadas muy largas, hambrientos en su hamaca. Y luego, existen esas prohibiciones tan extendidas que apuntan a las mujeres en el momento de sus menstruaciones, su pretendida impureza que las convertían tanto en la sociedad como en jerarquía religiosa, en incapacitadas para todo tipo de tareas y de posiciones. La prohibición como condición de la libertad Aunque ninguna prohibición es verdaderamente universal, si existe una universalidad de las prohibiciones. Como lo hemos explicado ya, su papel sigue siendo esencial para la vida en común. Si los animales ponen instintivamente un límite a la violencia destructiva de su especie, los hombres ponen en peligro de aniquilamiento la sociedad en la que viven. La libertad no puede ser absoluta, nada más que para el ermitaño, o para aquel que rechaza al resto del mundo. Su autenticidad está circunscrita a la aceptación de las coacciones de cualquier aceptación del otro en su diferencia y su interés propio. Sin embargo, prohibir es la mayoría de las veces sentida bajo su dimensión coercitiva más que bajo su aspecto liberador. La noción induce una multitud de términos con connotaciones negativas: sancionar, reprimir, aplicar, imponer, limitar, restringir, circunscribir, defender, sustraer, prohibir, impedir, excluir, privar, inhibir… Se opone uno a las prohibiciones ondeando la bandera de la libertad, sin comprender que lo uno y lo otro están indefectiblemente unidos. Gracias a los límites morales y legales plantados se puede orientar la sensibilidad de una persona, para permitirle integrar la coherencia del sistema cultural del que forma parte, facilitar en ella la identificación de los modelos simbólicos que rigen las conductas aceptadas, hacerle participar al sentido que los hombres le dan a sus actos… Nuestra elocución puede parecerle al lector un verdadero panegírico. ¡No y No…!

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