Psicologia:Las Prohibiciones (7)

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Las Prohibiciones (7)

Por Jacques Trémentin


Las Prohibiciones (7)
Jacques Trémintin - Journal de l´Animation – nº 80 - Juin 2007
Traducción realizada por Internenes.com

Ficha nº2: Prohibición y transgresión

Quién dice prohibición dice forzosamente transgresión. La una no existe sin la otra. Podríamos incluso afirmar que la una atrae a la otra. La contestación de la regla social puede llegar por un juego frente a una costumbre de la que nos divierte saltarnos, por resistencia consciente a una obligación con la que no compartimos su legitimidad o bien por la incapacidad de no poder soportar la menor coacción. Ya sea por ética, por rebelión debido a una dificultad sociopática, muchas razones explican estos rechazos a plegarse a lo que está proscrito. Esta oposición presenta una doble dimensión contradictoria: se presenta como tan irrespetuosa del convivir, que es un factor de evolución de la sociedad. Transgredir es en primer lugar hacer prueba de una intolerancia por el otro y a la regla que ha sido definida colectivamente. Es condenarse al suplicio de la insatisfacción permanente, ser esclavo de su deseo y mostrarse incapaz de liberarse de sus pulsiones. Pero la transgresión puede ser también una forma de reacción ética. El filósofo americano Henri David Thoreau, inventó en 1849 el concepto de desobediencia “civil”, para evocar el derecho de alzarse, en nombre de la sola conciencia individual, en contra de las leyes de la ciudad. En 1945, el tribunal de Nuremberg formula la obligación para cualquier soldado de desobedecer a una orden “manifiestamente ilegal” es decir un mandato de la autoridad legítima que contraviene los derechos humanos fundamentales (rematar un herido, torturar…). Es lo que los juristas llaman la teoría de las “bayonetas inteligentes” que incita a oponerse a la prohibición de la desobediencia. Pero más allá del combate para que por encima de cualquier circunstancia triunfen los principios democráticos, está la acción de estas minorías que, negándose a aceptar la regla impuesta por la mayoría, permite que sociedad pueda progresar. Las que y los que han batallado en contra de la prohibición del derecho de voto de las mujeres, del aborto o de las radios independientes han hecho avanzar nuestra sociedad. Las que y los que se han comprometidos recientemente en contra de la prohibición de cualquier forma de eutanasia pueden ser percibidos como los precursores de lo que será quizá mañana banalizado (pero, como esto no es nada sencillo las que y los que han obtenido la prohibición de la pena de muerte, de las discriminaciones y de los malos tratos hechos a mujeres y niños ¡lo han venido haciendo! ). Hasta la fecha, cualquier transgresión no conlleva la misma importancia, ni las mismas consecuencias. Si se justifica con una reacción social, bajo pena de ver la comunidad perder toda credibilidad, una sanción desproporcionada esta puede tener un efecto igual de desastroso también. Su naturaleza debe ser diferente dependiendo si la falta tiene que ver con el crimen, el sacrilegio o la mera falta de mal gusto. Esto podría ir del castigo ejemplar a la burla, pasando por la reprobación moral: no es tan grave amenazar la vida de alguien como echar agua en un vino de una añada carísima.

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