Psicologia:Los recursos de los adolescentes

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Los recursos de los adolescentes

Entrevista a Claude Seron


Los recursos de los adolescentes
Entrevista con Claude Seron: Psic√≥logo y formador en la asociaci√≥n belga Paroles d¬īenfants.
Traducción realizada por Internenes.com

El adolescente debe ser considerado ante todo, como un ser √ļnico y singular antes de ser catalogado a partir de sus representaciones. Lo que espera del adulto es una atenci√≥n y una inversi√≥n que deben mostrarse sin fisuras, tal es la convicci√≥n de Claude Seron.

¬ŅPiensa usted que existe una crisis de la adolescencia que atravesar√≠a todo ser humano en el momento de la pubertad?

Claude Seron: La respuesta depende en primer lugar de la posici√≥n desde donde se habla. Si me expreso como padre de dos hijas, hoy convertidas en adultas, yo dir√≠a que para una, se puede atravesar la adolescencia sin manifestar ning√ļn signo preocupante de malestar con la vida y para la otra, que la crisis de la adolescencia puede llegar despu√©s de los 20 a√Īos. Usted me responder√° que sin duda la monograf√≠a tiene un car√°cter m√°s anecd√≥tico que demostrativo. Sin embargo, la pr√°ctica cl√≠nica en un hospital para adolescentes suicidas, anor√©xicos‚Ķ conduce a constataciones que repetidas en ocasiones nos llevan a la formulaci√≥n de hip√≥tesis cre√≠bles pero quiz√°s algo sesgadas por ser un trabajo hecho con adolescentes con trayectorias de lo m√°s dolorosas.

En cuanto a los sociólogos, trabajan a menudo a partir de cohortes (aquí adolescentes) mucho más importantes, reclutados en las escuelas donde se encuentran jóvenes, cuya mayoría, están relativamente adaptados a los contratiempos de la vida en sociedad. Al cambiar los tiempos, los signos exteriores de afirmación de la diferencia con respecto al mundo de los adultos evolucionan. De este modo, observamos que en las calles numerosos adolescentes, no necesariamente esbeltos, pasearse con pantalones vaqueros de talle bajo que no cubren más que la mitad de las nalgas o camisetas que dejan entrever el ombligo e imaginamos que los jóvenes de hoy tienen menos pudor o menos dificultad con la imagen de su cuerpo que nosotros, a su edad.

¬°Es dif√≠cil pronunciarse! Sabemos sin embargo, a trav√©s de entrevistas que tenemos con j√≥venes en dificultad, que el miedo de no ser aceptados, reconocidos y amados es sin embargo tan real como hace 30 a√Īos.

¬ŅNo tenemos tendencia a confundir la totalidad de una franja de edad con su minor√≠a m√°s visible y m√°s ruidosa y a encerrarla una y otra vez en la misma problem√°tica?

Claude Seron: Efectivamente me parece importante recortar m√°s agudamente e inscribir el periodo de la adolescencia de cada joven en una historia, en un contexto. Todos los ni√Īos no entran en la adolescencia con las mismas cartas; algunos disponen de ases, de reyes, de damas, de sotas; mientras que otros deben arregl√°rselas con cartas sin im√°genes. Es m√°s probable que los primeros, sostenidos con un estilo de apego sereno, atravesar√°n este periodo bisagra al ritmo de un largo r√≠o tranquilo como si se dejasen llevar por una especie de maduraci√≥n natural. A la inversa de este proceso evolutivo, los segundos (que han debido construirse sobre lo ca√≥tico, a menudo como consecuencia de acontecimientos traum√°ticos) conocer√°n con frecuencia una verdadera revoluci√≥n con la llegada de la pubertad. Entre, por una parte, el adolescente entregado a actividades humanitarias, preocupado por actuar activamente en la protecci√≥n del medioambiente, destacando en el seno de grupos que favorecen el desarrollo personal y colectivo, y por otra, el joven ansioso de una nueva relaci√≥n, amasado de angustia con la idea de que se le ha relegado y abandonado, que consume drogas de vez en cuando para anestesiar su dolor, a veces provocador y violento para intentar dominar sus miedos, habitado con regularidad por sentimientos ambivalentes ligados a im√°genes parentales inconsistentes, entre esos dos extremos, hay lugar para una multitud de perfiles.

En lo que concierne a los ruidosos, yo diría que por oposición a un adolescente que tiene su sitio en el seno de su familia y que se siente amado, el joven que se expresa en la calle, en el barrio en el portal de su vivienda social debe recurrir a un cierto grado de amplificación para buscar cierta ejecutoria a sus sufrimientos incapacitado para comunicarlos. Es cierto, por otra parte, que estas manifestaciones alborotadoras provocan en el barrio sentimientos de inseguridad que son muy legítimos de sentir. Negarlo es hacerle la cama a las políticas más extremas.

¬ŅQu√© actitud adoptar para responder a las eventuales dificultades de esta franja de edad respondi√©ndole a cada cual con lo m√°s cercano que est√° viviendo?

Claude Seron: Primero interrog√°ndose sobre la significaci√≥n y la funci√≥n posible de comportamientos perturbados. ¬ŅCu√°l es el contexto relacional pero tambi√©n social que les da todo el sentido? Pongamos un ejemplo, lo que ciertos padres muy deteriorados han debido soportar, tienen tendencia a echarlo sobre las espaldas de sus hijos. Estos, entonces se transforman, en esponjas que absorben el sufrimiento no digerido de sus padres y lo vomitan bajo comportamientos amenazadores. Un ejemplo son esos padres depresivos cuyos hijos tienen dificultades para animarlos o reanimarlos. Mientras el adolescente tenga que hacer frente al conflicto, el padre o la madre est√° presente; si no es el riesgo del retraimiento o el de la muerte el que se impone. Si aplicamos el objetivo gran angular, lo que se denuncia como un incremento de la violencia de los j√≥venes puede traducirse como un aumento de sus sentimientos de angustia y de incertidumbre ante lo que nuestra sociedad tiene realmente que ofrecerle. Ante las necesidades aparentemente contradictorias del adolescente, necesidades pocas veces verbalizadas (seguridad versus independencia), debemos hacer prueba de una gran capacidad de adaptaci√≥n para poder intervenir sobre el gran abanico de actitudes que van desde la confrontaci√≥n firme para restaurar un encuadre que contenga y que calme, hasta la presencia silenciosa mantenida por un adulto capaz de desdibujarse para que el joven pueda medir sus posibilidades.

Por regla general, los adultos favorecen el desarrollo de la autoestima y las capacidades de autonom√≠a de los j√≥venes ofreci√©ndole medios para emanciparse y socializarse. Sin embargo, para los adolescentes en ruptura, los clubs deportivos, las residencias culturales y los movimientos de j√≥venes presentan poco atractivo. Tienen d√©ficits que suponen frenos a su inserci√≥n en los grupos organizados: el miedo de no estar a la altura de cualquier actividad que tenga un poco de color ‚Äúcon destellos culturales‚ÄĚ, la falta de medios financieros, la dificultad para plegarse a reglas y a horarios constantes‚Ķ Para no correr el peligro de ser catalogado por sus iguales, el mejor remedio ¬Ņno es, no tomar ninguna iniciativa, aunque para ello tenga que estar todo el d√≠a delante de la tele o vagueando por las calles?

En estos casos, es imprescindible ir hacia ellos, cargados de paciencia, de tenacidad y de respeto, recordando que no es a una actividad o a un proyecto al que el adolescente va a agarrarse si no a un adulto que se entrega. Es importante mostrarle, en el tiempo, que valen y que son dignos de estima y de amor, y ahí tenemos que meter a los que ponen a prueba la relación a través de comportamientos provocadores. Las posiciones de neutralidad, de escucha a distancia son insuficientes para constituir experiencias correctoras sobre esos adolescentes carentes de afectos que han vivido en realidad: rechazos, estigmatizaciones y abandonos. Las actitudes de los adultos poco directivos siempre son interpretadas como de indiferencia o de desentendimiento. Los lugares de vida aseptizada donde no existe ni el conflicto, ni la contradicción, ni la toma de riesgo son museos.

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