Psicologia:El segundo año de vida 2

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El segundo año de vida 2


El niño y la niña de 1 a 2 años:
La Familia

El niño y la niña que entran en su segundo año de vida se caracterizan porque en primer lugar, establecen una relativa independencia física y emocional con respecto a los objetos y a las personas. Esto les llevan a tomar una progresiva conciencia del sentido de sí mismo y del mundo exterior. Conocen a su familia próxima: madre, padre, hermanos, abuelos... y van conociendo y familiarizándose con su hogar y su entorno más inmediato.

Esta relativa independencia se puede observar en la polarización de conductas que ofrece el niño que ya gatea o empieza a caminar. Igual se le puede encontrar concentrado en la exploración del mundo durante un buen rato, que llorando desesperadamente y reclamando toda la atención como cuando era un bebé. Esto fue lo que llamamos anteriormente el "repostaje emocional". De momento tanta libertad le abruma, necesita de su madre para asegurarse de que no se ha ido, de que continúa allí con él. Esta relación que mantiene con la madre (o figura materna) será la base de la confianza en sí mismo, que se afianzará más tarde con la relación con el padre (o figura paterna).

La relación con la madre es de suma importancia ya que es la primera y más intensa vinculación que se crea; sin embargo aunque el padre no participa directamente de la relación física que ambos han mantenido, es vital que permanezca muy cerca de la madre y del hijo, para ayudar a la madre emocionalmente y ocuparse de crear un espacio relajado en el que la relación entre ambos pueda discurrir sin interferencias. Más tarde, le tocará al padre el papel de ayudarle en la separatidad entre ambos para que el niño pueda sentirse un individuo distinto y para que la madre pueda recuperar su identidad (aunque ya levemente transformada, una madre siempre será una madre...).

En la relación con su padre, el niño aprende, generalmente, que hay un mundo más allá de las paredes de su casa. También aprende a decir adiós, a recordar a su padre cuando está ausente y a anticipar su regreso a la hora de dormir. La constante relación con la madre se apoya en la rutina diaria en la que aquélla se ocupa de atender al niño y satisfacer sus necesidades. El padre en cambio puede ser el iniciador de pequeños juegos que contribuyen a ampliar las capacidades del bebé. Sin embargo, tanto las niñas como los varones parecen necesitar más a su madre cuando no se sienten bien o cuando despiertan durante la noche. En estos momentos, el dolor o el miedo los convierten nuevamente en bebés y los hace regresar a la época en la que la madre era la única fuente de consuelo.

A la vez que se relaciona con la madre y el padre como personas distintas, el niño de un año comienza a comprender que ellos forman una pareja. Sin embargo a veces parece desear que fueran dos personas separadas. De alguna manera se inmiscuye siempre entre ellos, no dejándoles hablar, introduciéndose en su cama durante la noche.., etc.


 

© Francisco de la Flor Terrero

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