Psicologia:El segundo año de vida 5

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El segundo año de vida 5


El niño y la niña de 1 a 2 años:
Amor y Odio; Temores y Fobias

Los sentimientos que experimenta el niño de corta edad son tan intensos que se polarizan con frecuencia, pudiendo pasar en un instante del amor más profundo al odio más colérico. Las rabietas, mezcla de frustración y rabia, adquieren a veces tal violencia que parecen no tener fin. Estos conflictos se manifestarán posteriormente durante el sueño produciendo pesadillas si los mismos no se han resuelto adecuadamente durante la vigilia.

Las rabietas son una mezcla de frustración y rabia que adquieren tal violencia que abruman al niño de tal forma que se vuelve incapaz de ponerles fin. En estas situaciones el niño necesita de un adulto, preferentemente de su madre, que le ayude.

Cuando el niño se halla en este estado, se siente atemorizado por su propia violencia y tiene miedo de que ésta pueda destruirlo a él y a su madre. Una vez que el niño se tranquilice, podrá hablar acerca de lo ocurrido.

La madre debe aprender a contener estos ímpetus para que el niño se calme. Esto no produce tanto malestar como cuando ocurre fuera de la casa. Si esto sucede, hay que apartarlo de la gente y procurar hablarle hasta que se calme.

Esto puede funcionar para unos niños, sin embargo para otros, quizás resulte más conveniente dejarles solos para que puedan expresar todo el malestar que sienten de la forma que estimen oportuna: gritar, tirarse al suelo, patalear, etc. Algunos niños necesitan que su madre no esté presente cuando dura la rabieta, porque sienten que así les preserva de sus malos sentimientos. Una vez transcurrido el enfado, se tornarán afectuosos y volverán a buscar a la madre como si tal cosa. 

Durante este año, los padres intentarán inculcarle los rudimentos de la disciplina, acotando los límites que el niño no deberá rebasar. Ya se encargará el hijo de poner a prueba constantemente dichas limitaciones. Al principio, el niño no tiene conciencia de lo que puede o no puede hacer, ni de las consecuencias que acarrean hacer esto o lo otro, simplemente están explorando el medio que le circunda. Poco a poco irán internalizando las órdenes y las prohibiciones llegando a constituir la "primera moral".

Los niños de esta edad varían mucho en la forma de percibir una reprimenda de los padres, mientras que a unos no les afecta, otros pueden romper a llorar por un simple gesto de enfado. 

La succión del pulgar es una de las maneras en las que el niño se consuela a sí mismo mediante una parte de su propio cuerpo. De este modo no depende por completo de su madre para hallar consuelo. De la misma manera, en los momentos de angustia algunos niños recurren a la masturbación o al balanceo como una manera de buscar consuelo en su propio cuerpo. Un niño que hace cualquiera de estas cosas de manera violenta se siente infeliz y necesita ayuda.

Los niños de esta edad pueden tener muchos miedos. Cuando uno de estos miedos es muy intenso y no sabe darle explicación o es infundado y se asemeja a un sentimiento de pánico hacia una cosa o lugar determinados, lo llamamos fobia.

Lo más importante es no exponer nunca deliberadamente al niño ante una situación que lo atemoriza, con la esperanza de que de esa manera se le quitará el miedo. No sólo no es eficaz esta forma de proceder, sino que por el contrario es probable que dicho miedo se acentúe.

El objeto de la fobia es el representante de todo lo malo en ese momento del interior del niño, el cual lo proyecta sobre él y lo aleja de sí mismo. Todos tenemos sentimientos de cólera, así como de afectos. El niño experimenta todos estos afectos de forma conjunta y los deposita en la madre. La parte del niño que ama a la madre, quiere protegerla de la que quiere destruirla; por lo tanto una buena "solución" es proyectar en un ruido intenso o en un perro ladrando los contenidos peligrosos y huir de ellos. Esta es la razón de los frecuentes miedos hacia los animales, a veces reales, pero con frecuencia imaginarios.

Los temores que pueden presentar los niños a esta edad pueden relacionarse a veces con la falta de conocimiento del entorno más inmediato. Sin embargo, cuando aparece una fobia, un miedo irracional hacia una cosa o lugar determinado, es síntoma de que un conflicto no resuelto ha cristalizado de esa manera particular, alejando de la conciencia los terribles sentimientos a los que está asociado.

© Francisco de la Flor Terrero

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