Psicologia:El tercer año de vida 3

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El tercer año de vida 3


    El niño y la niña de 2 a 3 años: Limpio y Seco

    Habitualmente a los dos años, el niño no ha logrado aún un completo control de los esfínteres, y a menudo hasta esa edad, la madre no comienza a enseñarle a estar limpio y seco. Este es uno de los aspectos de la educación del niño en el que cuanto menos prisa se tiene más adelantos se logran. En este punto precisar que las niñas suelen, por término medio, controlarse antes que los niños.

    El problema del control de las funciones excretorias supone mucho mas que el mero control físico de los músculos esfínteres. Tiene una profunda significación emocional, no sólo para el niño sino también para la madre, que a veces siente un fracaso el que su hijo no controle la orina o las heces a determinada edad. A veces también se entra en competición con otras madres para ver cuál de sus hijos ha conseguido antes estar seco...

    En ocasiones la actitud de exagerada ansiedad de la madre se transmite al niño causando el efecto contrario al deseado, ya que el niño a su vez reacciona con ansiedad. La realidad indica que cuanto más serena sea nuestra actitud, mayores probabilidades tendremos de lograr un éxito relativamente rápido.

    Los niños varían mucho en lo que respecta a la sensación que les producen los pañales sucios y húmedos. Algunos demuestran que no les gusta sentirse mojados y lloran inmediatamente pidendo que se los cambio. Otros no parecen preocuparse de ninguna manera y siguen jugando durante un largo rato, hasta que sus madres descubren que se han mojado o ensuciado.

    De la misma manera reaccionan de modo muy diferente ante los intentos de hacerles usar el orinal. Algunos niños tienen miedo a caerse dentro del inodoro. Se sienten en una posición inestable, y a menudo conviene ayudarles poniendo un pequeño asiento debajo del orinal, de forma que se sienta seguro y estable.

    A menudo a los niños les produce miedo el agua que fluye del inodoro. El ruido y la presión del agua parecen tan peligrosas como la que se escurre por el orificio de la bañera; en ambos casos los niños parecen temer ser tragados y arrastrados por la corriente.

    Muchos padres habitualmente hacen levantar a sus hijos antes de acostarse ellos. Pero el hecho de que el niño pueda retener la orina durante períodos más largos es sólo un problema de madurez de la vejiga, y a menudo eso ocurre alrededor de los tres años.

    Una vez que el niño ha prescindido de los pañales no debemos pensar que no habrá más dificultades. El control puede interrumpirse cuando ocurre algo que perturba al niño: la ausencia de uno de los padres, la llegada de un nuevo hermanito o el hecho de asistir a la escuela infantil.

    Muchos niños pequeños juegan con sus excrementos y su orina. Al comienzo, el disgusto que muestran las personas mayores es algo que les resulta muy extraño ya que los productos de su cuerpo les inspiran un intenso interés. La actitud de la madre les desconcierta: por una parte a ella parece encantarle e interesarle tanto como a él los excrementos en el orinal, pero por otra, los desecha rápidamente como si fuera algo sin valor. Al niño pequeño esta debe parecerle una manera muy extraña de comportarse con algo que la madre aparenta valorar tanto.

    Las fantasías del niño asocian la defecación y la micción con sus sentimientos y relaciones. Siente que produce o retiene algo bueno y valioso para la madre o el padre, que hace lo mismo que aquélla cuando da a luz un bebé, pero sus excrementos puede expresar también su cólera o su rebeldía hacia sus padres.

    La fantasía de ser mágicamente todopoderoso y controlar la realidad, para bien o para mal, es parte de esta etapa del desarrollo. Las acciones de los adultos, sus elogios o sus reproches, a veces exagerados, parecen confirmar estas fantasías. Una actitud flexible y serena de parte de los padres permite al niño avenirse poco a poco a confrontar con la realidad su fantasía de omnipotencia. En cambio una actitud más rígida puede hacerlo aún más obstinado en su intento de poner a prueba su poder de dar y rehusar, de acuerdo con su voluntad. 

    © Francisco de la Flor Terrero

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