Psicologia:El tercer año de vida 4

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El tercer año de vida 4


    El niño y la niña de 2 a 3 años: La edad de la protesta

    Por otra parte, es la edad del ¡No! Hay un cierto placer en negarse a todo, incluso cuando lo que se le pregunte sea de su total agrado. A pesar de que esta obstinación puede llegar a ser molesta, es sin duda un buen signo: sirve para confirmar que todo va correctamente. El niño va afirmándose a través de la negación, es su forma de delimitar su realidad de la de los otros. No = Yo, si no me opongo, no pasa nada, no me diferencio, no discrimino. Es la manera que ha encontrado para "reconocer" sus cosas. Al ¡No! se le suma además el ¡Mío! No esperemos encontrar a un niño que no sea egoísta. La caridad bien entendida empieza por uno mismo, esto es lo que quiere decir el refrán: primero yo, después, los demás. La generosidad se aprende, no nace, se hace. Habrá poco a poco que inculcar este valor en el niño, pero nunca antes de que el niño se quiera a sí mismo lo suficiente. 

    Este deseo de afirmación de la personalidad empezó realmente un tiempo atrás, aquel tiempo en el que cuando se le llevaba en brazos y él señalaba con el dedo un sitio o un objeto y decía "uhm", equivalente a decir, "lo quiero", "dámelo" o "llévame hasta él". También cuando se negaba a comer un determinado tipo de alimentación. Las grandes ventajas de este momento son dos, la primera que ya puede desplazarse a su antojo y que puede tomar con sus manos muchos de los objetos que invaden la casa, la segunda que ha descubierto la palabra mágica: ¡No! "Digo No y paro las cosas, tengo poder, me escuchan". Podría ser una interpretación del sentimiento de Omnipotencia que siente el niño cuando dice sus primeros "Noes". En una primera etapa el niño abusará del NO y lo utilizará como un juego mágico, pero posteriormente lo usará para definir claramente su personalidad, empezará a darse cuenta de que puede seleccionar sus preferencias y sus gustos aceptando los objetos de su gusto y rechazando los contrarios. Así, poco a poco, irá construyendo una parte de su personalidad. Habrá que respetar hasta cierto punto las preferencias, para que el niño se sienta en parte protagonista de su propio crecimiento y esto le dote de una mayor confianza y seguridad en sí mismo, pero por otra parte habrá también que ir estableciendo límites, los límites necesarios que son los que impone la realidad que nos rodea así como los límites naturales hacia el respeto y el derecho de los demás. Dicho de otra forma, el niño puede expresar un No quiero hacia tal o cual alimento, pero no puede rechazarlos todos pues se moriría de hambre. También un niño en ciertas condiciones económicas no se puede permitir el lujo de rechazar ningún tipo de alimento, simplemente es el que hay. Sin embargo el principal problema para la crianza, no es la escasez, sino todo lo contrario: la sobreabundancia. Esto puede llegar a crear un sentimiento en el niño de que se puede despreciar todo y que por tanto, nada tiene valor. Habrá pues que cuidar de no ayudar a conectar con la parte caprichosa del niño en el sentido de poderle dar todas las satisfacciones cuando él las pida, sino siempre teniendo en cuenta el principio de ser una madre "suficientemente buena", esto es darle al niño en cada momento lo que necesita, no lo que pide.

    En este punto, como en todo el proceso educativo, siempre tendremos que estar conjugando la satisfacción de las necesidades con la frustración de las mismas. Cómo en todo, deberemos ayudar a satisfacer las necesidades, pero no en grado sumo. Sería algo parecido al dicho popular de cómo debería ser la buena alimentación: Comerse la comida, pero dejar siempre algo en el plato... Es decir, llenarse pero no saciarse.

    Otra cuestión que habría que abordar en este punto sería el tema de las rabietas. Durante esta edad aparecen accesos de cólera, normalmente son producidos por este deseo de independencia, sobre todo cuando no se tienen en cuenta sus necesidades. Pero en ocasiones aparecen porque el niño quiere expresar algo y los padres no lo entienden y por tanto es la expresión de una gran frustración. En ocasiones la violencia de los sentimientos que experimenta en sus accesos de cólera puede llegar a atemorizar al niño. Es como si se sintiera poseído por una fuerza interior que escapa a su control. En tales situaciones necesita ayuda y comprensión, más que castigos o actitudes severas. En estos casos un poco de contención externa a través de las palabras o abrazos de la madre puede ser necesaria para devolver al niño la tranquilidad. En el caso de que dicha violencia sea fruto del capricho, será más eficaz la firmeza del padre que pondrá un límite preciso a la hora de manifestar el desacuerdo del niño.

    Para concluir, diremos que actitudes demasiado intransigentes con las oposiciones negativistas de los hijos pueden llevar a dos situaciones extremas: bien una posición recalcitrante en la misma, o bien una actitud demasiado sumisa y pasiva ante la vida. Como siempre deberemos buscar el término medio, madre y padre, para que pueda expresar sus sentimientos, podamos ayudarle a que los comprenda y pueda seguir construyendo su personalidad de la manera más rica, personal y variada posible.

    De la misma forma el sentimiento de posesión, habrá que consolidarlo primero: uno debe cuidar de sus cosas, para después inculcar los sentimientos de generosidad y solidaridad con aquéllos que no tienen, que no han tenido la oportunidad de poder elegir, de poder decidir, de poder decir no, sino simplemente de tirar hacia adelante como sea para no perecer en el camino.

    © Francisco de la Flor Terrero

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