Psicologia:El primer año de vida 2

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El primer año de vida 2


 

El niño y la niña de 1 año: Dos en Uno

Este hijo establecerá su primer contacto con el mundo a través de la madre, y posteriormente a través del padre, hermanos y de la familia amplia. Pero de momento en esta relación no caben más que dos: Dos en uno, Uno en dos.

Aquí de nuevo tengo que precisar el papel del padre. Aparentemente sólo hay dos: madre e hijo. Pero debemos recordar el frágil estado emocional en el que se encuentra la parturienta y que necesitará de todo el apoyo para reestablecer fuerzas y recuperarse de un estado parecido al duelo (no olvidemos que ha perdido algo de sí, el feto que le ha acompañado durante 9 meses, aunque ha ganado algo mucho mejor que es un hijo). Por ello es importante el papel de la madre de la parturienta, que ayudará con sabios consejos de su experiencia como madre a la vez que mimará a su hija que ya es madre; y el papel del marido, que dará consuelo y apoyo y procurará las condiciones de descanso oportunas para favorecer la pronta recuperación de la nueva madre

Por otra parte, el embeleso que surge entre la madre y el bebé es necesario para que lleguen a entenderse. Surge una fascinación permanente de uno hacia el otro, no pueden dejar de mirarse, no pueden dejar de estar separados uno del otro. En cuanto uno está despierto busca al otro y bien juegan, charlan o simplemente el niño está en el regazo de la madre. Es que ahora tienen que conocerse, se estudian, se miden. Fueron 9 meses de imaginación, fueron 9 meses de espera fantaseada. Ahora por fin se pueden contemplar cara a cara. Hay que mirar todo con detenimiento: sus rasgos y facciones, sus muecas y maneras, su cuerpecito, sus movimientos, su voz, sus ojos, su mirada... Es lo que Winnicott llamaba "preocupación materna primordial".

También este autor habla de la función de sostenimiento del bebé. El bebé tiene que sentirse seguro en los brazos del que lo acoge, si no estará intranquilo y desasosegado. El bebé lo quiere todo para sí: atención, seguridad, estabilidad física y emocional. Este sentimiento de estar bien sostenido es lo que le permitirá liberar energía para poderla ligar a otros objetos como por ej., el rostro de la madre. Esta sensación física de saberse sostenido será un elemento clave para construir el sentimiento de confianza básica del que hablaba Erikson.

En este estado de conocimiento mutuo la madre (y el padre) observarán cómo el bebé duerme, sonríe o simplemente está plácido, lo cual significa que todo va bien, y en otros momentos, que llora y chilla, manifestando su malestar. Es en estos momentos cuando se ha de preguntar qué le puede estar pasando. Si vemos que las funciones físicas básicas están cubiertas, tales como la alimentación, la higiene corporal y el soporte, habremos de pensar que esos estados de malestar obedecen a sensaciones internas del bebé que son naturales a la propia condición humana, y que como tal tan sólo podremos ayudarle dejándolo que lo exprese a la vez que procurándoles nuestro consuelo cogiéndolo, hablándole y conteniendo su angustia vital. A todos nos gustaría que el malestar no existiera, pero sabemos que eso es irreal y tendremos que aprender desde el principio que los estados de bienestar y malestar se alternan y que ambos son naturales siempre en una proporción adecuada.

El bebé ya calmado, podrá de nuevo iniciar sus rondas de exploración con el entorno, y cada nuevo "descubrimiento" del niño lleva aparejado un grado de excitación. Este nivel de excitación hay que cuidarlo, la mejor manera es proveer al niño de unos ritmos constantes y equilibrados de vigilia y sueño. Al principio esta constancia en los ritmos de alimentación, higiene y descanso / vigilia, además de crear un sentimiento de confianza en el bebé, permitirá asumir durante el sueño aquellos elementos que produjeron excitación durante la vigilia. Todos sabemos que el bebé necesita al principio muchas horas de sueño y pocas de vigilia. Sin embargo, a medida que pasan los días, este ritmo debe variar aumentando las horas de vigilia y reduciendo las horas de descanso. Este cambio de ritmo irá en constante progresión a lo largo de toda la vida, pues todos sabemos que las personas de mayor edad necesitan cada vez menos horas de sueño.

Para ayudar a contener esta excitación del bebé, la cultura humana ha sabido hacer esto de una forma progresiva e intuitiva. Un ejemplo práctico son las cunitas de los niños. De recién nacido, al niño se le coloca en un "Moisés", que es una canastilla de dimensiones reducidas, normalmente ovalada acorde al tamaño del bebé. Estos primeros habitáculos evocan claramente al seno materno, recordemos que la canastilla de Moisés es cerrada. Conforme el niño va creciendo, se le pasa a una cuna, que es como una caja pero con barras. Por fin, cuando el niño tiene ya tiene más de tres años, se le suele poner un dormitorio de "niño mayor" con una cama parecida a la de los adultos y con alguna pequeña protección en uno de los laterales (a modo de baranda). Toda esta evolución del mobiliario del dormitorio del niño, obedece a que el nivel de contención de su angustia ha ido aumentando internamente, y que por lo tanto no necesita tanta contención externa. Recuerdo que siempre hablamos de alternancias de estados bienestar y malestar. Habrá períodos en los que el niño necesite mayor contención (pesadillas, enfermedades, etc...). Cuando estos estados mejoran el nivel de contención interno se hará cargo de soportar la angustia natural que comporta vivir.

Por último, y para terminar con el tema de la excitación, es conveniente que el bebé no comparta durante mucho tiempo el dormitorio de los padres, y estimo conveniente que a partir de los 4 a 6 meses el niño duerma en una habitación distinta. Esto va a depender mucho de las condiciones particulares de cada vivienda, pero creo que es lo más sano para todos, tanto para el niño como para los padres, que también tienen derecho a su propia intimidad. El problema de la excitación no es el hecho de sentirla, sino de comprenderla y el bebé puede sentirse inundado de sensaciones que debido a la inmadurez de su mente no puede llegar a entender. Este punto puede resultar conflictivo tanto para los padres como para el propio niño, ya que se conjugan elementos de angustia con sentimientos de abandono y rechazo (se excluye al bebé de la relación de pareja), además entra en juego el destete que también ronda este período. Para ayudar a los padres, diremos que este conjunto de decisiones se toman para favorecer la autonomía del niño, para ayudarle a pasar de la transición bebé a niño. Ya no es un bebé, ya puede tomar alimentos más sólidos, ya no necesita tanto de la atención permanente de los padres: Ya empieza a ser un niño.
 

© Francisco de la Flor Terrero

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