Psicologia:El primer año de vida 3

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El primer año de vida 3


 

El niño y la niña de 1 año: Acoplamiento

La familia entera necesita un reajuste físico y emocional para la acogida de un nuevo miembro. De dos a tres, de tres a cuatro, etc. ,(en el caso de que venga un sólo hijo...).

La llegada de un nuevo componente obliga quizás a realizar profundos cambios no sólo en el mobiliario de la casa, sino en la dinámica misma de la familia. Ya nada será igual que el día anterior. Toda la atención para el nuevo miembro. Pero sin duda, esta atención se centra de nuevo en el binomio madre-hijo.

Quizás la función primordial de ese embeleso mutuo que surge entre el bebé y la madre sea el conocimiento de ambos. Habrá que ver los ritmos de alimentación, de sueño y vigilia, de comida, de juego, de higiene... La madre también tendrá un estilo propio de alimentar y cuidar al bebé, quizás un estilo que se irá definiendo con la misma crianza, con su propia experiencia y con la ayuda de otras personas.

En esta etapa pues se produce el primer modo de relación social, la primera modalidad de comunicación, que es una comunicación TOTAL pues están implicados todos los sentidos de ambos interlocutores (¡hasta el sexto sentido, la intuición!). Que sea una comunicación total no implica que sea una comprensión total. Es más, si se pone tanto esfuerzo en involucrar a todos los canales sensoriales en este tipo de comunicación quizás se deba a la necesidad de comprenderse mutuamente cuanto antes, pues el afecto ligado a esta comprensión será el combustible que necesitará el motor del bebé para avanzar por la vida...
 

Este conocimiento recíproco deberá estar lo más libre de prejuicios posible por ambas partes. Pero es inevitable tener expectativas e ilusiones sobre el futuro del bebé. Quizás se lo habría uno imaginado más alto, más delgado, que se pareciera a tal o a cual persona, que fuera más despierto o más "bueno"... En fin tantas posibilidades que habrá que desechar. Sólo a través del conocimiento diario y de los modos de relación entre ambos será posible identificar al niño tal cual, tal cómo es y no como nos gustaría que fuese. Este ejercicio de reconocimiento habrá que tenerlo presente durante toda la vida y nos ayudará a posibilitarle el margen de libertad necesario para que el niño se sienta libre para poder ser él mismo (dentro de los cauces de una relativa seguridad y respeto a los demás, por supuesto).
 

También en el bebé se producen formas de conocimiento de la madre que a veces pasan impercetibles para los adultos, tales como el reconocimiento del olor corporal y de la ropa de la madre, la forma en la que se siente acogido o sostenido, el tono de su voz, las palpitaciones de su corazón, y sobre todo, del estado de ansiedad o serenidad que la madre pueda transmitir al bebé. Sucede con frecuencia que en determinadas situaciones, una madre no puede conseguir que su hijo se duerma o deje de llorar. En este caso habrá que ayudar a la madre simplemente realizando esta tarea la persona que en ese momento esté más calmada, procurando vivir estos momentos sin dedicar ningún reproche, sino intentando comprender la situación.
 

Las percepciones que el bebé va haciendo de la madre al principio son muy difusas y globales ya que su sistema neuromadurativo está aún en desarrollo. Así pues la visión está reducida a unos 20 cms de distancia, con lo que no puede alcanzar a ver con mayor profundidad. Tampoco puede sostener ni girar la cabeza, con lo que no puede explorar el entorno, aunque su oído y olfato sí están funcionando plenamente. Todas estas sensaciones que le llegan al bebé de pronto tendrá ahora que empezar a organizarlas: es por ello por lo que al principio deberá dormir con más frecuencia, para asimilar las cantidades de excitación que están recogiendo sus órganos sensoriales tanto del mundo exterior como de sus propias sensaciones internas.
 

En esta misma confusión de sensaciones el bebé no puede discriminar entre él mismo y los demás, entre las sensaciones internas y externas. Será pues, a través de la experiencia repetida y diaria de determinados ritmos de relación cómo el bebé podrá ir poniendo de a poco, cada cosa en su sitio. Y con esfuerzo logrará identificar al cabo de los meses la cara de su madre como el logro del primer hito en la consecución de su propia identidad y seguridad, ya que en ella depositará todo su bienestar, así como todo su malestar. Esta primera identificación del rostro de la madre, y posteriormente de su persona será la que le permitirá realizar después la suya propia en comparación con ella, así como con los demás miembros de la familia cercana y lejana.
 

Diríamos de una forma simple, que el bebé se hallaba "incrustado" dentro del cuerpo de la madre durante el embarazo, "acoplado" desde el nacimiento hasta los primeros seis u ocho meses, en el que  empezará a diferenciar a la madre para poder después él mismo desacoplarse y diferenciarse en un período que va desde los 6 meses a los 3 años de vida, aproximadamente.

© Francisco de la Flor Terrero

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