Psicologia:El primer año de vida 5

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El primer año de vida 5


    El niño y la niña de 1 año:
    Idas y Venidas

    A la vez que el proceso del destete se va consolidando, el niño entrará en una fase en el que las idas y venidas serán frecuentes. Habrá momentos en los que estará más interesado en la propia experimentación y descubrimiento del mundo que en otra cosa. Estas idas y venidas, experimentación y afán de conocimiento del mundo le conducirán a la consecución de una de las mayores hazañas ontogénicas de nuestra especie: alcanzar la posición erguida, posición privilegiada que le permitirá dominar el mundo a su antojo, ir y venir. Mirar, tocar, tomar las cosas y llevarlas de un lugar a otro, y en primer término, llevarse a sí mismo hacia donde desea ir.

    El centro de las idas y venidas del niño es la madre (o aquella persona que haga de figura materna, puede ser también el padre). Así, cuando el niño se siente bien, puede explorar el mundo, gatear, tocar, trepar, subir, agarrar, tirar... pero cuando se le acaba la seguridad, necesita establecer contacto (físico en un primer momento, visual en un segudo, auditivo en un tercero) con la madre. Así, es muy típico en estos momentos que el niño llore y extienda los brazos, reclamando ser abrazado, o cuando ya saben hablar y caminar decirles al padre o a la madre "súbelo, súbelo" por "súbeme, aúpame, tómame en tus brazos".

    Este acercamiento del niño a la madre cuando se le acaba el sentimiento de seguridad interior es lo que Margaret Mahler ha dado en llamar "repostaje emocional". De alguna forma el motor del niño se ha quedado sin el combustible necesario para poder seguir con la exploración del mundo. De hecho, una vez que se ha tomado al niño en brazos, o se le ha dicho algo o quizás tan sólo le ha dedicado una cálida mirada o tal vez una sonrisa, será suficiente para volver a llenar su depósito emocional, pudiendo circular de nuevo el niño un buen rato...

    La evolución del niño, su grado de autonomía, lo podremos ir comprobando pues en función de la cantidad de tiempo y dedicación que necesite para poder circular libremente sin tener que llenar su depósito. El primer grado de autonomía total lo alcanza el niño a la edad de los tres años, aproximadamente.

    Volviendo a la circularidad de las idas y venidas, decir también que existen períodos centrípetos y períodos centrífugos. En los primeros la atención se centra en el individuo y son períodos en los que el niño está más apegado a los adultos y más centrados en sí mismos. En los segundos la atención se vuelca al exterior y son más libres e independientes. Indudablemente los dos primeros meses son centrípetos ya que la motilidad del niño y la atención están exclusivamente fijados en procesos de relación dual, el bebé y la madre. Posteriormente entra en una fase centrífuga hasta los 4 - 6 meses, edad en la que se vuelve a centrar las energías en los procesos externos al individuo. A los 7 - 8 meses se manifiesta el síndrome del temor al extraño descrito por Spitzz, y ello es debido a que en torno a esa edad, el niño toma conciencia de sus familiares más directos, tanto de su madre, como de su padre y familia cercana y comienza un período de discriminación interior-exterior. Lo familiar le produce seguridad y lo extraño angustia. A partir del octavo mes y hasta los 12 meses, comienza de nuevo un período de expansión centrípeta que culmina con la posición vertical, los primeros pasos y la liberación definitiva de sus manos para poder agarrar los objetos y manipularlos a su antojo, además de poderlos desplazar donde guste. (Aquí también empieza la tortura de los padres: "niño ahí no se toca" -videos, televisor, enchufes, lavadoras, lavavajillas, cocina, y todos los botones y mandos que encuentre a su alrededor...)

    Para terminar este capítulo, decir que durante la transición de una fase a otra, centrípeta a centrífuga y viceversa, existen períodos de crisis que se manifiestan generalmente porque el niño enferma, duerme mal por las noches, tiene pesadillas, come peor, llora más, se atemoriza, etc, etc... Decir desde aquí a este respecto que hay que tener paciencia y calma, esperar un tiempo prudente, ayudar a contener al niño la angustia sosegadamente con la espera de que ese estado desaparecerá, alcanzando el niño un mayor grado de seguridad y autonomía personal.

    © Francisco de la Flor Terrero


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