Psicologia:Adolescentes y Adultos

>Psicologia>Página 6

Adolescentes y Adultos

¿Cómo soportarlos? Entrevista al psiquiatra infantil francés Marcel Rufo.


Adolescentes-Adultos – Cómo soportarse
Entrevista a Marcel Rufo
Traducción realizada por Internenes.com

Hace treinta años, Marcel Rufo hacía entrar juguetes en el hospital infantil de la Timone, en Marsella. “Operaba osos de peluche” comenta sonriendo. Admirador de Dolto, paseaba su estetoscopio sobre sus vientres peludos para apaciguar a sus pequeños pacientes. Reconocido como “el pediatría infantil más mediático de Francia”, el Pr. Marcel Rufo está la cabeza de una estructura sin precedente, si tenemos en cuenta su ambición y su presupuesto – 26,2 milllones de euros- financiado en parte gracias a la operación “Pièces jaunes” llevada a cabo por Bernadette Chirac y por la Fondation Hôpitaux de Paris-Hôpitaux de France: La Maison de Solenn –en homenaje a la hija anoréxica de Patrick Poivre d´Arvor, que se suicidó. Esta Casa de adolescentes, situada en el hospital Cochin, en Paris, es efectivamente la séptima unidad consagrada en Francia a chicos y chicas de 11 a 19 años, y deberían abrirse muchas más. Con brío y afecto, allí, explica cómo los adultos pueden evitar que los adolescentes resbalen hacia lo patológico. Los sermonea diciéndoles: “Suéltenlos” .

¿Por qué se habla tanto de los adolescentes?

Porque nuestros hijos se han convertido en nuestra preocupación central. (…) Mire: ¡el embarazo se ha vuelto transparente! Conocemos el sexo del bebe antes de que nazca, ¡Es una revolución! Los padres han hecho numerosos progresos en la atención llevada a los hijos. No dudan en expresar sus cualidades femeninas, al ocuparse de los bebes. Los abuelos han encontrado su sitio. Las familias son menos imperativas en sus mensajes. Ya no dicen “Serás esto o aquello”. La escuela ha cogido una importancia enorme, con la certeza de que los alumnos tendrán más éxito que los padres. La infancia, es nuestro petróleo, nuestra apuesta de futuro. Apostamos por que nuestros hijos se harán mayores, y que serán mejores que nosotros.

¡Qué gran responsabilidad para los adolescentes!

¡Es verdad! Los adolescentes llevan el peso de nuestro pasado y no es su futuro. ¡Nos hubiera gustado tanto ser como ellos! Esa proyección paterna nos remite a una pregunta profunda: ¿Perdurará nuestra familia después de nosotros? Cuando una mujer está embarazada, tiene miedo de tener un hijo con discapacidad; después teme al pedófilo, seguidamente viene el miedo de que el chiquillo no estudie, que tenga malas amistades, que no encuentre el hombre o la mujer de vida. Pero nunca se tiene miedo de que sea estéril, no se quiere pensar en eso.

¿Los padres esperan demasiado de sus adolescentes?

Alimentamos el mito de la felicidad y del resultado. Todos los padres deben ser perfectos y los niños correctos. Existen jóvenes que tienen graves problemas, pero la mayoría van bien. Simplemente, no todos somos iguales. Decir que el 80% de los jóvenes deben alcanzar el nivel de bachillerato, es hacer desgraciados ¡al 20% restante! Hoy día se glorifica al empollón de la escuela, la estrella de STAR ACADEMY, el WINNER… Todo el mundo tendría que ir estupendamente. Sin embargo, uno no se construye en el “todo va bien”. Y si aceptáramos que nuestros adolescentes fuesen tan sólo normales, ¡que no siempre van a tener éxito forzosamente!

¿Pero por qué son tan trabajosos?

Porque se trata de la época en la que se rompe con el pensamiento mágico y el con el sueño de los padres perfectos que no somos. Cuando somos pequeños, los padres son héroes. En la adolescencia descubrimos la realidad, de un modo brutal. El choque. Entonces, en grupo, tienen la risa tonta, se mofan de los que pasan. Están en contra de todo lo viejo. Deben desmontar las imágenes idealizadas. Es como la caída de la estatua de Saddam Hussein. Tienen necesidad de destrozar para reconstruir. Pero no tienen donde agarrarse, y no es fácil perder todo sostén.

¿Cómo soportarlos?

Los padres pueden hacer que sus hijos sean soportables, mostrándose radicales en sus posiciones en vez de ser siempre tolerantes. Se ha dicho que estaba prohibido prohibir. Yo digo, que está permitido opinar. Los adolescentes tienen necesidad de tener frente a ellos a adultos claros. Si no, ¿Cómo puede uno oponerse? ¿Se puede uno confrontar a un vientre blando? Es mejor decir: “Yo, pienso esto. Tú, piensa lo contrario. Pues bien es tu problema”.

¿Usted también sueña con una vuelta a la autoridad sin discusión?

Dar un parecer claramente, no es dar un parecer indiscutible. De hecho, a veces, tienen razón. Por ejemplo, en la adolescencia, los hijos sacan esa puñalada trapera de intelectual pudiente con el tema de la custodia compartida. No quieren tener dos casas con tiempos iguales y de este modo respetar la paridad de los padres. Son como E.T. Cuando ven un platillo volante, dicen “casa”, no dicen “papá-mamá”.

¿Y por qué los padres son a menudo, insoportables a los ojos de los adolescentes?

Existen muchas formas de hacerse insoportables a los ojos de los adolescentes.

1. Hablando como ello, remedándolos.

2. Registrando en sus secretos, espiándoles, no respetando su espacio privado.

3. Pretendiendo siempre tener razón: eso los vuelve locos.

4. Queriendo discutir por todo. Eso les da más rabia todavía.

5. Por último, lo que los vuelve furiosos, son los padres que no consiguen desprenderse de ellos. Deben comprender que otra historia empieza, que se tienen que convertir en los amigos de su hijo. Amigos que podemos desatender, sin duda.

¿Hay que romper las cadenas?

Soltarlas más bien. Encontrar la distancia justa, ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. Una adolescencia exitosa, es cuando uno se despega y guarda un buen recuerdo de sus padres.

¿Qué significado tiene la juventud actual de los adultos?

Algunos padres cometen un robo adolescente por su deseo de fusión. El tiempo de los adultos debe ser diferente del de los hijos. Los padres le piden a los adolescentes que sean como ellos los sueñan, pero precisamente, estos últimos, quieren ser diferentes. Un adolescente, gandulea, se aburre… tiene fantasmas de gloria y de pruebas iniciáticas, no son historias de adultos. Por otra parte, los adolescentes encuentran patéticos los adultos envueltos de juventud. Los padres deben tener un estatus lo suficientemente sereno para no entrar en competición con las ambiciones adolescentes. Dejemos a los adolescentes soñar que van a cambiar el mundo. De la revolución, no se habla, no se discute de ello con los padres, explota. Es un grito. Si nos volvemos demasiado complices, entorpecemos la autonomía. Hay que ayudarles un poco, pero aceptar también sus críticas. Con ellos, tenemos tendencia à faire du social, cuando ellos lo que están ¡es inventando el mundo!

¿Es tan grave?

Si me refiero a mis consultas, no hay nada peor que unos padres tan simpáticas, tan perfectos que no dan ninguna oportunidad a su hijo de cambiar, de salir para adelante. Lo comprenden todo, que el niño no trabaje, que abandone la escuela, que no vuelva a su hora y reclame un apartamento…Yo, cuando tenía 17 años, lo que era guay, era vivir en una habitación de estudiante, comer yoyures, jugar al pócker con los amigos y volver el fin de semana a casa de papá-mamá con la ropa sucia. Y sobre todo, no contar ni un ápice de lo que hubiera ocurrido en tu vida durante la semana. Ahora, los jóvenes de esta edad viven en casa de sus padres y los matriculan sus madres en la facultad ¿Se da usted cuenta? Somos espectadores de un teatro adolescente. Juegan a ser adolescentes, y nosotros, los aplaudimos, cuando lo que tendríamos que hacer, de vez en cuando es, aller s´occuper de nos vieux os.(Olvidarnos de ellos. No meternos donde no nos importa.)

¿Por qué se comportan así los padres?

Por miedo a envejecer, creo. En el fondo, no son los adolescentes los que son dependientes de los adultos, sino a la inversa. Cuando veo a chiquillos hospitalizados y ¡lo que les hacen pasar a sus padres! Estoy pensando en un adolescente que he visto recientemente: todo su empeño, consiste en poner a sus padres en peligro, no hace absolutamente nada. Esa es su dedicación. Con su actitud le está diciendo a su padre: “A más intensidad en las relaciones que mantienes conmigo, más daño te voy a hacer.”

No es fácil resistir al chantaje afectivo…

Sí pero caer en la trampa no es bueno para el adolescente. Necesita irse para vivir su aventura, romper para ser él-mismo, para ser libre. Cuando un adolescente tiene sus subidas de testosterona y de estrógenos, por ejemplo, déjelo tranquilo, envíelo a darse una vuelta por el extranjero durante un año sabático. Hago una apuesta firme por la separación. Pregúntele a mis colegas psiquiatras infantiles si no tienen ganas de recomendar un internado, para proteger el adolescente de su familia y de sí mismo. Si son honestos, todos les dirán que sí. El futuro, es el internado. Nos hace agachar la cabeza con el lazo familial. Lo que cuenta, es romper los lazos.

¡Da usted caña!

Quiero insistir sobre esto, los padres deben poder decir a su adolescente: “Suéltame, no puedo soportarte, me importa un pito lo que me dices, no tengo ganas de escucharte, me dan igual tus amores, si fracasa ¡te aguantas! Ahora si quieres someterte a una discusión, conmigo a solas, vale” Le suplico a los padres que funcionen con sus tripas, que muestren sus fragilidades, que tengan defectos. Si no, somos todos unos padres conformistas frente a unos adolescentes conformistas.

Cuando un adolescente pone en peligro su escolaridad, nos equivocamos diciéndoles que nos importan tres pitos.

En primer lugar tenemos que desescolarizar a los padres. La escolaridad la hacen los chicos y las chicas. Si el adolescente se niega, hará un ciclo medio, pero él lo habrá elegido. Podemos también exigir que responda. “Me debes el que estudies, debes tranquilizarme sobre tu futuro, que es mi futuro” Esto es lo que podemos declarar, en vez de repetir: “El futuro es incierto”. Esos puñeteros adolescentes, hacen un oficio de del futuro incierto.

¿Usted cree que con 14 años se mide bien las consecuencias de un rechazo al estudio?

Podemos ser capaces de salir pitando si estamos estimulado por el hierro. Aconsejo un repliegue estratégico. A veces, hay que estar al borde del abandono.

¿Los adolescentes no van a tomar esa reacción por una falta de cariño?

No es ni una falta de amor, ni un desprecio, es una indiferencia armada. Es importantísimo que los hijos puedan criticar a sus padres cómo son. El psiquiatra infantil Donald Woods Winnicott decía que una madre debe ser, no perfecta, sino “suficientemente buena”. Pues bien, en la adolescencia, los jóvenes deben poder encontrarles defectos a los padres. Se da usted cuenta ¡qué liberación para los adultos!

¿Liberación o misión imposible? ¿Los padres actuales quieren a menudo agradar a sus hijos?

Paremos la seducción. La demagogia es la cara oculta del no- respeto. De los adultos hacia los adolescentes y de los adolescentes hacia los adultos. La paradoja es que los adolescentes son especialistas en padres. Nos manejan divinamente: “Vaya, mamá, estás en forma, estás muy bonita, hoy.” Los padres deben meterse en la cabeza que un día, los abandonaran. Quiero decirles: Padres ¡soltad a vuestros adolescentes! Dejadlos que descubran su mundo y su futuro. Sepan ustedes ser viejos. Volved a pensar en las dificultades que tuvieron ustedes en aquellos años. Mientras más hayáis escondido nuestra adolescencia más escudriñaréis en la de los adolescentes.

Sin embargo los adolescentes son los primeros que piden esta proximidad. Piden sostén al mismo tiempo que lo rechazan. ¿Cómo podemos encontrar la distancia justa?

Le voy a dar un ejemplo. Su hija le cuenta todos sus desalientos amorosos. ¿Qué le contesta usted? “Tú te mereces algo mejor, hija”. Pues no. Es mejor decirle: “Tú tienes tu encanto, un día llegará alguien y se enamorará de ti; estoy segura de ello, pero ese alguien, debes encontrarlo tú, no me toca a mí hacerlo.”Si los padres entran en las historias amorosas de sus hijos están perdidos. Los adolescentes tienen un verdadero problema con la proximidad afectividad. En el preciso momento en el que nos acercamos, ellos se alejan. Cuando nos alejamos, ellos se acercan. Miren cómo no soportan los besitos de su madre. Le dicen: “Suéltame, ya no me toques, soy un ser sexuado, puedo desear, besar, ser besado, tu viejo cuerpo me repugna.” Todo esto es normal. Existe un tiempo de pureza y un tiempo de autonomía. Para que un adolescente pueda dominar su cuerpo, hace falta que sea suyo. Cuando los jóvenes cuentan espontáneamente sus historias, los padres deben contestarles: “ ¡No tengo porqué conocer nada de esto! Respeto tu vida, pero esos personajes de los que me hablas no forman parte de la mía” Los adolescentes tienen derecho a tener sus secretos. Nosotros tenemos que tener la fuerza suficiente como para no interesarnos por ellos. ¡Nada de grupo terapéutico padres-hijo en caso de quebranto amoroso! De vez en cuando, hay que estar sólo con su desaliento. Por el contrario, decirles que se les quiere no es peligroso.

Al menos podemos felicitarles, ¿No? Decirles que ¿son guapos, inteligentes?

¡No hay que pasarse! Hay que dejar, en el “porqué te quiero”, una parte de misterio.

Además, cuando se le dice a una adolescente: “Eres muy inteligente”, ella oye: “¡Físicamente no vales mucho!”

Dice usted: “Soltad a los adolescentes” ¿Pero hasta dónde? Los padres tienen no obstante cosas importantes que decirles en el plano educativo.

¡Una cosa no impide la otra! Está permitido prohibir cuando se quiere. De vez en cuando, los padres deben posicionarse muy claramente:”Hay que saber ser radical, sin ser reaccionario. El otro día una abogada vino a verme y me dijo: “ Mire usted, le traigo a mi hija porque fuma hachís, fumé con ella para demostrarle que no está bien.”Mi contestación fue la siguiente: “Señora, usted ¡tiene que entrar en terapia!” Tiene que detenerse. El hachís es un acelerador de las patologías. Si el adolescente fuma, hay que decirle: “Te vamos a llevar a un psicólogo, para que comprendas lo que va mal en ti” Ocurre lo mismo con los cigarrillos: hay que decirles a los jóvenes que el cáncer de pulmón se va a llegar a ser el cáncer más grave en la mujer. Existen posturas de lealtad hacia los hijos que hay que mantener. “Si fumas, te destruyes, estoy en contra de eso.” Los adolescentes nos alumbran de un modo extraordinario sobre nuestros disfuncionamientos. Cuando Chevènement dice “salvajes” y Bayrou “escuela santuario”, ¡son increíbles! El primero estigmatiza una población adolescente y el segundo, una institución, La Educación Nacional, que no se hace nunca una crítica a sí mismo.

¿Qué quiere usted decir?

El culto al “programa” es un desastre, la neutralidad pedagógica ¡también! El adolescente que tiene una dificultad escolar tiene que oír: “ No trabajas lo suficiente conmigo. No me permites desarrollar mi oficio, no siento simpatía por ti”. En vez de eso, ¡el enseñante se va en busca del orientador! Se da usted cuenta hasta qué punto se “psicologiza” lo que es del orden de la relación ¡persona a persona! Cómo los padres fracasan, los profes fracasan y los adolescentes siguen siendo adolescentes hasta los 40.

Los adolescentes de hoy son ¿muy diferentes de los adolescentes que fueron sus padres?

Con respecto a las generaciones anteriores, son más violentos con ellos y con los demás. ¡Todos no tienen la suerte de tener padres imperfectos! La confusión de las edades es tal que son capaces de cualquier agresión hacia los adultos. No pueden soportar estar tan bien criados. De este modo multiplican las conductas de riesgo. Y por figurar ¡son capaces de todo! Se hacen daño. En cada clase, nos podemos encontrar con 5 o 6 chicos que se escarifican, que se queman, que se agujerean. Un piercing, vale, diez ¡Es en verdad hacerse daño! Al hacernos daño, nos hacemos propietario de nosotros mismos. “Mi dolor me pertenece”. Siempre me sorprende que, en los institutos, cuando alguien se suicida, todos lo admiren. ¡Es ridículo! Tienen que guardarle rencor. El que lo hace es por agresividad hacia los que sobreviven. Le ha dicho a sus prójimos: “Os odio, por eso me mato, así que me hago daño, mato vuestro futuro, porque soy vuestro futuro”¡No existe algo más agresivo que esto! Algunos escenifican su despedida, se suicidan en directo con su teléfono móvil. No se puede hacer de esto un acto heroico. Nunca se defiende lo suficiente a una familia cuyo hijo se ha suicidado. ¡Sufrir, sí, pero sentirse culpable, no!

¿Por qué, a esta edad, tiende uno, a correr riesgos?

Es bastante lógico. El riesgo es natural en la adolescencia. Para ser propietario de su vida, hay que poderla arriesgar. Uno no es propietario de algo que uno no puede ni vender ni canjear. El adolescente es heroico. Nos cuenta que ha bajado una pista negra totalmente inclinado. Sueña con un viaje iniciático por el mundo, como Ulises. Además, cuando se ponen en peligro, testan a sus padres: “ Mientras más cerca estés de mí, más cerca procuraré que estés, incluyéndote en la patología.” Sin embargo los adolescentes actuales tienen cualidades. Son generosos, más del 40% de ellos quieren “Trabajar en cuestiones humanitarias”. Saben que son ricos y afortunados. Cuando vives en un país en vía de desarrollo, ¡no tienes tiempo de ser adolescente! O te haces mayor o te mueres. La adolescencia es un lujo de país occidental.

¿Cuántos de entre ellos van verdaderamente mal?

Aproximadamente un 10% van mal en la escuela, se encuentran mal en su cuerpo, se lanzan en la toxicomanía, la violencia, se saturan con estar mal. Hacen de su malestar un estatus. Pero, en el fondo, esos adolescentes saben que la rebelión es vana y que pasarán por el molde de la sociedad. Saben que tendrán un oficio, amores, y que todo volverá a empezar de nuevo: tendrán hijos, a su vez, con el sueño de que estos últimos tendrán éxito dónde ellos han fracasado.

40% de los adolescentes han pensado en el suicidio. ¿No es demasiado?

Es normal: le tienen más miedo a la vida que a la muerte. Les importa muy poco el pasado, cuando eran pequeños, no veían el futuro. Están en el instante. No pasan al acto. Es un ramalazo de blues.

Unos 16 a 20% de los adolescentes consumen psicofármacos con receta, unos 11 a 15 % sin recetas. ¿Está generación no está sobremedicalizada?

Tan sólo un 5 % de los adolescentes tienen verdaderamente necesidad de medicamentos. Ya está. El resto, son prescripciones sobre las que debemos discutir la utilidad y la peligrosidad. Temesta, Lexomil, Prozac: ¿Por qué estas modas tan locas? Es el marketing de los laboratorios, lo que hace que todos estos medicamentos se prescriban sin miramientos. Estoy por decir que los psicofármacos los deberían de prescribir médicos especialistas, que conocen perfectamente sus efectos. ¿Acaso, opero yo a nadie?

¿No se psicologiza demasiado los problemas de los adolescentes?

Lo que le voy a decir es un poco paradójico, teniendo en cuenta que voy a dirigir una Casa de Adolescentes… Tengo 20 camas de hospitalización y un espacio de consulta. Hospitalizaré cuando piense que he fracasado. A lo mejor una vez sobre mil. El resto del tiempo diré: “ ¡Camina!” A veces, tener con un adolescente una entrevista que lo propulse hacia su futuro, es muy terapéutico.

¿Por qué hay que crear una Casa para adolescentes? ¿Tampoco se trata de una especie aparte, no?

Sí, porque no quieren ser pequeños y no son grandes todavía. Pero, en el fondo, la cuestión planteada por la Casa de Adolescentes, es la del hospital. La enfermedad no es más que un episodio. No debe eliminar, los tiempos, las edades de nuestra vida. No quiero mientras soy adolescente, ser hospitalizado con los pequeños o los grandes. Desde que tengo el Espacio Arturo, en Marsella, jamás un adolescente se ha negado a ser hospitalizado cuando se lo he propuesto.

Volvamos a la adolescencia en general. ¿Debemos definir esa edad como un momento de crisis?

Yo diría que es una segunda oportunidad de ser uno mismo, después de la primera aventura de la autonomía durante la infancia. Una oportunidad de ser menos conformista. Es un momento difícil y normal. No estoy de acuerdo con que todo se juega desde el nacimiento hasta los 6 años. Todo se juega siempre, y mucho en la adolescencia: la elección del oficio, la elección de la identidad, cómo gustar y gustarse, cómo jugar su vida.

¿Nos faltan rituales para jalonar este pasaje?

Me asquea, esas jeremiadas sobre ¡los ritos iniciáticos! Hay montones de ritos iniciáticos. Y Skyrock (radio francesa) ¿Acaso no es iniciática? Y ¿Star Ac? Y ¿El bachillerato con su 80% de aprobados?

¿Cuándo deja uno de ser adolescente?

Cuando amamos a alguien o creemos amarlo, cuando nos sentimos lo suficientemente afable como para emprender una nueva aventura, barriendo su infancia y su familia.

En el discurso ambiente actual, tenemos sin embargo la impresión que llegar a ser adulto, es hacerse autónomo, independiente.

La liberación es una cosa de dos. En el fondo, liberarse, es amar lo suficientemente a alguien para abandonar a sus padres. Los solterones que se quedan con sus madres están en una dependencia espantosa.

¿Cuándo un hijo tiene ganas de irse, hay que decirle: “Te pago una habitación” o “ Te las apañas, trabajas y te buscas tu independencia”?

Estoy a favor de un salario estudiantil. Si un joven hace estudios de psicología, puede trabajar en educación infantil o en guardería a tiempo parcial; si es estudiante de medicina, puede hacer guardias. Es un salario a cambio de una retribución por una acción y una anticipación sobre la actividad futura.

Se dice que los padres hoy en día son unos eternos adolescentes. ¿Hay que lamentarse?

No, pienso que incluso una neurosis infantil activa, en la edad adulta, ayuda a vivir. Los padres de hoy pueden hacer ver que son mayores, pero fundamentalmente, no lo son. Lo demuestran con sus conflictos con los adolescentes. Sin embargo, esto no es grave. Tenemos tiempo.¡ Con toda esta esperanza de vida!Tenemos hasta los 50 para llegar a ser adulto. Por otra parte, hay que dejar de maltratar a los padres, hay que dejar de sacralizar esta puñetera relación madre-hijo que es la base de toda culpabilización. Muchas veces es más cómodo sentirse culpable que decir este hijo no está bien. Los adolescentes tienen necesidad de padres que no se sientan culpables, que sean lúdicos, que estén contentos con ellos mismos, que difundan sobre el otro algo positivo. Porque, en el fondo, los padres no sirven para mucho.

¿Ah?

Me pregunto si los padres que uno imagina no son más importantes que su realidad. Para ser un hijo en condiciones, hay que mitificar un poco los padres.

Para leer el artículo en su versión original


Siguiente artículo

Cargando juego....



  • Jugado30 vecesValorado5 puntos de 5
  • Valora este juego






¡¡Juega a Pipo Gratis!!

Custom Search



Este sitio emplea cookies de Google para prestar sus servicios, para personalizar anuncios y para analizar el tráfico.
Google recibe información sobre tu uso de este sitio web. Si utilizas este sitio web, se sobreentiende que aceptas el uso de cookies. MÁS INFORMACIÓN ENTENDIDO