Con la llegada del verano, somos muchos los que nos planteamos la necesidad de ponernos en forma, pero ante la situación con la pandemia del COVID-19, no nos decidimos por apuntarnos a un gimnasio o, simplemente, no nos apetece tener que desplazarnos para hacer ejercicio físico. Por este motivo, te presentamos algunas ideas para que puedas ponerte en forma a tu ritmo y sin tener que salir de casa.

Los beneficios de las cintas de correr

No cabe duda que correr es una de las formas más eficaces de mejorar nuestra condición física, pero hacerlo implica tener que salir de casa y hay muchas veces en las que nuestros horarios de trabajo nos impiden poder hacerlo o nos imponen tener que practicar running a horas inapropiadas.

No obstante, las cintas de correr que se analizan en https://www.belanfit.com/ han venido a solucionar éstas y otras situaciones, dado que en muchos casos, pueden plegarse y ser guardadas en cualquier rincón de nuestro hogar. Además, permiten practicar ejercicio justo en el momento en el que nosotros queramos, y mientras por ejemplo, podemos disfrutar de una buena película, de nuestro programa de televisión favorito o de la música que más nos guste.

Además, cabe destacar que el uso de las cintas de correr supone un menor impacto sobre las articulaciones que practicar running al aire libre, reduce la tensión arterial, fortalece el sistema cardiovascular, facilita el control del estrés y la ansiedad, aumenta la densidad ósea y el tono muscular, y hace más fácil cumplir los objetivos fijados, dado que su versatilidad hace que podamos entrenar justo en el momento en el que nos apetezca.

En consecuencia, cabe decir que usar una cinta de correr en nuestra casa lleva aparejados unos beneficios nada desdeñables y, sobre todo, nos permite ponernos en forma a nuestro propio ritmo, sin salir de casa y, si así lo queremos, mientras disfrutamos de los contenidos audiovisuales que más nos gusten.

Cómo funcionan las cintas de correr

En cuanto al modo en que funcionan las cintas de correr, tenemos que indicar que es necesario distinguir entre las que están dotadas de un motor y las que no lo tienen.

En el primer caso, el de las cintas de correr dotadas con un motor, se trata de máquinas en las que el usuario simplemente tiene que subirse y seguir el ritmo marcado por la máquina, motivo por el que es más fácil mantener la continuidad en lo que al esfuerzo físico se refiere. Además, aunque resulte obvio, es necesario indicar que siempre es posible adaptar la velocidad con la que se mueve la cinta a nuestras características físicas y, por supuesto, al tipo de entrenamiento que se esté desarrollando.

Así, por ejemplo, las cintas de correr con motor pueden ser programadas para que durante la primera parte del entrenamiento impriman un ritmo moderado de cara al calentamiento de nuestros músculos, para que seguidamente aumente la velocidad, haciendo posible un mayor esfuerzo físico y para que, por último, ésta vuelva a moderarse para la vuelta a la calma.

Ni que decir tiene que en las cintas de correr que carecen de motor, toda esta programación que acabamos de describir corre por cuenta del propio corredor, que es el que activa la cinta sobre la que tiene lugar la carrera. De hecho, este segundo tipo de cintas de correr funcionan en base a unos rodillos que giran en función de la inercia proporcionada por la zancada de la persona que la utiliza, motivo por el que la regularidad del ritmo depende de la velocidad que el propio corredor sea capaz de alcanzar.

En cualquier caso, tanto uno como otro modelo constituyen formas fáciles y eficaces de mantener la forma sin salir de casa, aunque por supuesto, las que están dotadas de un motor eléctrico son infinitamente más versátiles que las que carecen de él. ¿Por cuál de las dos vas a optar?

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